Publicado el 14 de ene de 2013 7:42 pm |

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Foto: Dpa

(Reino Unido, 14 de enero – dpa).- La serie de televisión “Plaza Sésamo” no solo divierte a millones de niños en todo el mundo, sino que también beneficia a la ciencia. Así lo demostró un estudio de investigadores estadounidenses, quienes examinaron el cerebro de varios niños mientras éstos veían el famoso programa.

Los científicos analizaron la actividad cerebral de los niños que seguían un video de la serie y la compararon con la de varios adultos que veían ese mismo video. Para ello utilizaron una tecnología llamada resonancia magnética funcional, que permite ver en una pantalla cuáles regiones del cerebro se están usando.

Gracias a ello, pudieron constatar que durante el video, en el que aparecían también números, palabras o formas geométricas, se activaban diferentes áreas del cerebro de los pequeños. Después de medir esa actividad cerebral, los científicos les hicieron tests de lengua y matemáticas. Y descubrieron que aquellos niños que mostraban una actividad cerebral parecida a la de los adultos obtenían mejores resultados.

Esto hace pensar a los investigadores que el desarrollo del cerebro sigue unas reglas muy claras y que incluso se puede medir. En el futuro, este método podría ayudar a entender mejor el desarrollo del cerebro y además mejorar el diagnóstico y la terapia de niños con problemas de aprendizaje.

“Plaza Sésamo” es uno de los programas infantiles más antiguos de la televisión. La famosa serie estadounidense se emitió por primera vez en 1969, hace ahora 44 años.

El programa es visto en más de 120 países, desde Australia a Bangladesh pasando por prácticamente toda América Latina, con más de una veintena de producciones locales para adaptar el formato y los personajes a las tradiciones regionales.

Así, “Sesame Street”, como se llama originalmente en inglés, se convirtió en “Plaza Sésamo” en América Latina y en “Barrio Sésamo” en España. También los nombres de los personajes son distintos, según la región: Kermit, la verdísima rana, se llama Gustavo en España, pero René en Latinoamérica. Y Epi y Blas, como los conocen los niños españoles, se llaman Enrique y Beto del otro lado del Atlántico.

Foto: Dpa