Publicado el 07 de feb de 2013 8:28 am |

  comentarios

Foto: Noticias24 / Archivo

(Caracas, 07 de febrero. Noticias24) – Según la Encuesta Mundial de Costo de Vida, realizada por la consultora Unidad de Inteligencia Económica (EIU) Caracas es la novena ciudad más cara del mundo, sin embargo la BBC señala que ese poco atractivo honor es el resultado de las distorsiones en la medición por cuenta de la tasa oficial de cambio.

Establecen que los investigadores de EIU acuden a supermercados, tiendas de nivel medio y almacenes especializados en sectores más pudientes para recoger el precio de 160 artículos, los mismos en todos lados, no adaptados a los patrones de consumo locales.

En total, cada marzo y septiembre, recopilan más de 50.000 precios, que no son los recomendados por los fabricantes o distribuidores sino los que efectivamente paga cada consumidor y convirtiendo los datos a dólares.

Lea a continuación el artículo completo:

Es decir, olvídese de Nueva York, Rio de Janeiro o cualquiera de las grandes urbes de Canadá, en América lo caro es Caracas. ¿Cuánto puede tener esto de verosímil? La descripción es sólo parcialmente cierta. Y los mismos autores del estudio lo reconocen.

El caso es que para elaborar la encuesta mundial sobre el costo de la vida, en EIU emplearon la tasa de cambio oficial venezolana y eso tiene poco que ver con la realidad de la economía que gobierna Hugo Chávez desde hace 14 años.

No es falso que en la capital del socialismo bolivariano muchas cosas pueden ser extremadamente caras, sobre todo las importadas y no hay que olvidar que el consumo privado depende altamente de las importaciones.

Tampoco ayuda la inflación, que ha sido un problema durante los últimos años: el 20% de 2012 viene de dos ejercicios en que se superó el 27%.

En EIU emplearon la tasa de cambio oficial venezolana y eso tiene poco que ver con la realidad de la economía que gobierna Hugo Chávez desde hace 14 años.

Sin embargo, a la hora de comparar internacionalmente los precios venezolanos hay que tener en cuenta que estamos ante una realidad distorsionada por el estricto control cambiario que rige en el país desde hace ahora justo una década y por la existencia de un mercado de divisas paralelo.

Es decir, aunque está prohibido publicar en los medios el precio del dólar paralelo, no es difícil comprobar que quienes acuden al mercado negro en busca de bolívares fuertes pueden conseguirlos por un tercio o hasta un cuarto de la tasa oficial de 4,3 cada dólar.

¿De las más baratas?

El estudio de EIU reconoce que cualquiera puede sorprenderse de ver a Caracas con niveles de precios similares a los de algunas de las ciudades más desarrolladas del mundo. De hecho, las otras nueve que la acompañan en el top ten, suman cinco países: Japón, Australia, Noruega, Singapur, Suiza y Francia.

Así, si usaran los precios del dólar paralelo, eso “haría que Caracas se uniera a las ciudades más baratas de la clasificación, junto a Mumbai y Karachi”.

Eso, no obstante, también sería distorsionar la realidad del día a día de los venezolanos que ni cobran ni viven en dólares paralelos. De hecho, sufren su depreciación a la hora de adquirir bienes como los automóviles usados, cuyo precio suele fijarse en bolívares en función de los dólares que el vendedor espera obtener en la divisa estadounidense.

Por otra parte, hay bienes que empujan la cesta de la compra venezolana hacia abajo. Sin ir más lejos, algo que pesa mucho en las cuentas domésticas de cualquier ciudadano del mundo, el combustible, los venezolanos lo tienen a su disposición virtualmente gratis: la gasolina más barata del mundo.

También los artículos sometidos al sistema de clic fijación de precios pueden resultar más asequibles que en otros países. El problema es que también suelen ser los más afectados por la clic escasez.

La cuestión, sin embargo, está en que no resulta posible comparar los precios en la economía venezolana a las de otros países porque no se sabe cuánto vale el dólar, o mejor dicho, cuál de los diversos precios se debe aplicar a cada movimiento económico.

“Hay varios precios en el ‘mercado negro’, pero el Banco Central no dice cuánto se hace a una tasa y cuánto a otro para poder hacer un promedio. Esto es parte de la distorsión que tenemos”, comentó el economista José Guerra, exdirector del Banco Central de Venezuela.

“Efectivamente, el venezolano gana en bolívares pero lo que come y las medicinas son importadas”

Guerra, vinculado a la oposición, le explicó a BBC Mundo que el precio del dólar es trascendental en el día a día de los venezolanos a través de las importaciones. “Efectivamente, el venezolano gana en bolívares pero lo que come y las medicinas son importadas. Claro que es muy importante el tipo de cambio”.

Guerra cita cifras del Banco Central para señalar que el 35% de la oferta total de bienes y servicios es importada. “En el año 1998 era de un 20%”, agregó.

Cambio fijo

Todas estas distorsiones tienen como telón de fondo el rígido sistema cambiario que se implementó a principios de 2003 para evitar la fuga de capitales y la alta inflación que sufría el país, que entonces vivía tiempos políticos muy convulsos.

Con una intentona golpista reciente, la crisis institucional y el paro de los trabajadores de Pdvsa para exigir la salida de Hugo Chávez golpeaban duramente la economía del país, que llegó a perder un 15% del PIB ese año.

El gobierno atajó la inicial fuga de capitales con la fijación de un rígido sistema cambiario que ha considerado “absolutamente necesario” mantener pese a las fuertes críticas que recibe de analistas económicos críticos con la gestión chavista.

Con inflación

Los venezolanos tienen tasados unos cupos de dólares para viajar, comprar por internet o usar tarjetas de crédito. Para conseguirlos, tienen que pasar por la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), que los distribuye a un cambio de 4,3.

Otras tasas son las del Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), donde es de 5,3, o la que se obtiene comprando títulos emitidos por la petrolera estatal Pdvsa.

Este peculiar sistema no ha impedido, como era su intención original, que los venezolanos hayan padecido una de las tasas de inflación más altas del mundo.

En 2012, el índice de precios al consumo creció en alrededor del 20%. Los dos ejercicios anteriores la tasa había sido de algo más de un 27% respectivamente.

Desde la oposición se apunta que la razón para mantenerlo está en el enorme poder político del que dispone quienes tienen la potestad de decidir qué empresario obtiene dólares y consiguientemente puede importar.

Por: Abraham Zamorano
BBC Mundo