Publicado el 03 de ene de 2013 2:32 pm |

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Foto: Lucas Jackson / Reuters

(Caracas, 03 de enero – Noticias24).- Llegó el tan esperado día. El pequeño Gregory encabezó la fila de cinco hermanos que se dirigía a descubrir qué les había dejado San Nicolás bajo el árbol navideño. Ninguno de los cinco Hoffman pudo resistir ese inconfundible hormigueo en el estómago: ¿recibirían toda la lista de regalos?, ¿habría alguna sorpresa?

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En el quicio de la puerta, Adam y Janell observaban embelesados la estampa. Aquel año, con todo, sería diferente. Gregory, el mayor de los cinco hermanos, había dejado claro en su carta cuál era su regalo más deseado: un iPhone.

El asunto despertó un debate entre los Hoffman que resulta familiar para muchos padres. ¿Es correcto regalar un celular de al menos 600 euros a un niño? Janell dio con una fórmula que buscaba compensar pros y contras del asunto y, ¿lo adivinan?: la solución se ha hecho viral.

Los días previos al 24 de diciembre fueron de intenso debate entre este joven y cohesionado matrimonio. Ambos tenían claro que Gregory era un gran muchacho y si se atenían a los resultados académicos y el comportamiento en casa, el joven merecía el regalo. Pero el recelo se apoderó de sus padres: por un lado, se trataba de un regalo muy caro, un auténtico dineral que queda fuera del alcance de los bolsillos de muchos adultos, que puede fomentar una banalización del valor de los elementos materiales y, sobre todo, de lo que cuesta conseguirlos.

Pero por otro lado, y esta era la mayor preocupación de los padres, el iPhone podría cortar las alas de un divertido Gregory, que hasta entonces se dedicaba a andar en bicicleta y jugar con sus amigos. Ya saben, la típica estampa, cada vez más habitual, del rostro ensimismado de un niño aislado del mundo por la pantalla de un celular.

Sentido común y disciplina

La joven madre, tras muchos dimes y diretes, dio con una solución que contó con el visto bueno de las partes implicadas: redactó una serie de normas básicas que el pequeño Greg debería cumplir a rajatabla para poder seguir disfrutando del smartphone.

El estricto contrato comenzaba con un guiño al pequeño Greg: “Eres un chico responsable y te mereces este regalo”, pero pronto se desgranaron las normas y condicionantes que determinarían el uso o no del iPhone por parte del niño. Porque el primer punto lo dejaba claro: “Te quiero con locura, pero quiero que sepas que este iPhone es mío, -escribió Janell- yo lo pagué, yo me hago cargo de las facturas… ¿no soy genial?”. Así, hasta dieciocho.

El listado continúa tocando los puntos claves que más preocupaban a sus padres: “Deberemos saber siempre cuál es la contraseña”, “tienes que contestar siempre que te llamemos”, “si se te cae, se rompe o estropea, tú serás responsable de repararlo”, “no lo podrás llevar al colegio: tienes que hablar con tus amigos en persona”.

Más tarde se adentra en terrenos más espinosos: “Nada de porno; busca información en él que compartirías abiertamente conmigo”.

Con información de El Confidencial.