Publicado el 30 de nov de 2012 8:11 pm |

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Foto: ABC.es

(Caracas, 30 de noviembre – Noticias24).- Una investigación reciente investigación científica publicada por la revista Brain: a journal of Neurology estudió la corteza del cerebro del físico ganador del Nobel, Albert Einstein y concluyó que es diferente a la del resto de los seres humanos.

Los lóbulos parietales (zona encargada de recibir ciertas sensaciones) tienen un patrón insólito de surcos y crestas que está relacionado con la capacidad extraordinaria para resolver y conceptualizar inventos y problemas que tenía el científico e inventor.

Tras su muerte en 1955, a los 76 años, de un aneurisma de aorta, el cerebro de Albert Einstein fue sustraído y fotografiado desde distintos ángulos; se dividió en 240 bloques y miles de secciones histológicas.

La corteza cerebral es una capa delgada de materia gris que cubre la superficie de los hemisferios cerebrales e incluye la corteza motora, sensorial y partes vinculadas con la visión, el habla y la audición.

El cerebro de Einstein no tenía un tamaño excepcional y su peso era convencional. “Pero queríamos investigar algo que evidenciará el genio que había dentro”, afirma la investigadora en las conclusiones del estudio.

“Se puede trazar la anatomía cerebral de los genios”

La encargada del estudio afirmó que permitirá a otros investigadores comparar los resultados con otras investigaciones y así conseguir trazar la anatomía cerebral de los genios”, dijo.

“El haber tenido la posibilidad de estudiar el cerebro de Einstein de una forma más profunda y detallada puede permitir a otros investigadores comparar los resultados con los de otros afamados científicos y así conseguir trazar la anatomía cerebral de los genios”, concluye el estudio.

La investigación sobre el cerebro de Einstein comenzó en 1955, poco después de su fallecimiento en Princeton, Nueva Jersey. Fue entonces cuando los herederos de Einstein, entre ellos su hijo, Hans Albert, aprobaron el estudio de su cerebro.

Unas 160 de aquellas muestras están en la Universidad de Princeton, y una cantidad adicional de 560 diapositivas se guardan bajo llave en el Museo Nacional de Salud y Medicina en Maryland.

Con información de El País