Publicado el 22 de ago de 2013 5:29 pm |

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Foto: Archivo

(Chile, 22 de agosto. DPA) – Los expresidentes chilenos Eduardo Frei y Michelle Bachelet mostraron hoy su conmoción por la revelación de que el dictador Augusto Pinochet (1973-1990) dispuso de toxinas botulínicas capaces de matar a miles de personas.

“¿Por qué los comandantes en jefe no dan la verdad? ¿Por qué siguen guardando información? ¿Me van a señalar que el Ejército –como tantas veces nos han dicho- no sabe nada?”, reclamó Frei, en declaraciones a radio Cooperativa.

El mandatario, cuyo padre también presidente y de igual nombre murió en 1982 supuestamente envenenado con armas químicas, agregó no entender por qué el Ejército no entrega antecedentes a 40 años del golpe que derrocó a Salvador Allende.

“¿Por qué definitivamente no avanzamos para hacer justicia y tener la verdad?”, insistió el ex mandatario y actual senador por la Democracia Cristiana.

“Ellos –el Ejército- saben perfectamente dónde estaban los laboratorios, quién operaba, conocían la Clínica London (de la policía secreta), conocían todos los antecedentes”, ahondó.

Ingrid Heitmann reveló que Pinochet dispuso de toxinas botulínicas capaces de eliminar a miles de personas dentro y fuera de Chile.

Paralelamente, la expresidenta socialista Michelle Bachelet expresó su sorpresa por el hecho de que las armas químicas de Pinochet permanecieron guardadas secretamente en el Instituto de Salud Pública hasta 2008, cuando ella gobernaba.

“Primera noticia, efectivamente, que escucho de eso. No conozco los antecedentes como para poder opinar”, dijo Bachelet, favorita para ganar los comicios presidenciales de noviembre, ante una consulta de la prensa.

“Si esa información es real, verídica, y se confirma, me imagino que será de mucha importancia para los jueces”, añadió.

Luego, tras una reunión con minorías sexuales, Bachelet lamentó la falta de verdad. “Han pasado 40 años y aún nos falta como país un ‘cara a cara’ más abierto sobre la verdad y la justicia de lo sucedido en nuestro país”.

“Todavía hay actores y sectores que, a mi juicio, no han mostrado un arrepentimiento, no han hecho una evaluación haciéndose cargo de lo que sucedió, frente a tanto dolor y crímenes”, aseveró.

Desde el mundo de los derechos humanos, la dirigenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Mireya García, calificó a dpa de “aberrante” que Pinochet tuviera armas químicas.

“Pero por otro lado me parece muy importante que comiencen a aparecer estas verdades, cuando estamos próximos a que se cumplan 40 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973″, subrayó.

García, torturada y violada en su juventud por equipos represivos, pidió además acabar con los dobles discursos en el mundo político.

“No es posible condenar estos hechos y apoyar la permanencia al mismo tiempo del excomandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre en el directorio del Servicio Electoral”, recalcó.

Cheyre, quien este miércoles renunció a la presidencia del organismo electoral por las presiones de organismos de derechos humanos, aparece ligado a varios casos de derechos humanos, pero jamás fue condenado.

Bachelet: “Han pasado 40 años y aún nos falta como país un ‘cara a cara’ más abierto sobre la verdad y la justicia de lo sucedido en nuestro país”.

Paralelamente, la información sobre las armas químicas surgió luego de que la exdirectora del Instituto de Salud Pública (ISP) Ingrid Heitmann reveló en exclusiva a dpa que Pinochet dispuso de toxinas botulínicas capaces de eliminar a miles de personas dentro y fuera de Chile.

Las toxinas, provenientes del estadual Instituto Butantan de Sao Paulo, estuvieron en poder del régimen castrense desde la década de 1980, cuando éste enfrentaba precarias relaciones con Argentina, Perú y Bolivia, además de protestas sociales internas por la crisis económica.

Investigaciones judiciales en curso, ligadas al envenenamiento de presos políticos y a la muerte del expresidente Frei en 1982 detectaron documentos que corroboraron el ingreso de las toxinas desde Brasil.

Los químicos, que permanecieron en secreto por 27 años en un subterráneo del ISP junto al Estadio Nacional de Santiago, fueron descubiertos e incinerados en 2008, sin informar al gobierno de Bachelet (2006-2010) o la Justicia, admitió Heitmann, quien estuvo al frente del ISP entre 2007 y 2010.

“Eran dos cajas llenas de ampollas con toxina botulínica, suficientes para matar a la mitad de Santiago“, dijo la profesional, quien luego matizó su afirmación. “Se podía matar a muchísimos, pero no sé cuántos”.