Publicado el 26 de ago de 2012 11:55 pm |

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Foto: David Fernández / EFE

(Punto Fijo, 26 de agosto – EFE).- El estruendo por la explosión que sacudió la refinería Amuay, en el noroeste de Venezuela, despertó a los habitantes del barrio Alí Primera de la ciudad de Punto Fijo con el temor al estallido de una bomba que no fue pero que tuvo los mismos efectos.

Esta barriada, que tomó su nombre del activista comunista y músico venezolano fallecido en 1985, se erige a escasos metros del Centro Refinador Paraguaná (CRP), uno de los más grandes del mundo, y tristemente hace honor a la célebre letra de Alí Primera “Techos de cartón”.

Esta vez no fue una lluvia sino la onda expansiva por el estallido de una “nube de gas” en la instalación petrolera la que hizo crujir techos y ventanas de un conjunto de casas separadas de la refinería por un muro y un terreno lleno de maleza y basura.

La explosión en Amuay, una de las tres centrales que forman parte el Centro Refinador de Paraguaná (CRP), uno de los mayores del mundo, ha dejado hasta el momento 41 muertos, y un número de heridos superior a los 80.

“Si ellos sabían que ese escape de gas estaba ahí, avisen (…) No fueron y avisaron y aquí están las consecuencias”

Un día después del siniestro en Amuay, muchos de sus residentes agradecían a Dios el “milagro” de la vida mientras, entre dolor y temor por lo vivido, hacían un recuento de daños que más que materiales reflejaban para muchos “años de trabajo”.

“Nos salvamos de milagro”, dijo a Efe Maribel Candelo, una mujer desempleada nacida en Colombia que desde hace casi una década reside en ese lugar, y quien entre lágrimas recordó que su casa era “un esfuerzo de muchos años”.

A la espera de una ayuda del Gobierno, relató que fue comprando “poco a poco” los materiales para construir su casa y lamentó que ahora deberá arrancar “de cero”.

“Yo pensaba que era una bomba, porque fue un impacto demasiado grande”, añadió Maribel, quien relató que tras el estallido le cayó “todo encima” a ella y a su hija de tres años.

Su historia es similar a la de su vecina Josefa Díaz, quien nació en el estado Táchira (suroeste) y dijo que corrió hacia la calle junto a sus cuatro hijos despavorida por la explosión, mientras su esposo, José, narraba cómo desde la tarde del viernes sintieron un olor a gas.

“Si ellos sabían que ese escape de gas estaba ahí, avisen (…) No fueron y avisaron y aquí están las consecuencias“, sostuvo José, mientras terminaban de empacar sus pertenencias para refugiarse en la casa de un familiar.

Cristián Gómez, una joven madre de cuatro chicos, también dijo haber sentido el “olor” a gas.

“A las 12 no se aguantaba el olor a gas; entonces nosotros lo que hicimos fue arroparnos para no aspirar tanto el gas, y cuando sentimos fue la explosión y nos cayó todo el techo encima”, comentó.

“Nosotros lo que hicimos fue arroparnos para no aspirar tanto el gas, y cuando sentimos fue la explosión y nos cayó todo el techo encima”

Su esposo, Gadiel Galicia, admitió que son conscientes del peligro que corren al vivir cerca de la refinería, pero se preguntó: “¿Qué más hace uno? Hay que ser legal (claro), no hay dónde vivir, dónde quedarse?”.

“Si te pones a analizar ya teniendo una empresa aquí demasiado grande, trata de ubicarlos”, pidió Gadiel, quien argumentó que en esa zona compraron “barato”.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, tildó hoy de imposible que haya podido haber un escape de gas de días.

“Es prácticamente imposible, que aquí, en una instalación como esta, que es la refinería más grande del mundo, que está automatizada por todas partes que tiene miles de trabajadores responsables y trabajadoras responsables día y noche, civiles y militares, haya una fuga de tres o cuatro días y que nadie le haga caso“, dijo.

Rafael Petrovinzi advirtió, entretanto, que en la zona “no hay agua, no hay luz”, aunque luego algunos lugareños confirmaron que estos servicios se restablecieron con el paso de las horas.

“Independientemente del color que sea todos somos venezolanos y todos tenemos derecho a una vivienda, a vivir dignamente”, apuntó.

Resignada, por su parte, Esther, ama de casa, aseguró que por primera vez en 40 años de vivir en ese barrio decidió mudarse pese a que en otras cinco ocasiones de las que no precisó detalles también se registraron incidentes.

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