Publicado el 18 de feb de 2012 9:53 am |

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(Washington, 18 febrero. AFP) - Estados Unidos celebra el lunes el 50 aniversario del primer vuelo en órbita de un estadounidense, pero la conmemoración tiene un gusto un poco amargo en momentos en que los exconquistadores de la Luna dependen de Rusia para realizar sus vuelos tripulados.

A las 09h47 del 20 de febrero de 1962, y en su undécimo intento, el astronauta John Glenn despegaba de Cabo Cañaveral a bordo de un cohete Atlas. Glenn dio tres vueltas a la Tierra en un poco menos de cinco horas.

Cerca de un año después de que lo hiciera el soviético Yuri Gargarin, el éxito de esta misión devolvía la confianza en la carrera espacial a Estados Unidos y convertía, de la noche a la mañana, a su protagonista en un héroe nacional.

Cincuenta años después Glenn, de 90 años, no ha olvidado nada de la dimensión política de su hazaña.

Los soviéticos “afirmaban en aquella época que eran técnicamente superiores a nosotros porque sus cohetes volaban, mientras que los nuestros tendían a explotar durante el lanzamiento, y que su sistema social era igualmente superior al nuestro”, dijo el astronauta estadounidense el viernes a la prensa en Cabo Cañaveral.

“En aquella época se especulaba mucho sobre el papel que el comunismo podía jugar en el mundo. Es frente a ese contexto competitivo de la Guerra Fría que llegó una parte del impulso al programa (orbital) Mercury”, explicó Glenn.

Scott Carpenter, que fue el segundo estadounidense en orbitar la Tierra el 24 de mayo de 1962, recuerda que los primeros vuelos en órbita prepararon los primeros pasos del hombre en la Luna siete años después, en julio de 1969, de la mano de los estadounidenses.

“Esos vuelos mostraron al país que aunque íbamos retrasados respecto a la Unión Soviética podíamos superarla y hacer exactamente lo que había ordenado (el presidente John) Kennedy de ir a la Luna antes que los rusos”, señaló Carpenter, quien se encontraba junto a Glenn.

El pasado hace que a los dos veteranos les cueste digerir la dependencia actual de los astronautas estadounidenses de las naves rusas Soyuz para acceder a la estación espacial internacional (ISS, por sus siglas en inglés), desde que los transbordadores del Tío Sam fuesen retirados en julio pasado.

“Ya no tenemos sistema de transporte para viajar a nuestra estación espacial. Debemos tener contratos con los rusos, por extraño que pueda parecer para la mayor nación espacial del mundo”, precisó Glenn.

El astronauta, que fue senador demócrata de 1974 a 1999, acusa a la administración del ex presidente George W. Bush de sacrificar las ambiciones espaciales estadounidenses cortando los fondos a la NASA.

“Opino que es una lástima. Espero que los esfuerzos para recrear nuestro propio sistema tengan éxito”, dijo el ex astronauta.

La Nasa cuenta con el sector privado para desarrollar un sistema que reemplace a los transbordadores antes de cinco años. La compañía estadounidense SpaceX debe efectuar un primer lanzamiento de prueba a partir del 20 de marzo.

Pero en momentos en que China busca enviar hombres a la Luna, Scott Carpenter lamenta que Estados Unidos haya “perdido su determinación”.

“Cuando John y yo trabajábamos para el país con la NASA, Estados Unidos era considerada como una nación donde todo era posible”, dijo. “Nos hemos convertido en un país donde nada es posible y lo siento profundamente”, añadió.

Cuando se le pregunta a Glenn si le daba miedo volar en órbita, contesta que “evidentemente (tenía) conciencia de no ejercer la profesión más segura del mundo”.

“Era importante para el país debido a la Guerra Fría. Era un paso adelante y estábamos orgullosos de representar a nuestra nación. Hacíamos que las cosas fuesen lo más seguras posibles y el riesgo fuese residual, lo aceptábamos”, afirma.