Publicado el 30 de ene de 2013 5:48 pm |

  comentarios

Foto: DPA

(Berlín – DPA).- Un paseo por Google y un vistazo a una Red bastan para enterarse de la profesión, los amigos, las aficiones y las preferencias de personas que no se ha visto jamás en la vida. La vida privada no existe. Pero las cosas pueden ir de mal en peor cuando estafadores, ladrones o espías se apoderan y abusan de información pública.

Randi Zuckerberg es un ejemplo de que siempre se es responsable, a fin de cuentas, de todo aquello que se pone en la red. Hermana del creador de Facebook, Randi colgó recientemente Internet una foto de miembros de la familia cocinando, confiando en que lo privado siguiera siendo privado. Pero la foto fue vista por una amiga de otra hermana de Zuckerberg y la puso en Twitter, sin consultar la aprobación de quienes figuraban en la imagen. Randi se indignó.

Aunque se haga uso natural de estas funciones, muchos usuarios adquieren un falso sentido de seguridad ante la posibilidad de definir la esfera privada y formar un círculo de amigos. La red no olvida y, lamentablemente, tampoco olvida cuando “amigos” publican algo por su cuenta.

La red no olvida y, lamentablemente, tampoco olvida cuando “amigos” publican algo por su cuenta

“Precisamente entre los más jóvenes pueden aparecer con facilidad entre 300 y 400 amigos”, señala Kathrin Körber, de la Central de Protección del Consumidor en Hannover. Todos sabemos que en Internet no se puede ni se debe confiar en cualquier persona.

A veces se confia demasiadas intimidades en libros de invitados, foros o blogs. En especial la gente joven suele poner toda su actividad diaria en la red, “muchas veces sin pensarlo dos veces”, dice la experta en protección de datos. Este fenómeno tiene un nombre en inglés: “oversharing” o “compartir en exceso”.

Se trata de compartir información con personas que no están preparadas o cualificadas para recibirla, pues puede haber hechos personales que otros no deben o no necesitan saber. “Yo tampoco voy donde el vecino a contarle todo lo que que he hecho hoy”, dice la especialista. “La esfera privada se diluye en Internet”. Esto se resume hoy en la red con la sigla TMI (Too Much Information, “demasiada información”).

Hay páginas y blogs que recolectan lo que muchos revelan sin pensarlo, sobre todo como disuasión y escarmiento. La cuenta @NeedADebitCard de Twitter, por ejemplo, reúne mensajes y tweets en los cuales alguien cuenta que lo han despedido el trabajo, que se ha agarrado una borrachera, que ha tomado drogas o que tiene un nuevo número de teléfono; informaciones que mejor debería mantener en privado. O bien el blog “Rich Kids” de Instagram, que colecciona instantáneas de chicos jactándose de la supuesta riqueza de sus padres.

“Espías y ladrones pueden recolectar en Google mucha información, y la suplantación de identidad resulta igualmente un juego de niños”, dice Dennis Romberg, de Digitalcourage, organización alemana de defensa de la privacidad y de los derechos digitales.

Hay incluso máquinas especiales de búsqueda de personas. Y quien revele públicamente su ubicación actual y real en Twitter, Foursquare, Facebook Places u otros lugares de la Red, se pone sin saberlo en grave peligro. “Encuentros supuestamente casuales se vuelven posibles”, advierte Romberg. Además, los lugares frecuentados por una persona puede dar claves muy precisas sobre sus hábitos de vida.

Que en la Web no se deben poner datos como el número de cuenta bancaria o de tarjeta de crédito es algo que ya sabemos todos

Que en la Web no se deben poner datos como el número de cuenta bancaria o de tarjeta de crédito es algo que ya sabemos todos. Pero igual cuidado debemos tener al confiar públicamente la fecha de nacimiento, números de teléfono o direcciones de correo, aunque estos datos los pidan muchos servicios en Internet para identificar a un usuario. También es mejor ocultar el domicilio privado, siempre que no figure en la guía de teléfonos o en el impreso al pie de una página web.

“Es muy frecuente la compra de objetos con cargo a otra persona”, escenario de abuso que describe la experta Körber. Una forma de dificultar la tarea a los ladrones consiste en usar para cada oferta un nombre de usuario y contraseña distintos. También se puede inventar cada vez una respuesta diferente a preguntas de seguridad: los detalles de la vida privada suelen estar demasiado expuestos en la Web.

Es claro que no se puede publicar fotos comprometedoras. Pero incluso imágenes digitales aparentemente inocentes suelen revelar más de lo que se quisiera. Desde la popularización del GPS en los smartphones, entre los datos que se publica suele estar también el lugar exacto en que se hizo la foto.

“Eso es bueno para mí, pero a otros no les importa”,
señala Körber. Antes de poner una imagen en la red, lo mejor es borrar los datos de ubicación geográfica o desconectar la función de Geoetiquetado (Geotagging) en el teléfono móvil. Es decir, borrar los llamados metadatos de otros archivos y documentos.

También hay que ejercer cautela en la entrega de datos personales a proveedores de servicios y comerciantes, que a veces suelen recolectar datos sólo con propósito de evaluación o, en el peor de los casos, entregarlos o venderlos a terceras personas. No conviene emplear todos los servicios de un solo proveedor –Google, por ejemplo-, porque relaciona unos datos personales con otros.

“El hecho de que alguien sepa demasiado sobre mí, me hace manipulable en muchos sentidos”, advierte Dennis Romberg. Esto es válido tanto para la publicidad o como para ofertas a la medida. “En general, hay que dar datos a veces imaginarios, siempre que no sea estrictamente necesario dar datos reales”, añade.