Publicado el 29 de nov de 2012 7:28 pm |

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Foto: DPA

(Berlín, 29 de noviembre – dpa).- Internet es el lugar ideal para desplegar la creatividad. Pero tan pronto como se cargan fotos, textos y vídeos puede llegar también la factura del abogado: y es que aún quien cuelgue en la red inocentemente material como aficionado debe ceñirse a determinadas reglas.

Un usuario de Internet ya no es más un mero consumidor. Hace cuatro años, un estudio del fabricante informático IBM señalaba que cerca del 40 por ciento de los usuarios menores de 30 años que ponen contenidos propios en la web o al menos se interesan por ello son “prosumidores”, un neologismo que funde las palabras “productor” y “consumidor”.

Y esto no es de extrañar: la publicación de vídeos, artículos y otros materiales de origen propio es hoy en día más fácil que nunca gracias a facebook, YouTube y otros portales. No obstante, la publicación de obras ajenas -textos, imágenes o piezas musicales- puede ser objeto de sanción penal.

El derecho de autor no diferencia entre publicaciones profesionales o amateur. “En principio, como persona privada está uno expuesto a las mismas sanciones. Publicar algo en Internet sin el consenso del propietario del copyright o derecho de autor está prohibido y puede tener consecuencias”, dice Till Kreutzer, del portal online “irights.info” de Berlín.

“En principio, como persona privada está uno expuesto a las mismas sanciones. Publicar algo en Internet sin el consenso del propietario del copyright o derecho de autor está prohibido y puede tener consecuencias”

Las posibilidades de caer en una infracción son muchas: desde colgar en YouTube un video de una fiesta de bodas con un disco de los Beatles como música de fondo hasta poner un artículo de un diario en un blog propio.

En todo caso, el derecho de propiedad intelectual tiene también sus límites. Por ejemplo, en todos los medios, en principio, está permitido el uso de citas textuales. En general, las leyes a este respecto no están de acuerdo sobre cuántos caracteres o cuantas frases pueden ser citadas sin caer en una infracción.

“En el derecho a citar no hay reglas absolutas, sólo reglas relativas”, señala Kreutzer. El pasaje citado no debe ser demasiado largo en relación con la longitud total del texto original. Asimismo la cantidad de citas en la nueva obra debe mantener ciertos límites. “No podría ser que el 90 por ciento de la obra consistiera en citas del original”, añade el experto.

En todo caso, tal como lo señala el abogado berlinés Thorsten Feldmann, aquí no se trata únicamente de cuánto texto se cita: “El derecho a citar solo tiene efecto cuando se crea una nueva obra. Pero no se aplica cuando, por ejemplo, se copia un texto o un trozo sin incorporarlo en un texto susceptible de ser sometido a propiedad intelectual”.

En principio, un usuario podría tener la idea de pedir permiso al autor de una canción. Pero esto, según señala Till Kreutzer, es inútil en la mayoría de los casos: “Si se quiere usar una pieza musical, por ejemplo, para un vídeo, es posible que haya hasta siete propietarios y 11 derechos de autor diferentes. Se trata de un proceso extremadamente complejo, difícil de ver por personas privadas”, dice. En fotografía, la situación legal suele ser menos compleja y “se puede preguntar al fotógrafo en cuestión si autoriza la publicación de su obra”.

Todavía más sencillo es no usar imágenes protegidas por derechos de propiedad intelectual. “Hay una amplia oferta de imágenes libres de licencia y que contienen ya el texto que se debe incluir en ellas”, dice el jurista Feldmann. Por esas fotos, que están bajo lo que se llama “licencia Creative Commons”, básicamente no hay que pagar honorario alguno, excepto con algunas limitaciones como las que prohíben la elaboración o edición de las fotos.

En la reproducción de fotos en que figuren personas hay que tener en cuenta también el derecho a la propia imagen: una foto puede ser publicada sólo si lo consiente la persona que figura en ella. Cuando se trata de fotos de menores de edad la situación puede ser más complicada, según el derecho de cada país. En algunos países, en este caso una foto necesita del consentimiento tanto de la persona fotografiada como de sus padres.

A los “prosumidores” les afectan sobre todo las consecuencias legales de la publicación de textos y fotos. Por el contrario, el uso de obras musicales protegidas es menos peligroso. En todo caso, una infracción del “copyright” no es un pecadillo de poca monta, pues, en determinadas situaciones y según el país, puede llegar a tener un precio muy alto.

Foto: DPA