Publicado el 04 de ene de 2013 2:36 pm |

  comentarios

Foto: Colage/Noticias24

(Caracas, 4 de enero. AFP) – El tango es especial por el abrazo, porque genera como una conexión amorosa, dice a la AFP Silvina Perl, coordinadora del taller de tango del neuropsiquíatrico Borda, uno de los centros de salud de Buenos Aires donde el tradicional baile del Río de la Plata se aplica como terapia.

Video: AFP, 4/01/13

“Por supuesto que el tango no cura en sí; pero en la hora que dura la clase los pacientes están concentrados en bailar y cuando se relacionan en el baile, no hay alucinación, no hay delirio, hay concentración para entrar en el paso”, dice la licenciada en Psicología.

El Borda es un hospital público neuropsiquiátrico para hombres aunque a las clases de tango también acuden mujeres que colaboran con la profesora en la enseñanza de la difícil técnica del baile a unos 20 pacientes, que van desplegando los pasos en un ambiente relajado y tranquilo.

También en el hospital público Ramos Mejía de Buenos Aires funciona un taller de tango, cuya meta es mitigar el vacío que se genera en los adultos mayores cuando dejan la vida laboral activa.

Relacionarse con el otro

“El criterio para tratar la psicosis a partir del tango es porque logramos establecer un lenguaje, que es el lenguaje del baile del tango: obliga al psicótico a relacionarse con el otro, algo que no sucede en su mundo, que está vinculado a su propio quehacer psíquico, en el cual el otro no existe”, explica Perl.

“No hay tango sin el otro. Y si además, no coordina el baile, entonces no hay baile. Si no se baila con otro, no se baila tango, y se baila tango con determinadas reglas, que es el paso, la figura, el dibujo”, señala la profesional al explicar la posibilidad de conexión que provoca ese ritmo en un paciente sumido en su propio mundo, el único existente para él.

“El tango tiene muchos beneficios para la gente de la tercera edad, es como una llave mágica, pero fundamentalmente es la magia del abrazo en el baile”, añade Balboni, una psicoterapeuta que vivió 33 años en Estados Unidos.

La profesora se concentra en enseñar la complicada rutina de los pasos sobre todo a los más novatos, la mayoría cohibidos porque sus cuerpos y sus rostros, aunados a través del abrazo, se contactan con compañeros de danza poco conocidos, una peculiaridad casi exclusiva del tango.