Publicado el 28 de feb de 2013 8:37 am |

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Foto: Cortesía de El Líder

(Caracas, 28 de febrero. Noticias24) – Pompeyo Davalillo nació en el sector La Rosa Vieja, de Cabimas, el 30 de junio de 1928. Allí dio sus primeros pasos en el béisbol y fue uno de los primeros venezolanos en participar en las Grandes Ligas.

Video: Cortesía Panorama

Davalillo se inició en la pelota el 17 de octubre de 1952 con el uniforme de los Leones del Caracas, tras concretar en la primera campaña 40 incogibles en 150 turnos al bate. En todo su historial en la pelota local, concretó 483 hits, apenas 3 jonrones y 131 carreras impulsadas. En las grandes ligas defendió la camiseta de los Senadores de Washington en la liga americana.

Obtuvo un campeonato con los Leones del Caracas (1994-95) y también dos como dirigente de las Águilas del Zulia (1991-92 y 1992-93). Es un ícono de la estrategia en el béisbol venezolano, así como uno de los grandes ídolos del equipo melenudo.

Foto: Cortesía de El Juego Perfecto

Su estado de salud fue complicado, tras sufrir tres accidentes cerebro vasculares. En octubre del año pasado se complicó con una infección respiratoria e insuficiencia renal crónica, que hicieron necesaria la hemodiálisis.

El 28 de agosto de 2011, Davalillo fue victima de tres delincuentes, quienes portando armas cortas irrumpieron en su casa ubicada en el barrio Francisco de Miranda, parroquia Raúl Leoni, y tras someterlo a él y a dos de sus hijas, los asaltaron.

Entre los objetos que se llevaron los hombres estaba un reloj que el Presidente de la República, Hugo Chávez, le regaló. También se llevaron equipos electrométricos y, posteriormente, huyeron en una camioneta.

El exgrandeliga zuliano Pompeyo Davalillo falleció la madrugada de este jueves a sus 84 años de edad, según una información suministrada por el diario Panorama.

El ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas, publicó a través de la red social Twitter, las anécdotas entre el presidente de la República Hugo Chávez y Pompeyo Davalillo.

Recuerdo a Pompeyo Davalillo, impresionante pelotero. Era el líder ahí en el dogout, sabía cómo motivar a un equipo a dar la batalla, cómo trascender lo individual. Nunca olvido a Pompeyo y sus jugadas, su maestría.

Me tocó la maravillosa oportunidad de ser su coach y asistente. Y él me decía: “Chávez, si el juego es a las diez de la mañana, deben tenerme el equipo a las siete en el terreno. Uno se acostumbró siempre a una hora antes, dos horas antes, pero ¡¿tres horas?! Y era para conversar, mirando al adversario.

“Mira, aquel que va allá es el center field, tiene buen brazo”; “aquel es el primer bate, batea la recta de afuera”. Y hablando con el pitcher y con el catcher. En una ocasión nos enfrentamos a un equipo que era mucho mejor que el nuestro. Mejor “pitcheo”, bateo, mejor defensa, así que era una batalla muy dura.

Era el juego final de un campeonato militar. Y Pompeyo me dijo: “Vamos a ganar este juego así, chiquitico, con jugadas. Y el catcher, en cada lanzamiento miraba a Pompeyo y era él quien le decía: “Curva”. Y señas: “Afuera”. Se ponía la mano en la rodilla, aquí era adentro, allá afuera; una mano aquí, otra mano por el otro lado.

Era impresionante, aquel hombre dirigía el equipo lanzamiento por lanzamiento, y comiendo caramelos. Llegamos al séptimo ininng cero a cero. Se nos cayó la defensa, rolling al short, tiro malo a primera. Un toque de bola, el pitcher agarra, tira mal a segunda. Entonces me dijo Pompeyo: “Así no se puede ganar. Más no puedo”. Y perdimos el juego tres a dos. Hicimos después dos carreras a punto de toque de bola, robo de bases, un hit and run, un squeeze play suicida, bueno, casi ganamos el juego.

¿Jugar contra Pompeyo? Miren, ¡hay que ponerse las pilas! Fue manager del equipo de béisbol de la UCV durante muchos años y en la Academia Militar nos tocó jugar contra ellos. Cualquier jugada era posible. De repente con dos outs, ¡pum!, toque de bola, y todo el mundo quedaba sorprendido. Doble robo, hombres en segunda y primera, robo retardado. Pompeyo Davalillo hacía eso, mandaba a hacer el robo retardado, y se volvía loco todo el mundo. Un día mandó triple robo retardado. Tres en base, sin out, triple robo, toque de bola, ¡terror!, el otro equipo se aterrorizaba. Con un estratega como ese, ya el otro equipo está temeroso; cuidado, que cualquier cosa puede ocurrir. A veces incluso rompiendo las reglas.

Pompeyo Davalillo no quiso ir a la fiesta después del juego de softbol. Quedamos empatados contra la Unellez de Barinas, y me dijo: “Mira, Chávez, yo lo que quiero es jugar dominó, chico”. ¿Aquí juegan dominó también? Y se fue por allá a jugar dominó y perdió hasta la cartera.

Por: Ronald Romero / Departamento de Investigación de Noticias24
Foto: Cortesía de Notitarde