Publicado el 31 de ene de 2013 2:59 pm |

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Foto: Prensa Presidencial

(Caracas, 31 de enero – Reuters).-El presidente venezolano, Hugo Chávez, permanece desde hace un mes y medio en Cuba, tras sufrir severas complicaciones en la cuarta cirugía a la que se sometió para combatir el cáncer, lo que incrementó las dudas sobre su capacidad para retomar las riendas del país petrolero luego de su reelección en octubre.

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Su vicepresidente y sucesor político, Nicolás Maduro, junto con el jefe del Parlamento, Diosdado Cabello, y el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, están a cargo de la estrategia gerencial y política durante la ausencia presidencial, autorizada por tiempo indeterminado por la Asamblea Nacional y avalada por el máximo tribunal del país.

Este heterogéneo triunvirato, que ha viajado varias veces a La Habana y asegura mantener un estrecho contacto con Chávez, encabeza las tres principales áreas del poder en Venezuela: el consejo de ministros, el partido socialista -mayoría en el Parlamento- y la poderosa industria petrolera.

A continuación, el perfil y funciones que está desempeñando la terna política sobre la que podría recaer el futuro de la revolución bolivariana:

Nicolás Maduro, el sucesor:

Foto: Prensa Miraflores / archivo

El vicepresidente, de 50 años, es el funcionario de mayor poder en el territorio nacional desde que Chávez lo ungió públicamente, antes de partir a Cuba, como su sucesor político, un elemento imprescindible para contar con el apoyo de las bases ante un hipotético escenario electoral.

Encargado de liderar al tren ministerial y dirigir la acción de gobierno en nombre del Comandante Presidente, hasta la fecha ha sabido mantener la cohesión de la cúpula durante la crisis.

Sin embargo, su actuación a la hora de suplir la ausencia del mandatario en actos públicos ha llegado a sembrar desconcierto en el chavismo luego de algunos discursos poco hilvanados, con voz quebrada y ojos llorosos.

Maduro no tiene experiencia como alcalde o gobernador, pero conoce bien los entresijos del oficialismo tras pasar seis años como diputado en la Asamblea Nacional, que llegó a presidir entre 2005 y 2006, y otros seis años como canciller, cargo que ocupó hasta hace casi dos semanas.

Ese tránsito lo convirtió en una de las figuras más populares del Gobierno -aunque muy lejos del líder bolivariano y le permite llegar a este momento clave con gran apoyo en importantes instancias políticas como el Parlamento y la Procuraduría, que preside su pareja Cilia Flores.

Además, su paso por el Ministerio de Relaciones Exteriores le permitió desarrollar una estrecha relación con los aliados internacionales del chavismo, llegando a ser uno de los funcionarios más respetados por los líderes cubanos Fidel y Raúl Castro, quienes han fungido como consejeros clave del mandatario
en momentos de crisis.

El fornido político caraqueño, que inició su militancia política durante la adolescencia en la Liga Socialista, es visto por analistas como la opción más equidistante entre las heterogéneas corrientes ideológicas del chavismo.

Fue de los primeros civiles en unirse a la causa de Chávez cuando estaba en prisión por el fallido golpe de Estado de 1992 y desde entonces ha demostrado una fidelidad irrestricta hacia el líder socialista, quien siempre ha elogiado sus humildes orígenes como chofer de autobús y sindicalista del Metro de
Caracas.

Como vicepresidente, cargo que ocupa desde finales del año pasado, es responsable de la empresa estatal Veximca que maneja multimillonarios fondos para la compra de armas y bienes de consumo a países aliados como Rusia y China, así como de varias corporaciones nacionales y entes administrativos.

Mientras una fracción de la oposición lo acusa de ejercer “inconstitucionalmente” la autoridad por no haber sido ratificado en las urnas, Maduro enfrenta el difícil reto de liderar el primer ensayo general del chavismo sin Chávez en un ambiente de elevada incertidumbre política y económica.

Diosdado Cabello, el operador político:

Foto: AVN / archivo

Cabello, que como presidente de la Asamblea Nacional podría quedar encargado del país ante una ausencia absoluta del presidente como dicta la Constitución, ha sido un nombre infaltable del rompecabezas revolucionario desde sus inicios como participante de la asonada golpista de 1992.

Está encargado de la acción legislativa de la mayoría oficialista en el Parlamento y de la dirección del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), cuyos enormes recursos humanos y políticos lo convierten en la segunda organización más poderosa del país tras la petrolera estatal Pdvsa.

Polémico y camaleónico, es una de las piezas más polivalentes del oficialismo, ejerciendo de diputado luego de experiencias como gobernador, ministro, vicepresidente e incluso presidente interino durante un fugaz golpe de Estado contra Chávez en 2002.

Acusado de amasar un creciente poder económico, su paso por varias carteras como la de Obras Públicas y Vivienda y la de Interior y Justicia, así como por el ente regulador de las telecomunicaciones y la gobernación de Miranda, ha dejado un reguero de denuncias de corrupción que nunca han prosperado ante la Fiscalía.

Poco se sabe sobre la relación personal de Chávez y Cabello en 14 años de encuentros y desencuentros, pero nunca se ha producido una ruptura irreconciliable, lo que ha permitido al teniente de 49 años consolidar uno de los pocos liderazgos autónomos en el seno del proceso.

Analistas ven su relevancia en el triunvirato como el nexo imprescindible entre el ala civil y militar de la administración, aunque relativizan su ascendente sobre el grueso de las Fuerzas Armadas.

Además, tiene influencia sobre varias esferas económicas, como la intendencia de tributos que preside su hermano y el ente que administra el control de divisas.

Detestado por la oposición y visto con suspicacia incluso entre algunos sectores del oficialismo, Cabello es uno de los funcionarios con menos aceptación en los sondeos, pese a que tradicionalmente se le han endosado aspiraciones presidenciales.

Sin embargo, el diputado se ha mostrado desenvuelto y efectivo frente a las cámaras, elevando la temperatura de confrontación para evitar que la oposición se fortalezca por la prolongada ausencia del mandatario y prometiendo la unidad del chavismo bajo cualquier circunstancia.

Rafael Ramírez, el gerente de la crisis:

Foto: AFP Photo / archivo

El ministro de Petróleo y Minas y presidente de la todopoderosa Petróleos de Venezuela (Pdvsa) es el encargado de asegurar y distribuir los recursos para mantener en marcha las políticas insignia de la revolución.

Sosegado, de bajo perfil público y extremadamente leal, a este ingeniero de 47 años de larga trayectoria gerencial se le atribuye la planificación estratégica del Ejecutivo ante la crisis generada por la ausencia del mandatario.

Nombrado ministro de Energía tras el golpe del 2002, fue clave para superar el feroz paro petrolero convocado por la oposición a finales de ese año que derribó casi por completo la producción de crudo y puso al Gobierno contra las cuerdas.

En el 2004, Chávez le dio un poder sin precedentes al ponerlo también al frente de Pdvsa, desde donde se convirtió en el arquitecto de la “nueva política petrolera” que culminó con una polémica oleada de nacionalizaciones que le costó al país numerosas demandas ante cortes internacionales.

Desde entonces ha ido expandiendo su influencia política. Es vicepresidente territorial -un cargo administrativo dentro del consejo de ministros-, alto directivo del Psuv y líder de varios programas sociales, incluyendo un ambicioso plan de viviendas que Chávez capitalizó en la campaña presidencial.

En primera fila de las instancias decisorias, entre sus múltiples funciones diplomáticas y de comercio exterior está la coordinación de la estratégica comisión mixta Cuba-Venezuela, las relaciones con los países de la Opep y con miembros de pactos como Petrocaribe y el Acuerdo Energético de Caracas.

Foto: Reuters

Por Marianna Párraga y Enrique Andres Pretel

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