Publicado el 30 de may de 2013 3:47 pm |

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Foto: EFE/Claudio Peri

(Ciudad del Vaticano, 30 de mayo- EFE).- El papa Francisco dijo hoy que la palabra solidaridad está “mal vista en el espíritu mundano”, pero es clave no sólo en la Iglesia sino también en la sociedad “porque sólo en el compartir, en el donar, nuestra vida será fecunda y portará fruto”.

El pontífice se desplazó a la basílica de San Juan de Letrán, la catedral de Roma, para oficiar, como Obispo de la Ciudad Eterna, la misa solemne del Corpus Christi en su exterior y presidir posteriormente la tradicional procesión por el centro de la capital italiana.

El pontífice fue acogido por miles de personas que abarrotaron el atrio de la basílica, a pesar de lo desapacible del tiempo, en una ceremonia al aire libre a la que asistieron cardenales, patriarcas, arzobispos, obispos y sacerdotes.

Durante la homilía, el papa Francisco hizo hincapié en la necesidad de solidaridad entre los hombres porque “lo poco que somos, si es compartido, se convierte en riqueza”.

“Lo poco que somos, si es compartido, se convierte en riqueza”

Al aludir al milagro de la multiplicación de los panes y los peces, el papa Francisco aseguró: “Cuántas veces nosotros, los cristianos tenemos la tentación de despedir a la gente. No nos hacemos cargo de la necesidad de los otros, les despedimos con un piadoso: Que Dios te ayude!”.

Pero la solución de Jesús -continuó- va en otra dirección, una dirección que sorprende a los discípulos: “Vosotros mismos les vais a dar de comer”, refirió.

Y explicó cómo los discípulos, pobres y sin medios para dar de comer a tanta gente, fiándose de Jesús lograron distribuir los panes y los peces que saciaron a la muchedumbre.

“Y esto nos dice que en la Iglesia, pero también en la sociedad, una palabra clave de la cual no debemos tener miedo es ‘solidaridad’, saber poner a disposición de Dios aquello que tenemos, nuestra humilde capacidad, porque solo en el compartir, en el donar, nuestra vida será fecunda, portará fruto”.

Y enfatizó: “Solidaridad: una palabra mal vista en el espíritu mundano”.

Tras la misa, el Obispo de Roma, se dirigió a pie en procesión a la basílica de Santa María la Mayor.

Con capa pluvial y sin mitra, el papa caminó tras el baldaquín bajo el que el Santísimo Sacramento fue portado en un vehículo a través de la céntrica vía Merulana.

De la procesión forman parte niños de primera comunión, jóvenes “scouts”, miembros del Camino Neocatecumenal, agrupaciones de cofradías, los Caballeros del Santo Sepulcro, religiosos, religiosas, seminaristas, sacerdotes, obispos y cardenales.

A su llegada a Santa María la Mayor, impartió la bendición ya caída la noche.

Esta basílica, que data del papado de Sixto III (432-440), está muy ligada a España y por una bula de Inocencio X todos los reyes de España son protocanónigos del templo, que se erige en el centro de Roma.

El emperador Carlos V donó al papa Alejandro VI el primer oro procedente de América, con el que se doró el espectacular artesonado del templo, y en tiempos de Felipe IV y en virtud de la Bula “Hispaniarum Fidelitas” se instauró que cada año España entregase el óbolo (donativo) a la basílica y se celebrasen solemnes celebraciones eucarísticas