Publicado el 01 de sep de 2012 5:16 pm |
(Caracas, 1 de septiembre – Noticias24) El pasado domingo, mientras el país se detenía para seguir la terrible tragedia de Amuay, en el Hatillo seguía lloviendo. Mientras unos luchaban por sobrevivir a las llamas, otros, en uno de los municipios más prósperos de Miranda, trataban de llevar la cruz que les pesa desde hace meses y que aún hoy, pocos ayudan a levantar.
En 114 kilómetros cuadrados, según datos oficiales, conviven la abundancia y la miseria. Y es que mientras se divisan mansiones de hasta tres pisos, con todos los lujos imaginables, la otra cara del municipio lucha por mantener en pie su casa de latón. Estos últimos, forman parte del 3,29% que aún hoy viven en pobreza extrema mientras la vida pasa y que forman parte de un pequeño mundo donde los roles cambian y son los vecinos los que deben asumir el poder que viene con un cargo de gerencia gubernamental; forman parte de otra realidad, pues las tres historias que presentamos muestran diversas caras de una misma situación.
Turgua: tierra de nadie, tierra de muchos
Una vez que se conoció que las candidaturas a las diferentes alcaldías se decidirían a través de unas elecciones primarias, 5 aspirantes de el municipio El Hatillo comenzaron su campaña abordando la vialidad, la inseguridad y, a veces, la zona rural. El nombre dice mucho, pero no tanto como para develar la verdad de lo que hay detrás. A poco más de 20 minutos de una zona tan exclusiva como La Lagunita, y tras atravesar una carretera que literalmente está hecha pedazos, hay una comunidad que debe levantarse más temprano que el resto por la falta de transporte; que debe denunciar una y otra vez la inseguridad a 1 semana de que el hampa acabara con la vida de otro de los vecinos; que debe dejar atrás los lamentos para seguir tabajando y que ahora debe ingeniarse una nueva ruta para transitar por un camino que ya, por sí solo, era complicado.
En la madrugada del domingo, mientras la tristeza embargaba al país por los hechos de Falcón, un ruido tenebroso interrumpía el sueño de Turgua. “El ruido fue horrible”, le decía un vecino a otro en una conversación de aquellas que se dan cuando un problema afecta a más de uno. Con las manos en la cabeza, sin salir de su asombro, este vecino divisaba lo poco que queda de la carretera de Turgua, mientras a su alrededor pasaban de un lado a otro autoridades de la Gobernación, Alcaldía, incluso Vicepresidencia, sin percatarse de que desde ese momento en adelante la vida de los afectados no sería igual.
Sin esperarlo pero ya habiéndolo denunciado “a todo el mundo”, el cerro se vino abajo dejando incomunicadas a 5 mil familias que ahora se encuentran divididas por tierra y piedras que descienden hasta 30 metros.Y como la política no pierde pista de las tragedias, los alcaldes de El Hatillo y Baruta, se presentaron para evaluar la situación; sin embargo, según dijeron los vecinos que se encontraban en el área, “lo único que hicieron fue discutir de quién era la culpa”.
Las maquinarias, según dijo Isángel García, representante de la Gobernación de Miranda, ya habían sido pedidas y las dos alcaldías apoyarían con ambulancias y policías para resguardar la zona. Pero apenas una hora después, un ingeniero enviado por la Vicepresidencia llegó para observar el área, aplaudido por las mujeres del Comando Carabobo de El Hatillo que ya habían solicitado su presencia. Ellos también llevarían unas maquinarias que reoverían los escombros, pero ninguno se había sentado en una mesa técnica para ponerse de acuerdo.
“Si eso es así tenemos que sentarnos a conversar”, decía el ingeniero cuando se le informó que la Gobernación estaba trabajando en el área, esto, minutos antes de que uno de los líderes de Primero Justicia El Hatillo, Elias Sayegh, llegara con la primera máquina. Siendo saludado por una de las mujeres del Comando Carabobo, se dirigieron a conversar con la comunidad y con el representante del Ejecutivo Nacional, para que la ayuda llegara de una manera eficaz a los afectados.
Mientras todo transcurría, las personas caminaban por un trecho de tierra hecho especialmente por la situación, a medida que las críticas eran dirigidas por una parte al Ejecutivo por ser el ente que debería encargarse de las vías rurales, y por otro, a la gestión local, por no estar presentes para evitar la situación. Por los hechos, 5 mil familias han quedado afectadas y varias han sido desalojadas sin un rumbo preciso, aunque las intenciones son reubicarlos en viviendas habilitadas por el Comando Carabobo, mientras la Gobernación les facilita los insumos necesarios para sobrevivir; pero los vecinos organizados buscaban mecanismos de autogestión ya que “llos -los políticos- no lo hacen”.
Los Naranjos: detrás de lujosos apartamentos, la tierra se come el futuro de 25 familias
La señora Gloria Bello nunca imaginó que tras haberse esforzado para poder vivir en una de las zonas más privilegiadas de la capital, tuviese ahora que enfrentarse a este problema. Ella vive en las residencias Géminis en Los Naranjos, municipio El Hatillo y es una de las familias afectadas por un movimiento de tierra que fracturó el muro de contención del conjunto residencial hace ya dos meses.
Todos los vecinos coincidieron en lo mismo: el ruido. Algo parecido al relato de los habitantes de Turgua, pero en otras circunstancias. Según informaron, un apartamento en estas residencias cuesta de 1.800 a 2.000 millones de bolívares. Son espaciosos, con una impresionante vista, pero con el peligro que ha hecho que ya 25 familias hayan sido desalojadas de la Torre B, mientras la A sigue en riesgo. Ahora ellos forman parte de la larga lista de damnificados que luchan por buscar un sitio en el país y que hoy viven como pueden en el espacio que les abren los más amigos.
El 30 de junio pasado 42 familias escucharon en la madrugada el crujir de la montaña que se movía 8 metros arrastrando todo a su paso. Una de las casa, ante las fuertes lluvias que azotaban la zona, fue golpeada por un árbol que generó un hueco en la pared que aún hoy no ha podido ser reparado, dejando tras de sí la cicatriz de el problema. Según un escrito que la señora Bello envió a Noticias24, “la Alcaldía de El Hatillo tenía conocimiento del peligro que se corría en los mencionados muros, ya que desde hace mas de CINCO (5) años nuestra comunidad les alertó de la situación, según se expresa en estudio que se hicieron con data de esa época en varias cartas dirigidas a nuestra Alcaldía, si bien reconocieron lo delicado de la situación, la respuesta fué que “por la falta de presupuesto” no podían ejecutar la labor de reforzamiento de los muros y que dicha ejecución estaría incluida en el presupuesto del año siguiente, obteniendo la misma respuesta año tras año, hasta llegar a la situación de hoy, una verdadera emergencia, cuarenta y siete familias desalojadas de sus hogares, durmiendo en las casas de los amigos o familiares que le dan posada”.
En la fachada todo se ve normal, pero nada más entrar una señal de alerta aleja a los curiosos del peligro inminente. “Gracias a Dios fue en la madrugada”, decían los vecinos reunidos en el lugar de los hechos que además hoy está mejorando gracias a la iniciativa de su propia gente, pues son ellos los que han puesto los recursos económicos para que empresas privadas puedan despejar la zona de los escombros. Pero no se puede tan rápido: las escaleras de emergencia de la Torre B siguen tapadas de piedras y de terror, oscureciendo el lugar desde lejos. Para David Smolansky, dirigente de Voluntad Popular y miembro del Comando Venezuela en El Hatillo, quien además ha estado haciéndole seguimiento al caso, el municipio “necesita urgentemente que se investigue mucho sobre las zonas de riesgos. No podemos ver los deslizamientos, derrumbes o huecos de forma aislada, sino como un problema estructural”.
Y de hecho él, junto a los vecinos de Los Naranjos sabe de lo que habla, pues el trabajo y esfuerzo que se ha hecho se enfoca en solucionar rápidamente el problema que hoy afecta a todos. Una situación no solo de damnificados, sino de peligro a las vidas de los que ahi habitan y de dos ancianos que se niegan a abandonar el apartamento que tanto les costó conseguir. Aún así, estos hombres y mujeres no pierden la esperanza aunque aseguran se han sentido abandonados por las autoridades competentes; pero el hecho no es entrar en política sino solucionar una situación sorprendente que hoy obliga a muchos a dejar sus cosas para poder sobrevivir.
La Avenida Tamanaco: un “megahueco” incrementa el peligro de transitar por la zona
Oripoto es otra realidad. Casas majestuosas, incluso de exmandatarios de el país conforman el paisaje de las subidas y curvas que rodean la zona. Los precios inalcanzables para muchos se vienen abajo por la verdad que hay detrás de las vías, que además, también están destrozadas.
La inseguridad que azota la zona no es un problema aislado. De hecho, camino a la avenida Tamanaco, el tercer punto visitado por Noticias24, carteles aseguraban que el hampa azotaba y que el secuestro exprés está a la orden del día; algo además que la propia Alcaldía colocó en su página web en una nota titulada “Dispositivos de seguridad están dando resultados”, publicada el 11 de agosto de 2012, donde se explica que Polihatillo ha implementado nuevas medidas de seguridad en zonas “de mayor índice delictivo del municipio”, siendo una de las destacadas, la Avenida Tamanaco.
Ninguna señalización advierte a los que transitan por el lugar del problema que se avecina más adelante. De hecho, un hombre con el que no pudimos conversar por encontrarse tratando de sacar su vehículo del hueco en el que cayó, lo sabe bastante bien. Un “megahueco” interrumpe la vía que comunica Oripoto con Gavilán y a sus vecinos. Este problema tiene un mes y según uno de los vecinos que no quiso develar su nombre, el 14 de agosto se celebró una Asamblea con ingenieros de la Alcaldía que “aún no han hecho nada”.
La verdad es que son los propios hombres y mujeres los que se han unido para darle normalidad a su día a día. El hueco se ha rellenado mientras algunos proponen reparar el daño con materiales que tiene en sus casa, sin ver el peligro que esto puedo ocasionar. “Pero si nosotros no lo hacemos ¿quién?”, decía un hombre mirando a la pared que ahora parece caerse cada segundo un poco más.
“Esto lo que genera es anarquía”, decía Smolansky después de haber ayudado junto a otros miembros de su equipo a sacar el vehículo del hombre que había chocado por la falta de advertencia. Mientras tanto, motos pasaban por el hueco sin importar el peligro y las camionetas aceleraban rápidamente para evitar quedarse estancadas, pues el barro aún no era abundante y los cauchos podían rodar. Pero el ejemplo firme de lo que sucede y de que los venezolanos construyen su vida diaria alrededor del desastre, se presentó cuando un motorizado con un servicio “delivery” paró a la orilla del derrumbe para cruzar caminando y esperar a que la persona que había ordenado el pedido caminara unos 30 metros para poder recogerla.
“Lo que recorrimos son los hechos más llamativos”, comentaba el joven de Voluntad Popular, “pero existen muchos huecos y derrumbes más pequeños que generan una situación preocupante en el municipio”. Una frase cierta que se queda vacía ante el olvido de las autoridades competentes de esta crisis por la que atraviesan todos los vecinos, chavistas u opositores, que más allá de la política, se unen hoy para tomar la gestión por sus propias manos, cambiando el deber ser de la gestión local y poniendo en riesgo no una casa, ni un apartamento, tampoco un rancho, sino la vida de hatillanos que son, sencillamente, seres humanos tratando de salir adelante.
Por: Ana Vanessa Herrero / Noticias24

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