Publicado el 03 de feb de 2013 9:42 pm |

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Video: Noticias24 / Documental exclusivo con material de la Biblioteca Nacional

(Caracas, 4 de febrero – Noticias24) Iván Carratú, Joel Acosta Chirinos, Fernando Ochoa Antich y Eduardo Fernández, son algunas de las caras del 4F. Sus relatos, entrelazan la otra cara del intento de golpe de Estado en 1992, una que destaca lo ocurrido desde los diferentes puntos que unían la figura de Carlos Andrés Pérez.

De su propia voz, cada uno de los personajes que vivieron el golpe de Estado, recordaron con gran precisión uno de los momentos que definió la historia política del país. Para el año de 1992, Carratú era el Jefe de la Casa Militar del entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Para él, la conspiración comenzó desde años anteriores, desde 1989. Sin embargo, fue desde el año 1991, cuando ocupaba ya ese cargo de confianza, que sucedieron varios hechos que luego lo llevarían, en sus palabras, a atar cabos.

El día 6 de enero de 1992 se realizó una reunión del Gabinete de Seguridad del Presidente Pérez en el Salón de los Espejos. En ese preciso lugar, el General Heinz, director de la Disip, le dice al Presidente que quiere darle una “información urgente”. Toda la atención se concentró en él y entregó entonces, un sobre de manila.

Foto: Biblioteca Nacional

“Hemos descubierto en las líneas de la Disip una conspiración del Ejército”, dijo Heinz. El Presidente Pérez, sin abrir el informe y sin leerlo, se lo entrega al Ministro Ochoa y le dice “ya yo estoy arrecho con estas informaciones no concluyentes de conspiración. A mi regreso de San Cristóbal (viaje que haría durante ese mes) quiero que me entregue conclusiones de lo que está aquí, de lo contrario, voy a tomar medidas (…) silencio sepulcral, Pérez estaba molestísimo”, relató Carratú.

“Estos carajos”, dijo Pérez, “quieren que yo sea el verdugo de las Fuerzas Armadaspero no tiene las bolas de traerme los informes (…) esto lo voy acabar a mi regreso de San Cristóbal”. Sin embargo, la verdadera historia comenzó a la llegada de Pérez de Davos, Suiza.

El inicio de la historia

Pasaron semanas y Pérez vuelve junto a Carratú desde Nueva York a Caracas. La ausencia del Primer Mandatario se debía a la celebración del Foro Económico Mundial, celebrado en Suiza.

“Veníamos en el avión y no pasó nada”, dijo Carratú. “Siempre me llamaban y no recibí ninguna información en el vuelo. Cuando estamos aterrizando, desde la cabina del avión, veo una patrullas de la Disip que estaba acompañando al avión mientras descendía, con hombres armados”.

Carratú llamó entonces a la Torre de Control. “Le pregunto ¿qué pasa? y me dice nada. Cuando llegamos a la rampa 4 observo mucha gente recibiendo al Presidente cuando nunca había nadie (…) cuando abren la puerta observo al Ministro del Interior y al Ministro de la defensa”.

Foto: AP

“Pérez le pregunta entonces a Ochoa ¿qué pasa Ministro? Bueno Presidente los mismos rumores de siempre, pero puros rumores. El presidente se vuelve a molestar y le dice súbase al carro”. En ese momento, Carratú decidió dirigirse a otro vehículo hasta que observó un movimiento extrañó y escuchó “Casona”. Inmediatamente, se bajó del carro.

Horas antes, aproximadamente a las 12 del mediodía del 3 de febrero, Ochoa Antich recibió una información precisa de los planes que acabarían convirtiéndose en un hecho que cambiaría la vida del país.

“El Capitán René Simón Álvarez tenía amores con la hija del Director de la Academia Militar, Manuel Delgado Gainza”, relató el entonces Ministro de la Defensa. El Capitán estaba comprometido en el golpe y su misión era detener al General Delgado, es decir, su suegro. “Esto moralmente, como usted entenderá, se le hizo muy difícil”.

La situación se tornó complicada y el Capitán dio toda la información del golpe al General Delgado, quien inmediatamente se lo comunicó y al Comandante Rangel Rojas, jefe de la Disip.

Sorprendentemente, este dejó pasar varias horas desde que conoció la información. Ochoa estaba entonces en Maracaibo. “Quizás –pensó Ochoa- no creyó que fuese necesario tomar más medidas”.

Foto: AP

“Yo llegué de Maracaibo a las 8 y recibí una información de un rumor de un posible intento de atentado en contra del Presidente en Maiquetía. Yo llamé a la Casa Militar y a la Dirección de Inteligencia y todo estaba bajo control”, explicó.

Sin embargo, rumbo a Caracas, Ochoa se topó con una situación que lo hizo dudar: “Me disponía a seguir porque pensaba que las medidas que se había tomado eran suficientes. Cuando estaba por el túnel Boquerón 1 un automóvil se estaba incendiando y eso me dio mala espina y regresé (…) fui al comando de destacamento de la Guardia Nacional que está en el aeropuerto y lo tomé”.

“Cuando llegó el Presidente yo le informé el rumor que había. Él se molestó y me dijo que fuera al día siguiente a hablar. Lo dejé en la Casona y me fui a mi casa”, dijo.

Los rumores se convirtieron en realidad y, según Ochoa Antich, fueron los que no permitieron el “factor sorpresa” del golpe de Estado

La sorpresa vino después cuando un Coronel que viajaba con Ochoa desde Maracaibo llamó a su familia en el Zulia: “La sorpresa es que a las 11:30 me llamó el Coronel Rincón Noriega. Se vino conmigo en el avión junto al señor Pastor Heida (…) ellos estaban tomando un whisky cuando el Coronel llamó a Maracaibo y su señora le contó que había un levantamiento militar”.

“Cuando me dan esa noticia, yo entiendo que es un golpe que viene. Yo llamo al Presidente lo despierto y le comunico. Él me dice que va a Miraflores y me pide que vaya al Ministerio. A los pocos minutos me rodearon el Ministerio. Por suerte yo había desplegado el batallón de custodia (…) entonces empezaron los acontecimientos”, relató.

“Cuando yo llamo al Comando de Brigada Blindada y me atiende el teléfono el Capitán de apellido Arteaga Paz (…) cuando estoy hablando con él le digo que me pase al General Ferrero Alazarte, el Comandante de la brigada y el Capitán me responde que desapareció. Me sorprendo y le reclamo y le hago ver la delicada situación con la actitud que estaba tomando. El Capitán me da una respuesta sorprendente porque me invita a que sea parte y cuando le digo que eso no se le ofrece a un hombre de honor, me contesta: Patria o Muerte“, recordó.

El fin de los rumores y el inicio de los hechos

Tras varias llamadas y al haber confirmado lo que sucedía, Carratú se dirigió a Miraflores, donde estaba Carlos Andrés Pérez. Una llamada desde la Casona pidendo ayuda hizo que acelerara el paso. Su objetivo era salvar al Presidente.

“Cuando entro al Palacio aparecen detrás de mí dos oficiales armados con ametralladoras y me dije bueno, hasta aquí llegué, me jodí (…) en ese momento se me vino un cúmulo de cosas a la mente. No tomamos acciones preventivas (…) Me puse salvar y me dirigí a hablar con el Presidente que estaba reunido con Alfaro Uvero, Ávila Vivas, prácticamente recibiendo un regaño”, comentó.

Foto: Biblioteca Nacional

Pérez reclamaba que lo habían engañado, estaba diciendo groserías, muy molesto. En ese momento, se escuchó un ruido estruendoso que ensordeció a todo el Palacio Presidencial.

“Salí con un edecán y veo que viene un tanque disparando. Pasaron 5 y uno se paró en frente de nosotros. El Teniente Coronel Fuenmayor le agarra el fusil al militar que se bajó y le dice ‘los voy a matar como una cuerda de coño de madres’. Yo salí corriendo a mi oficina, me acosté en el piso, me puse el teléfono en el pecho y empecé a llamar al Ministro de la Defensa (…) no aparece. Hasta que me atiende el coronel del Ejército Rangel Rojas (…) me dice, compañerito no puedo ayudarte”.

“Saliendo del palacio venía un tanque bajando de Llaguno, que era el que iba a bloquear la puerta”

Según Carratú, el único que lo apoyó fue Mata Cardona. Le pidió dos horas, tiempo que no podía esperar. Posteriormente, se dio el escape.
“Me fui por un pasillo subterráneo y salí frente al Presidente (…) Yo le dije: Presidente lo vengo a sacar del Palacio. Me dijo que no porque, en sus palabras, ‘estos malditos militares estaban asaltando la Constitución’. Le dije no podíamos resistir. Me dio 5 minutos y salimos.

Carratú rompió una puerta de vidrio y le dijo al chofer que se alistara. Fueron al carro, metió al Presidente, luego a Ávila Vivas, un soldado Jefe de la escolta civil, el chofer y él. Cuando salieron fue un poco aparatoso porque las puertas no abrían, pero lo lograron. Saliendo del Palacio, la situación se complicó aún más.

Foto: Biblioteca Nacional

“Saliendo del palacio venía un tanque bajando de Llaguno, que era el que iba a bloquear la puerta”. La salida no fue escogida por conocimiento, sino por suerte y cercanía al lugar en el que se encontraban y por el que estaban escapando. “En ese trayecto el Presidente me dice que quería ir a la radio”, pero fueron a Venevisión.

Fue ese el momento en el que Carlos Andrés Pérez se dirigió al país. Este discurso marcó el principio del fin. Posteriormente, llegó Eduardo Fernández, el líder opositor del Gobierno de Pérez, que quería, justamente, hacer lo mismo que el Jefe de Estado.

El encuentro en Venevisión

Foto: Biblioteca Nacional

Llegaba a su casa después de una reunión con amigos, donde por cierto, le habían regalado un libro titulado “Seize the opportunity” o “Aprovecha la oportunidad”. Nada le hizo pensar al entonces líder opositor, Eduardo Fernández, que tan irónico título para el día que estaba viviendo, iba a ser casi una sátira del turno que le tocó tomar y que desbordaría su carrera hacia la presidencia.

Se recostó a leer y recibió una llamada de Ángel Vivas. Sin embargo, las ganas de Fernández de leer su libro eran tales, que no le prestó atención. “Esto debe ser una bola más”, dijo, utilizando la jerga de la época. “Un rumor y no le podía dar crédito“. Al cabo de unos minutos, lo llama Gustavo Tarre Briceño, diputado al Congreso y miembro del Partido Copei, para confirmarle la noticia.

“Yo suponía que los golpistas eran lo suficientemente competentes como para haber tomado las televisoras”, dijo Eduardo Fernández

La situación, para Fernández, era más grave, ya que hasta ese momento se pensaba que Carlos Andrés Pérez estaba en Suiza. Consideraba que su responsabilidad era más grande porque después de Pérez el líder que había tomado más votos de confianza, era él. Envuelto entonces en el deseo de detener la acción militar que se había llevado a cabo desde horas de la mañana sin su conocimiento, pidió acceder a una radio.

“Yo suponía que los golpistas eran lo suficientemente competentes como para haber tomado las televisoras. Estos se empeñaron en tomar la casa donde vivía la familia del Presidente en vez de los medios de comunicación. En eso me comunico con mi esposa y ella me dice que han pasado un mensaje de Pérez por Venevisión, lo que quería decir que aún no había sido tomada”, recordó.

Pérez y Fernández conversaron con los jefes de las armas que componían las Fuerzas Armadas: Ejército, Aviación, Fuerzas Navales y Guardia Nacional

Empezó entonces así, su recorrido por las calles de Caracas rumbo a la colina que abraza el canal de televisión. Según el relato de Tarre Molina en el libro El Espejo Roto, a su llegada a Venevisión, se les prohibió la entrada, acción luego confirmada y ordenada por Iván Carratú, Jefe de la Casa Militar de Pérez. Para su sorpresa, el Presidente de la República, no solo había llegado de Davos, sino que estaba a salvo.

“Yo pedí que me facilitaran los medios para comunicarme con el país y condenar en los términos más enfáticos los hechos que estaban ocurriendo, porque en un país civilizado se cambia con los votos, no a punta de balas“, reflexionó Fernández.

Pasaron las horas. Pérez y Fernández conversaron con los jefes de las armas que componían las Fuerzas Armadas: Ejército, Aviación, Fuerzas Navales y Guardia Nacional. Estos intentos fueron en vano, ya que no conocían la realidad. Mientras ellos se trataban de comunicar, Hugo Chávez, Joel Acosta Chirinos, José Urdaneta Hernández y Francisco Arias Cárdenas, ya habían detenido a varios altos mandos militares del Gobierno.

Foto: Captura de la segunda alocución de Pérez

La segunda alocución de Pérez fue contundente, lo que pocos saben, es que la idea fue de su principal rival político. “Después del primer discurso del presidente Pérez, yo le sugerí que hiciera un segundo mensaje. En el primero lo había notado muy alterado. Entonces recordé la estrategia del General De Gaulle tras el golpe que le habían dado en Argelia. Le propuse que se dirigiera al país bien arreglado, con una bandera de Venezuela atrás y que hablara como jefe de Estado, dando las órdenes de rendirse. Comenzaron a buscar todo en Venevisión, lo colocaron y antes de salir al aire tuve que pararlos. Me acerqué, tomé la bandera y dije ‘esta es una bandera de Colombia’”.

“Imagínese que hubiese salido eso y alguien se hubiese dado cuenta (…) pensarían que Pérez se había ido a Colombia y que estaba transmitiendo desde allá”, resaltó entre risas.

El final de los hechos

Foto: AP

Todo el peso cayó sobre el batallón de paracaidistas porque toda la brigada fue sacada de sus cuarteles para ir al golpe”, dijo Joel Acosta Chirinos. Chávez, Urdaneta Hernández y Chirinos comandaron. Él tenía la misión de atacar 5 objetivos.

Yo estuve en la conquista de La Carlota y otro objetivo era la toma del canal 8. Yo envié a un subteniente para allá y fue engañado porque los técnicos. Me llamó y me dijo que le habían asegurado que el formato VHS no era compatible con sus equipos y se fue”, explicó entre risas.

El famoso “por ahora” fue consecuencia de una decisión que Ochoa Antich hoy reconoce, estuvo errada

“Otro Teniente que iba a tomar la DIM se consiguió con un Coronel y se puso a desayunar con él y no lo logró”, mencionó Chirinos.

Tras varias horas del golpe, el General que estaba preso bajo su mando, lo llama y le pide cesar el levantamiento militar: “El General me dice Acosta no siga sacrificando la tropa, porque Chávez se va a rendir pronto. ¿No es un tal Chávez el que está comandando? Y yo le dije que sí”.

Se dio cuenta que el presidente Pérez había comunicado la noticia. Acosta Chirinos, siguiendo la realidad que ya observaba, se rindió pero pidió que no maltrataran a las tropas.

“El General me dijo que me tranquilizara que no les iba a pasar nada y minutos después recibí a Arias Cárdenas que venía en un Bronco, imagino con la intención de soltarlo en el camino. Nos saludamos y me di cuenta que Arias venía muy emocionado y no preguntamos ¿Qué vamos a hacer? Fracasamos, vamos a responder por lo que hicimos“, recordó.

Chirinos se rindió en La Carlota tras conocer que Chávez hablaría en TV. Los “problemas en la comunicación” fueron un error fundamental en la estrategia

Mientras tanto, un joven Hugo Chávez salía por una de las puertas del Museo Histórico. En vivo y en directo, se disponía a mencionar su famoso “por ahora”, algo que no solo molestó a Pérez, sino que fue permitido por Ochoa Antich.

“Yo entré al despacho del presidente Pérez”, narró Ochoa Antich, “y solicité la autorización para que saliera. Él me insistió en que fuera grabado, pero cuando se lo comuniqué a Daniels y el me insistió en el peligro de la situación”, y aseguró que en ese momento “yo tomé la decisión”.

Quizás tuve que haber seguido la orden del Presidente, pero lo que se buscaba era evitar el efecto contagio dentro de las Fuerzas Armadas, pero no pude prever el efecto político tan importante que tuvo”, expresó.

A pesar de haber sido este uno de los momentos más resaltantes en el análisis político de la situación, Ochoa Antich aseguró que Pérez u él nunca hablaron de ese tema: “De eso nunca discutimos, ni me reclamó ni nada (…) yo no lo vi en la televisión, yo estaba en otros problemas”.

“Reconozco ahora que fue un error, no debió ocurrir de esa forma. Cuando el Alto Mando habló conmigo y me recomendó esa acción, estaba convencido de que se iniciarían los combates, sin duda la recomendación y mi decisión eran convenientes. Ahora es que conocemos a este señor, en ese momento, era un oficial más de las fuerzas armadas”, respondió.

Las anécdotas

Cada uno de ellos, protagonistas de la otra cara de la moneda, recuerdan el momento que definió la fecha. Había terminado el golpe, pero la herida estaba abierta.

Iván Carratú recordó como a pesar de la intentona de golpe, los soldados se le pararon firmes a Pérez. “Veníamos de Venevisión hacía el Palacio; caminamos de la Pastora, y pasamos frente a la tropas alzadas, todos los soldados saludaron al Presidente ‘buenas noches señor Presidente’, lo respetaban. Pasamos entre los tanques y los soldados que estaban recogiendo sus cosas; ellos fueron engañados por los jefes y eso de un Comandante militar deja mucho que desear”.

Pero el recuerdo de Ochoa Antich, puso de manifiesto el sentimiento de Carlos Andrés Pérez: “A los pocos días pasados el 4 de febrero, estábamos en una reunión de gabinete en Miraflores y llegó una información de que iban tanques al Palacio. Nos pusimos de pie y salimos; en ese momento escuché al Presidente Pérez decir una frase que me impactó mucho: ‘¡Esto no es justo, esto no es justo!’ (…) eso me dolió mucho”.


Por: Ana Vanessa Herrero / Departamento de Investigación / Noticias24
Edición y montaje: Harold Martínez / Noticias24

Recopilación de la serie “Las caras del 4F”, publicada en febrero de 2012

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