Publicado el 28 de dic de 2012 7:02 pm |

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Foto: DPA

(Constanza, Alemanaia – DPA).- A muchas embarazadas les asalta la misma pregunta: ¿Qué haría si supiera que mi bebé sufre alguna discapacidad? ¿Querría tenerlo, o en este caso estaría justificado abortar? El test sanguíneo trisomía 21, de la compañía alemana Lifecodexx, ha vuelto a encender el debate.

Esta polémica prueba, que salió al mercado en agosto y ya está disponible en una treintena de países de Europa, Asia y Cercano Oriente, permite detectar el síndrome de Down en el feto con un procedimiento no invasivo. Pero sus detractores lo consideran un método de discriminación.

“Uno puede argumentar todo lo que quiera, pero en el fondo el test sirve para hacer una selección”, afirma el delegado del gobierno alemán para la defensa de los intereses de los discapacitados, Hubert Hüppe. “Un gran peligro de selección de fetos”, fue también la tajante reacción de Agustín Matía, gerente y portavoz de la Federación Down España.

La práctica actual de diagnóstico prenatal y aborto en caso de que este diagnóstico sea fuera de lo normal dibuja la imagen de una sociedad en la que el nacimiento de una persona discapacitada se considera un daño evitable, señala Hüppe. “El lema es: ‘Eso podría haberse sabido antes’”.

El test no plantea una decisión ni a favor ni en contra de tener un bebé con trisomía 21, sino que se trata de obtener un diagnóstico de forma invasiva o no invasiva

Lifecodexx rechaza estas críticas. Según la compañía, en caso de que se presente una trisomía 21 las embarazadas son quienes tienen que elegir, sin importar cómo han obtenido esa información. El test no plantea una decisión ni a favor ni en contra de tener un bebé con trisomía 21, sino que se trata de obtener un diagnóstico de forma invasiva o no invasiva, sostiene la portavoz Elke Decker.

Según los primeros resultados divulgados por Lifecodexx, más de 1.000 mujeres ya han utilizado el test sanguíneo de detección preventiva y en un 97 por ciento de los casos los resultados no mostraron indicios de síndrome de Down. “Las mujeres para las que el test resultó un alivio, no se sometieron después a ninguna amniocentesis, ese es nuestro punto de partida. Reducimos el número de pruebas invasivas innecesarias”, añade Decker.

El test sólo está disponible para mujeres a partir de la duodécima semana de gestación y que presenten un riesgo elevado de que el bebé tenga trisomía 21. Hasta ahora, la prueba sólo detecta este tipo de trisomía (existencia de un cromosoma extra), pero a comienzos de 2013 también será posible detectar las trisomías 13 y 18, responsables de los síndromes de Patau y Edwards respectivamente, aunque la compañía aún no ha anunciado una fecha concreta.

Debido a una alteración cromosómica, las personas con trisomía 21 pueden sufrir trastornos cardiácos, malformaciones en la zona intestinal o problemas de aprendizaje. Las trisomías 13 y 18 están asociadas a graves trastornos de desarrollo y causan la muerte de muchos bebés durante el embarazo o en los primeros meses de vida.

Asociaciones como la sociedad alemana de genética humana (GfH) aconsejan a las embarazadas que hayan tenido un resultado positivo en el test someterse a un diagnóstico prenatal invasivo para confirmar el síndrome de Down. Y, al contrario de lo que plantean sus críticos, no temen que esta prueba carente de riesgos sea utizada de forma abusiva.

Según la GfH, eso no se ha demostrado, pero tampoco ignoran “que el desarrollo de este tipo de métodos de diagnóstico pueda influir en la valoración social de discapacidades o trastornos del desarrollo”, señala su presidente, Klaus Zerre.

Para Hüppe, en cambio, el test es “ilegal”. Un dictamen jurídico solicitado por él señala que la prueba choca con la legislación alemana sobre diagnóstico genético. “Discrimina a las personas de la peor forma: en su derecho a vivir”, señala el delegado. “Sin ningún fin médico, como un peligro para la madre o el niño, la prueba tiene como objetivo detectar las anomalías genéticas”.

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