Divorcio, enfermedad, muerte: ¿Cómo superar los golpes más duros de la vida?

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(Caracas, 23 de Noviembre. Noticias24).- “Cuando acompaño a personas que están afligidas porque se encuentran en proceso de divorcio o han perdido a alguien o algo que querían, siempre les explico cómo vivimos el duelo los humanos. Una persona que sabe eso puede afrontar sus sentimientos con compasión y apoyarse a sí misma de la manera adecuada cuando sea necesario. Así lo relata María Yegórova, psicóloga, terapeuta de traumas y directora del centro psicológico Club en el Piso Nueve, de Moscú, en una entrevista concedida a RT en la que nos cuenta cómo afrontamos las personas los momentos dolorosos de la vida.

1. Primera Etapa: El shock o la anestesia

Cuando entendemos que nos ha ocurrido una desgracia, nuestra primera reacción es el aturdimiento, el ‘shock’. “El ‘shock’ es un mecanismo protector muy importante que durante un tiempo nos permite no sentir el dolor agudo en su totalidad y nos prepara para el esfuerzo psíquico posterior”, dice María.

“Es lo que hace, por ejemplo, que las personas más cercanas al difunto no lloren en el funeral. Aunque algunas personas ‘benévolas’ puedan echarle en cara a una hija que perdió a su padre no haber llorado cuando los otros lo hacían”, agrega la psicóloga.

– Aceptar la realidad: Una vez superado el ‘shock’, en las primeras etapas de sufrimiento por la pérdida una persona puede comenzar a “negociar” con la realidad o rechazarla. ¿Cómo sucede esto? “Por ejemplo, cuando una pareja se separa, algunas personas piensan: ‘Rompimos, pero no fue para bien. Tal vez él/ella se lo repiense y regrese si yo cambio, si crezco espiritualmente, si voy al gimnasio, si hago algo especial, o si enfermo'”, comenta María.

O bien otro ejemplo, más sutil, “A nivel intelectual se acepta que una persona se ha ido y nunca más volveremos a verla, pero la familia guarda sus cosas y deja intacta su habitación. Esto significa que este ‘trabajo de dolor’ no se ha completado del todo, porque a nivel emocional se sigue esperando a la persona que se ha ido”, dice psicóloga.

2. Segunda Etapa: La rabia en todas sus facetas

Aproximadamente 40 días después de la pérdida repentina de una persona empieza la siguiente etapa importante y global: la de la rabia, que puede llegar a durar medio año. En algunas culturas y religiones la ira es tabú, y esto puede complicar y prolongar la experiencia de la pérdida, a veces convirtiéndola en algo crónico.

– El trabajo durante el duelo:
* Reconocer y aceptar la pérdida
* Reconocer y aceptar todos los sentimientos y emociones reaccionamos con el dolor, sin intentar evitarlos, negarlos o condenarlos.
* Redistribuir los recursos, funciones y roles de la vida, RECONFIGURAR
* Establecer relaciones nuevas con los que hemos perdido. Regresar a la vida y aparición de nuevos sentidos objetivos en ella.

3. Tercera Etapa: La pena o darle mil vueltas a lo mismo

“La pena puede durar casi un año. Es monótona, es dura, carece de energía, conlleva muchas lágrimas, y parece como si estuviera dando miles de vueltas alrededor de lo mismo”, comenta María Yegórova.

Según ella, una persona afligida puede sentirse “angustiada y abrumada”, y puede echarse a llorar en cualquier momento si algo le recuerda a la persona perdida. Cada hito temporal despierta también una ola de sentimientos y emociones: la primera Navidad sin esa persona, el primer Año Nuevo sin ella, nuestro primer cumpleaños sin el ser querido, o la fecha de su cumpleaños.

“En la etapa del duelo, es importante poder contarle nuestro sufrimiento a otra persona, y es positivo cuando hay muchas personas dispuestas a escucharnos. Escuchar sin evaluar y sin intentar ‘regularizar’ al afligido, es decir, no intentar indicarle qué es lo que debe o no debe recordar, pensar o sentir”, señala la psicóloga.

4. Cuarta Etapa: El regreso a la vida

Por extraño que parezca, el regreso a la plenitud de la vida, cuando nuevamente podemos sentir sus alegrías, también puede convertirse en un momento duro. “Podemos regocijarnos de nuevo, y esto puede asustar a algunos. Se dicen a sí mismos: ‘¿Cómo puedo sentir alegría cuando una persona tan importante para mí falleció? No, eso no está bien'”, comenta esta etapa María.

Sin embargo, cuando volvemos a vivir de nuevo “aparecen cosas nuevas: nuevas relaciones, nuevo trabajo, nuevas oportunidades y nuevos sentidos que surgen en la vida”, y no debemos cerrar las puertas ante estas opciones, señala la psicóloga. Mientras que las personas a las que perdimos —el cónyuge, los padres, amigos…— pueden seguir apoyándonos en el alma, y su amor y fe en nosotros nos seguirán dando fuerza e inspiración.

– Cambio de sentidos

En esta etapa de la vida de la persona que sufrió la pérdida puede aparecer una nueva pareja, un nuevo hogar, o una solución realista a una situación a primera vista irresoluble, como una enfermedad. Esto se debe a que se ha completado el ‘trabajo de duelo’ y se ha aceptado la pérdida en los niveles intelectual, emocional y físico; o, en otras palabras, en el plano práctico y el cotidiano. En esta etapa la persona se da cuenta de que no habrá ningún milagro y comienza a tomar medidas realistas, conscientes y responsables. Para el afligido que está saliendo de su aflicción se abren nuevos significados. Y nuevos horizontes.

“Cuando volvemos a la vida después de una pérdida, vemos de una forma diferente nuestros valores y prioridades: vemos lo que antes no podíamos percibir. Ahora vemos esta profundidad de la vida, la profundidad de las relaciones entre las personas. Y esta es una adquisición muy valiosa”, explica María Yegórova.

Con información de RT