“Usted lo vió”: El RFID no es cosa de risa

Noticias24.- Un videoclip mostrado en la serie de micros “Usted lo vio” parece mostrar a un periodista español, Miguel Jara como a un orate o un tonto – por el tono habitual de los micros, que señalan las metidas de pata de gobernantes y polí­ticos, dá la impresión de que sus creadores creyeron que Jara estaba hablando de mentiras, teorí­as de conspiración o de un completo absurdo. Pero no es así­: la tecnologí­a de la que habló el español sí­ existe, ya está siendo usada y perfeccionada para su masificación, y debe comenzar a preocupar mucho a cualquier persona que aprecie su libertad y su intimidad.

(Jara tiene un blog donde discute éste y otros temas y donde emite opiniones generalmente serias, bien informadas y documentadas).

La tecnologí­a conocida como RFID (Identificación por Radio Frecuencia) consiste en instalar un pequeño chip que es capaz de almacenar todo tipo de datos (texto, imágenes), que a su vez pueden ser leidos mediante un aparato llamado transponder, capaz de recibir y leer los datos de todos los chips RFID cercanos.

El sistema RFID es la evolución “natural” de los códigos de barras que ya son normales en los supermercados, y ya esta siendo utilizado por muchos de ellos en paí­ses industrializados por la comodidad a la hora de inventariar, despachar o ingresar mercancí­as. El chip se instala en las “paletas” o palés (los grupos de cajas colocados en armazones de madera, que se manipulan con el montacargas) y en las cajas, y un sólo empleado de almacén puede inventariar un enorme depósito activando su lector RFID unas cuantas veces – una labor que debí­an hacer varios empleados por varias horas, verificando cada caja manualmente o con lectores de códigos de barra.

El problema ético del RFID viene tras plantearse su utilización de manera masiva y afectando directamente a los individuos. Tal como indicó el periodista español, Pfizer ha incluido estos chips en las botellas de su medicamento Viagra con la intención de reducir el contrabando, tal como lo comunicó la propia empresa en una nota de prensa. También se está empleando en otros medicamentos populares en los EEUU, como el OxyContin, y la FDA (agencia encargada de permisar los medicamentos) está exhortando a los laboratorios a poner chips RFID en todos los medicamentos, según Cnet.

La presencia de múltiples chips RFID plantea un problema muy serio de seguridad y privacidad, pues permitirí­a a alguien con el equipo adecuado (por ahora, muy fácil de conseguir) leer todos los datos de éstos chips, averiguando nuestras identidades, qué medicamentos consumimos, cuántos y cuales electrodomésticos tenemos, sin siquiera entrar a la casa. Los chips RFID son suficientemente baratos como para que a las empresas no les importe poner uno en cada cosa que compremos.

Como pueden imaginarlo, es utilí­simo para ladrones, estafadores y comerciantes inescrupulosos. Por años, las empresas de marketing han intentado obtener esta información (nuestros gustos, datos personales, gastos de tarjetas, correos electrónicos, etc. se venden en listas en el mercado negro), pero ahora sólo tendrí­an que “leer” los chips de un vecindario para saber exactamente quién compra qué y a quien le falta qué.

Se ha recomendado a los usuarios de Viagra y otros medicamentos etiquetados con RFID cambiar los productos a otra botella o frasco común
, pues sus empleadores podrí­an instalar lectores de RFID para tener información de qué llevan los trabajadores en sus bolsos o carteras, vulnerando la privacidad y poniendo en peligro la estabilidad de sus empleos.

Con la ayuda del RFID, empleados de Elli-Lilly, la fabricante de Cialis (competidor de Viagra) podrí­an detectarle en un sitio público para tratar de venderle su medicamento. Y usted no podrí­a decirles que no lo necesita.

El siguiente paso, lógicamente, es su empleo por parte de los gobiernos. Ya los EEUU están emitiendo un pasaporte obligatorio con chip RFID (al que se opusieron muchos ciudadanos y algunos polí­ticos) y muchas municipalidades venden tarjetas RFID para el pago de viajes en autobús y otros pequeños servicios, dejando abierta la posibilidad de que se averigí¼e las rutas que hemos tomado, los paí­ses a los que hemos ido, y otros datos como nombres, edades, alergias, etc.

El gobierno venezolano ya está preparando las futuras cédulas de identidad que almacenarán “más de 200 datos personales”, y podrí­an ser utilizadas para dar continuidad a las polí­ticas de discriminación polí­tica que en efecto ha ejecutado el gobierno venezolano con las listas “Maisanta” y “Tascón”. Sin siquiera preguntar número de cédula o nombre, un funcionario podrí­a conocer su historial polí­tico con sólo leer el chip RFID que usted lleva en su billetera. Adicionalmente, podrí­an incluirse datos como expediente médico y policial que servirí­an para facilitar la discriminación del individuo por parte de empresas e instituciones públicas.

En un artí­culo publicado en 2007 en La Nación, el periodista Humberto Contreras reflejó los avances de la nueva cédula RFID (que afortunamente está retrasada) sin informar al público de los riesgos que conllevan:

Entre otras informaciones que podrá contener el chip de 72 K incorporado a la cédula, están: el tipo de sangre, si es donante de órganos, si es alérgico a algún medicamento, etc. Venezuela será el quinto paí­s del mundo, detrás de Suecia, Polonia, Noruega y Alemania -Luxemburgo lo acaba de adquirir-, y el primero de Latinoamérica en contar con este sistema de identificación ciudadana.

La inversión que realiza el Estado para implantar este nuevo sistema de cedulación y de pasaportes está por el orden de los 120 millones de dólares/258 mil millones de bolí­vares.

El novedoso documento será impreso en una lámina de policarbonato, parecida a una tarjeta de crédito. Esto permite que el documento sea durable, seguro, inviolable, con una tecnologí­a que fue adquirida a la empresa alemana Bundes Druckerei.

La nueva cédula tiene cinco niveles de seguridad para el resguardo de la identidad. El chip está dentro de una pieza de policarbonato, que es una lámina plástica de ocho capas. El chip estará en la cuarta capa. Ese pasaporte pasa por una prensa y un horno a 150 grados, con lo cual se compacta, por lo que es infalsificable.
(…)
Igual pasa con la firma, que será tomada digitalmente y las huellas digitales se tomarán por escáner. Todo en la sede de cada ciudad, es decir, las oficinas del interior no tendrán que mandar nada a Caracas, pues electrónicamente, una vez verificados los datos a través del sistema, en Caracas, inmediatamente se aprobará y se imprimirá el documento. La demora será lo que tarde el enví­o del documento desde la capital al interior.

Todos estos datos estarí­an teóricamente encriptados, pero los mecanismos para descifrarlos se podrí­an filtrar rápidamente, y seguramente mentes criminales encontrarán diversas fórmulas para desencriptar la información. Si usted le pregunta a cualquier experto en seguridad cómo hacer un sistema “inviolable” (como lo llama el periodista), éste le dirá que tal cosa es imposible – sólo se puede tratar de “disuadir” al delicuente. Todo sistema de seguridad es vulnerable.

Un blog de la revista Wired publicó un reportaje sobre lo fácil que resultó robar identidades de pasaportes inteligentes británicos, con un transponder adquirido por unos 500 dólares.

Ciertamente su implantación en seres humanos no está descartada, y hay seres humanos lo suficientemente ingenuos como para hacerlo voluntariamente. El diario The Guardian contó que los miembros “VIP” de la discoteca Baja Beach Club en Barcelona (España) han aceptado implantárselo bajo la piel de la mano para tener entrada directa y lí­nea de crédito en el local.

Un mundo donde los chips RFID se usen indiscriminadamente sin informar al usuario sobre su presencia e implicaciones es el verdadero hogar del “Big Brother”. Curiosos y delincuentes podrí­an “escanear” casas de citas, bares de ambiente u hoteles de parejas para encontrar posibles ví­ctimas de extorsión, o escuelas para detectar menores de edad “secuestrables“. El desfalco bancario será más fácil si usted lleva en su bolsillo copias digitales de su huella dactilar y firma.

Toda su vida en su bolsillo o en su hogar, al alcance de quien disponga de un “transponder”, incluyendo todas aquellas cosas que usted preferirí­a que nadie supiera (y que nadie tiene derecho a saber): si usted fue arrestado por drogas en su juventud, o por una pelea callejera porque se pasó de tragos una noche; cómo es su firma, su dirección, las marcas que compra, su posición polí­tica, los automóviles que están a su nombre, las medicinas que usa y las enfermedades que sufre. Las virtudes del sistema RFID no compensan en absoluto sus terribles riesgos y el abandono casi total de nuestro derecho a la vida privada. Escalofriante.