Publicado el 24 de dic de 2012 8:03 am |

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Foto: Noticias24

(Caracas, 24 de diciembre. Noticias24) – El periodista Mario Villegas en su “Puño y Letra” de este lunes señaló que “tanto el liderazgo del gobierno como el de la oposición, deben estar listos a disuadir y a enfrentar cualquier aventura”.

“Las certezas, pero sobre todo las incertidumbres políticas, económicas y sociales que deja abiertas el año que termina, recomiendan grandeza y sensatez por parte de todos los sectores para evitar alteraciones a la paz”, sentenció.

En este sentido, Villegas afirmó que el primer implicado, para que el ambiente democrático y de armonía se mantenga en el país, es el Gobierno Nacional “cuya palabra y acción dependerá en buena medida el rumbo y el tono de los acontecimientos”.

A continuación la columna completa:

Que el espíritu navideño reine en Venezuela durante todo el 2013 es algo perfectamente deseable, pero éste podría no ser más que un idílico anhelo de fin de año si no nos aprestamos todos a dar las contribuciones que a cada uno toca.

Las certezas, pero sobre todo las incertidumbres políticas, económicas y sociales que deja abiertas el año que termina, recomiendan grandeza y sensatez por parte de todos los sectores para evitar alteraciones a la paz y los nunca descartables riesgos para la estabilidad democrática.

Por supuesto, el primer obligado es el gobierno, de cuya palabra y acción dependerá en buena medida el rumbo y el tono de los acontecimientos. Poco abonan en esa dirección ciertas expresiones destempladas contra la oposición por parte del vicepresidente Nicolás Maduro, cuya enorme responsabilidad institucional debería aconsejarle más vocación al diálogo y menos concesiones a la intolerancia y a la provocación.

Obligada también está la oposición a converger en la construcción de un ambiente favorable a la paz y a la estabilidad nacional. Y ambos, tanto el liderazgo del gobierno como el de la oposición, deben estar listos a disuadir y a enfrentar cualquier aventura, sea o no violenta y cualquiera sea su signo ideológico, destinada a pisotear la constitución y los derechos que ésta consagra.

Las incógnitas acerca de la salud del presidente Chávez y su toma de posesión el 10 de enero, la posibilidad de un interinato y la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales, los ya anunciados comicios municipales de mayo, la inminencia de un adverso panorama económico y sus graves consecuencias sobre la gestión pública y las ya precarias condiciones sociales de las grandes mayorías del país, aunado al insoportable clima de inseguridad personal que vivimos los venezolanos, constituyen un complejo y delicado escenario en el cual han de moverse, ojalá que con inteligencia y sentido patriótico, los distintos actores institucionales, políticos, económicos y sociales de la vida nacional.

Y, por supuesto, entre esos actores estamos también los periodistas y los medios de comunicación públicos y privados, cuyo acucioso y responsable concurso es definitivamente irrenunciable.

Breves: Supervivientes de la antigua oligarquía

La semana pasada publiqué una opinión del presidente del Instituto Nacional de Estadísticas, Elías Eljuri, según la cual los empresarios europeos se conforman con ganancias del diez o doce por ciento, mientras que los venezolanos pretenden ganar el cien o doscientos por ciento. Ante esa afirmación, le pregunté si los empresarios socialistas de Venezuela se conforman con ganancias del diez o doce por ciento, a lo que Eljuri contestó: “Un empresario socialista que no se conforma con ganar el doce o quince por ciento no es socialista nada”.

A propósito del tema me escribe el internacionalista Fermín Toro Jiménez, militante del Partido Comunista y ex embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas, quien sostiene que esos empresarios que aspiran ganancias del cien o doscientos por ciento son “supervivientes ideológicos activos de la antigua oligarquía vernácula, o como aventajados aspirantes, discípulos o aprendices de brujos de éstos, que ‘asimilaron’ esta pérfida herencia de los primeros mercaderes anglosajones establecidos en nuestros puertos entre 1824 y 1830, que fueron el núcleo fundador de la clase usurpadora del poder, que como agente del Imperio Británico, acabó con la República de Colombia y nos transformó en un melancólico Protectorado inglés por todo el siglo XIX y parte del XX, hasta ser suplantados, los ingleses sin cambio alguno en el dominio por los Estados Unidos, desde 1945”.

Según Toro Jiménez, esta herencia anglosajona fue “la que enseñó a la oligarquía la práctica de la usura, que infiltró, como un veneno, alterando con el tiempo la conducta de todo el cuerpo social, particularmente de las capas medias, y es la raíz y enseña de la llamada ‘viveza criolla’, un mal que nos agobia hoy día en todas sus manifestaciones, y no la llamada idiosincrasia venezolana o la herencia española como sostienen o han sostenido algunos trasnochados como Francisco Herrera Luque”.

“Idílico anhelo de fin de año”
Por Mario Villegas