Publicado el 22 de dic de 2012 11:06 am |

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Foto: AFP PHOTO SEBASTIEN NOGIER

(México, 22 diciembre. Dpa) Para muchas mujeres, el nombre de la empresa francesa Poly Implant Prothèse (PIP) está relacionado con riesgos que amenazarán su salud durante mucho tiempo.

Durante años, la firma vendió implantes mamarios de silicona industrial de bajo coste que se usaron en numerosas operaciones de aumento de pecho. Hace un año, el 23 de diciembre de 2011, el Ministerio de Salud francés reconoció la gravedad del caso y llamó a las afectadas a volver a operarse para quitarse los implantes.

Numerosos países se hicieron eco del inédito pedido, entre ellos España, donde se estima que las afectadas son unas 18.500. En todo el mundo hasta 500.000 mujeres habrían recibido implantes de la firma francesa.

Hasta ahora más de 14.300 mujeres se han quitado los implantes de la empresa en Francia. En 3.290 casos se descubrieron desgarros y en 1.957 casos los médicos diagnosticaron una inflamación.

Las raíces del escándalo se remontan a 1996. Las autoridades de la Dirección General de la Salud informan de un primer control en 1997. En una segunda revisión en 2001 se descubren graves problemas, pero las explicaciones de PIP son suficientes como para que en los siguientes años no se hicieran más controles exhaustivos.

Sólo después de que se multiplicaran las denuncias y de las advertencias de un cirujano se hizo en 2010 una inspección exhaustiva de la producción de PIP en La Seyne-sur-Mer, cerca de Toulon, y se detectó la silicona con fallos. Francia prohibió entonces la venta, distribución y uso de los implantes mamarios en toda Europa. Ese mismo año la compañía quebró.

Varios casos de cáncer de mama en pacientes con implantes de PIP hicieron sospechar que la silicona barata de los implantes que se rompían o filtraban podría ser cancerígena. Pese a ello, los investigadores oncológicos galos no encontraron hasta ahora “hechos concretos” que apunten a una relación directa entre los productos de PIP y los casos de la enfermedad frente a implantes de otras firmas.

En diciembre de 2011, las autoridades de salud, los expertos y asociaciones de pacientes se reunieron para analizar los hechos y poco después el entonces ministro de Salud, Xavier Bertrand, optó por recomendar a 30.000 mujeres en Francia que se volvieran a operar incluso aunque los implantes no mostraran fallos o desgarros.

El fundador de PIP, Jean-Claude Mas, que estuvo un tiempo en prisión, habría empezado a meter gel barato en los implantes desde 1995. La silicona industrial era cinco veces más barata que la destinada a usos médicos. Al parecer, cuando se realizaban los controles, la silicona de mala calidad era tirada en contenedores.

El año próximo comenzará el proceso por lesiones contra Mas y el ex presidente del consejo de administración de la empresa. A las víctimas sin embargo les espera una larga travesía -de resultado incierto- para obtener una indeminización. Sin mencionar los daños irreparables a su salud.