Publicado el 04 de jul de 2012 6:47 pm |

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Foto: Panorama

(Caracas, 04 de julio. Noticias24) En la capital zuliana cada vez son más las víctimas de extorsión por parte de reclusos de la Cárcel Nacional de Maracaibo, quienes llaman a los ciudadanos para pedirles una “colaboración” (dinero) a cambio de “seguridad y respaldo” para su familia.

Un reportaje publicado este miércoles por el diario Panorama indica que “entre las víctimas de extorsión no hay distingo de ningún tipo, según el registro de denunciantes de la policía sureña, van desde pequeños a grandes comerciantes, dueños de rutas de transporte privado, líneas de taxis y hasta empleados de empresas con cargos relativamente importantes. Las mujeres son más vulnerables para la extorsión, son a las que más llaman y amedrentan”.

En lo que va de 2012 en Polisur se han recibido 33 denuncias de casos de extorsión hechas desde la cárcel, de los cuales 19 fueron resueltos con la aprehensión de delincuentes y el resto de los casos se han evitado con métodos persuasivos”.

A continuación un fragmento del reportaje publicado por Panorama:

Tras una incómoda llamada de cinco minutos, Fenando pensó que algún conocido le jugó una broma pesada y decidió no contestar más su teléfono. Pero el registro de 16 llamadas pérdidas y cuatro mensajes de textos —todos del mismo número de la llamada inicial— le hicieron dudar y buscó orientación en un amigo militar .

“Atendeme el teléfono, mirá que es por tu bien. Hacéme caso a lo que te digo, no te volváis loco”, se leía, con tono amenazante, en uno de los mensajes.

Fernando, de 48 años, padre de cuatro hijos y empleado de una compañía, acudió a un amigo militar y le explicó lo sucedido. Le dio el número telefónico de donde lo habían contactado y al abrir la celda de ubicación del celular, el funcionario se lo ratificó: “Hermano, la llamada salió de Sabaneta, lo están extorsionando”. “Vaya y denuncie”, le aconsejó.

El hombre se reunió con su esposa e hijos en su casa para informales lo ocurrido. Luego de un mal dormir, al día siguiente, casi al mediodía, Fernando volvió a recibir la llamada de los extorsionadores. Tras pensarlo dos veces, decidió contestar. Se hizo el desentendido, como si fuera la primera vez que lo llamaban:

—¿Aló? (víctima)
—Verga mijo mirá, aquí habla el pram de aquí de la cárcel mijo. (recluso)

—¿Quién?
El pram de aquí de la cárcel mijo.

— ¿Qué quiere hermano, qué quiere?
— Mijo, nosotros te estamos llamando pa’ que nos hagáis una colaboración. Nos hemos comunicao con vos pero nos apagáis el teléfono, nos desviáis la llamada…

— Hermano, ¿me está mamando gallo?
Mijo mirá, no vais a creer que te estoy vacilando, que yo soy un carajito, no. Aquí te está hablando una persona seria, el principal de aquí de la cárcel de Sabaneta. Te estamos llamando pa’ que nos hagáis una colaboración y tengáis el respaldo de nosotros, me entendéis?.

— ¿Cómo así, respaldo? ¿qué es eso?
Respaldo, o sea te vamos a cuidar a vos, a tu familia. ¿Me entendéis?.

— No te entiendo, ¿qué es eso?
Te estoy llamando por las buenas pa’ que nos hagáis una colaboración. Nosotros te regalamos unos sellos, pa’ que se lo pongáis a la camioneta, pa’ que cuando vean el sello, ya saben qué clase de vacuna es y no se van a meter con vos.

— Ah, pero eso qué es, ¿una vacuna?
Ajá.

— Mirá ¿y cuánto cuesta eso?
Papi mirá, nosotros te estamos pidiendo 40 mil bolívares fuertes, me entendéis?.

— ¡Cuarenta mil, mi madre santa!, ¡yo no tengo ese dinero!
Mira mijo, vos sabéis que nosotros hablando podemos llegar a un acuerdo. Podemos solucionar el problema, viejo.

— Bueno decime vos… vos sois el experto, ¿qué voy a saber yo de esto?
Te estaba llamando desde hace rato, desde ayer te he marcao todo el día. Anoche estaban los muchachos por allá por tu casa y te vieron salir como a las 9:30 de la noche. Les dije: ‘Ey no, déjenlo quieto, que hasta que no hable con él no voy a actuar todavía’. Y bueno hasta ahora que estamos hablando, pa’ ponernos de acuerdo.

— ¿Pero actuar cómo, actuar cómo?
— O sea, porque siempre y cuando vos nos colaboréis, nosotros no enviamos a los muchachos de aquí para que le vayan a hacer un daño a tu familia.

—¡Coño mijo!, ¿ pero por qué te vais a meter con mi familia?
Yo no estoy diciendo que me voy a meter con ellos todavía, ¿me entendéis? Estamos es hablando, vamos es a dialogar a ver qué surge. Ya me recibiste la llamada, bueno ajá, ya estamos hablando.

—Dejame hablar con mi esposa y con mis hijos, para ver a qué acuerdo llegamos.

— Dale pues mijo, pero mirá lo que yo te quiero decir: Me atendéis la llamada.
— Bueno me llamáis, porque ando nervioso, no sé que hacer, ve que yo sufro de la tensión.

— Ya que estamos hablando, te aseguro y te prometo de que todavía nadie se va a meter con vos. Contá con la palabra mía, siempre y cuando vos nos colaboréis.
— Hermano pero ¿qué seguridad tengo yo que después que colabore, no me van a seguir molestando?.

Bueno la palabra mía mijo, el respaldo de nosotros, de los muchachos. Aquí nadie se va a meter con vos, ¿me entendéis?. Te regalamos un par de sellos pa’ que se lo coloquéis a la camioneta.

— ¿Un sello? ¿qué es eso de un sello?
El sello es como un emblema, una vacuna. Ya los ladrones cuando vean el emblema ese ya saben que clase de vacuna es y no se van a meter con vos.

— ¡Por el amor de Dios!, dejáme hablar con mi familia, a ver qué resuelvo.
— Okey dale pues, dale pues. Entonces yo te llamo ahora más tarde a ver qué solucionáis. Pero me agarráis la llamada ¿oíste mijo? que nojoda desde ayer te estoy llamando y nada.

—¿Cómo en qué tiempo te llamo?
— Dame como dos horitas. Ve que tengo que buscar (dinero), tengo que hablar, tengo, conversar a ver cómo hacemos.

— Ah ok, dale pues, tomate tu tiempo, yo te llamo más tarde entonces. Despreocupáte que te doy mi palabra, soluciona el problema ahí, que no se van a meter con vos, siempre y cuando nos colaboréis.

Para leer el reportaje completo pulse aquí

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