Publicado el 13 de feb de 2013 7:46 am |

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Foto: Noticias24 / Archivo

(Caracas, 13 de febrero. Noticias24).- La importancia del papel que desempeñan el vicepresidente Nicolás Maduro y el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, luego de que el presidente Chávez viajara a Cuba en diciembre pasado, fue abordada por el diario La Verdad.

Los dos altos funcionarios han actuado en una sola dirección: mantener el nombre del líder revolucionario en alto, mientras se recupera de una operación a la que fue sometido el 11 de diciembre.

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Se convirtieron en una dupla. No hay acto político de relevancia donde no aparezcan juntos. Tras más de 60 días de ausencia del presidente Hugo Chávez, el vicepresidente Nicolás Maduro y el jefe del Parlamento, Diosdado Cabello, se han convertido en un binomio inseparable.

En cada discurso reiteran que no hay divisiones internas, que se llevan bien, que son leales a las doctrinas revolucionarias y que le guardarán el puesto al mandatario nacional hasta que se recupere de su cuarta operación de cáncer. Dos especialistas hacen un análisis sobre el escenario actual.

La coexistencia de una República civil frente a una militar estima que existe en Venezuela el politólogo Omar Noria, profesor de la Universidad Simón Bolívar. Aunque, advierte que la segunda, la uniformada, gana terreno ante la nueva dinámica que surgió con la ya prolongada ausencia del presidente Hugo Chávez por más de dos meses.

“Lo que está ocurriendo es que se intentan ocultar las posibles tensiones que tengan internamente. Las que el PSUV vive frente a la ausencia palmaria e inocultable del jefe de Estado”.

El Gobierno se ha desdoblado en dos partes, estima Noria. El vicepresidente Nicolás Maduro, que representa el área civil, y Diosdado Cabello, presidente del Parlamento, quien inclina la balanza al mundo militar. “Tratan de parecer como un solo gobierno”, considera el analista, por lo que asume como parte de la estrategia las constantes presentaciones públicas a dúo: “Cada uno representa un ala que es necesaria a los efectos de exorcizar cualquier tema vinculado a la falta de gobernabilidad”.

El pasado 4 de febrero, tanto Maduro como Cabello, hicieron mítines en conmemoración del golpe de Estado de 1992. Como un evento de “teatro militar” lo califica Noria, donde destaca que incluso el vicepresidente -sin ningún estudio castrense- copió el saludo militar. “Hay un sentido de juego político. Este es un Estado militar, con las connotaciones que eso implica, sobre todo el de ser un Estado obediente”.

Imagen colectiva
La estrategia principal que utiliza el Ejecutivo implica un mensaje de fondo: “La ausencia de Chávez no ha mellado la calidad del Gobierno, que ellos siguen gobernando”, estima el analista. Hay, dice, un ejercicio de gobierno donde -a través de discursos y campañas- se intenta crear una imagen de que el jefe de Estado sigue gobernando, aunque “su falta esté cada vez más manifiesta”.

Incluso las recientes investigaciones que activó el oficialismo contra dirigentes opositores, considera Noria, forman parte de la estrategia para ocultar la ausencia de Chávez. “La vehemencia con que ellos amenazan y anuncian la represión lo que intenta es demostrar esta unidad, es un reto que tienen por delante”, pues deben revertir la tesis de que el chavismo no tiene viabilidad sin el jefe de Estado.

“El reto es demostrar que se ha consolidad doctrinalmente el gobierno chavista y que ellos van a seguir el manual, que son leales y que Chávez está presente”. ¿Cuánto tiempo puede durar esta situación? No tanto, calcula Noria. A su juicio, la realidad económica del país, sumado a las deficiencias en materia de seguridad, demostrarán a los ciudadanos que la realidad “es más abrumadora de lo que se preveía”.

Ningún ser humano es sustituible. Bajo esa premisa la socióloga Maryclen Stelling, profesora de la Universidad Católica Andrés Bello, desestima que el vicepresidente Nicolás Maduro y el jefe del Parlamento, Diosdado Cabello, busquen reemplazar a Hugo Chávez.

Especialmente al primer mandatario nacional, en quien la especialista observa “características bien marcadas en su capacidad discursiva, de elaborar etiquetas increíbles, de oratoria y visión política”.

La función de la alianza Cabello-Maduro es, en buena medida, “política-burocrática”, considera Stelling. Mucho más, dice, en el caso del vicepresidente, quien recuerda que “prácticamente fue seleccionado por Chávez como líder de un proceso revolucionario”. Lo de Cabello es distinto, pues estima que tiene un rol más frontal y agresivo al estar al frente del Parlamento: “Allí hay como una suerte de equilibrio, esas dos cosas que se reunían antes en una sola persona”.

Detecta Stelling una apuesta desde los sectores de oposición para motorizar una fractura en el chavismo. “Buscan que exista una confrontación entre un sector civil comandado por Maduro y otro militar, liderado por Cabello”, por lo que dice que ambos funcionarios estarían obligados a demostrar lo contrario: “Tienen que trabajar en equipo. Están haciendo las cosas a su manera, dentro de las características de personalidad que cada uno tiene”.

Conexión emotiva
En el chavismo saben cuál es la estrategia y parece que actúan bien. Así lo analiza la socióloga, para quien están bien orientadas las últimas propagandas que han impulsado desde el oficialismo, que buscan mantener activa la presencia de Chávez: “Me resultan interesantes las últimas propagandas, donde se utiliza la imagen del Presidente constantemente”.

Estima que el chavismo ha sabido utilizar fechas históricas importantes -como el 4 de febrero- para “rememorar los logros de Chávez para el proceso, para tener muy presente la figura, y eso alimenta esa relación emotiva”.

Es que para Stelling los seguidores del presidente Chávez tienen una conexión mucho más allá de lo racional con su líder, aspecto que le permitirá al oficialismo desacelerar el desgaste en la conexión popular. “Su vinculación va en el plano profundamente afectivo-emotivo, casi en lo religioso. Cuando tienes una condición así, convertido casi en un ser mítico, es muy difícil predecir cuándo esa espera se va a agotar”. Así también lo refuerza la estrategia que sigue el discurso de Maduro-Cabello: está presente para los ciudadanos que lo apoyan más allá de la ausencia: “Está presente simbólicamente, emotivamente”.

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