Publicado el 03 de mar de 2013 11:30 am |

  comentarios

(Caracas, 03 de marzo. Noticias24) – El Suplemento Siete días de El Nacional, publicó este domingo una crónica de algunos sucesos ocurridos en el país y que llama a la reflexión a los Venezolanos: “En Venezuela, cada vez los homicidios son más crueles. Cada vez las historias de las páginas de sucesos son mas atroces. Cada vez la sociedad se alarma menos con el horror. Ya no hay fronteras entre robar y matar”.

A continuación, parte de la crónica de El Nacional:

Ni los curas se salvan de la delincuencia

Hace veinte años los vecinos habían acordado con él una clave si se presentaba una emergencia. “Me dijeron: padre, si a partir de las 8:00 pm ve una cosa rara no salga, toque las campanas de la iglesia que nosotros acudimos”. En varios robos que sufrió la parroquia, nunca sintió necesidad de alertar a su feligresía, pero el 15 de enero, a la 1:15 am, creyó forzoso hacer mucho, mucho ruido y nadie salió.

Al cura de la parroquia San Martín de Porres de Caricuao, Marco Robayo, no lo mataron esa noche. “Pero sí lo molieron a golpes, en el mismo lugar en el que fue ultimado un fotógrafo para quitarle la cámara”. La cara del clérigo de 80 años de edad apareció desfigurada al día siguiente en diarios y noticieros de televisión. Es cierto que no lo asesinaron (“en este país se da gracias a Dios por salir vivo de un robo“), pero al delincuente no le importó que fuera un anciano ni un religioso para caerle a puños sin piedad, hasta dejarlo en el piso.

El agresor tenía 19 años de edad y era de la zona, le quitó un reloj solo después de descargar su furia contra él.

El muchacho sabía que yo era el cura, pero eso no lo coartó. Creía que no me podían agredir, por eso salí, porque hay ciertos límites de respeto, pero en esta ocasión se sobrepasaron. Esa agresividad estoy seguro de que tenía que ver con droga”, relata. Tras su experiencia cree que había principios que eran propios de la sociedad venezolana, que incluso respetaban los mismos delincuentes. “Pero ya no hay límites, el trabajo de ellos es robar y matan a quien se lo impida, simplemente. Hay una especie de odio contra el que tiene”.

“Hoy día a la familia le matan a un ser querido, lo llora, lo entierra y sigue adelante, nadie denuncia, la gente sabe que no vale la pena. Antes, cuando había alguna persona sospechosa, yo llamaba a la policía y venía. Ya no viene”.

No todos los que son víctimas de la delincuencia, puede contar su historia como el sacerdote Robayo. Sin embargo, cada vez aumenta el número de casos y se dan a conocer historias crueles. “El horror es la cotidianidad”. El psicólogo y criminólogo Omar Arenas Candelo, afirma que los crímenes con saña son más comunes en las sociedades anómicas (faltas de leyes). “Delito hay en toda sociedad, pero cuando hay anomia se evoluciona de una delincuencia fraudulenta a una delincuencia violenta”.

Asegura que: “la sociedad se hace insensible, producto del acostumbramiento y se instala una cultura de la muerte. No hay control social, ni formal ni informal, porque las instituciones no funcionan y los grupos primarios tienden a desintegrarse”.

7 de enero de 2013. Jamás pensó que las travesuras de “su perrita” le causarían la muerte.

Anthony Parra, de 25 años de edad, estaba en una playa del litoral con su perrita Princesa. Inocente y simpaticona, la mascota olisqueó a un hombre que paseaba. Este se molestó por tal atrevimiento y amenazó a su dueño. Horas después, Parra partió a Caracas en una camioneta y se bajó en la estación Gato Negro. Allí lo esperaba, en una moto, el hombre que lo había amenazado y que no olvidaba la “ofensa” del animal. Le dio tres tiros y cuando cayó le dio tres más. El joven falleció.

12 de febrero de 2013. Choco por descuido, asumió la responsabilidad y lo mataron

José Jiménez iba por Barquisimeto en su vehículo con su hijo de 5 años de edad como copiloto. Chocó con otro carro por detrás. El otro conductor reclamó. Él le ofreció 500 bolívares para reparar el daño, la respuesta del chofer fue inesperada: sacó su pistola y disparó, disparó, disparó. El hombre corrió al auto y aceleró. Entonces vio que su hijo estaba lleno de sangre. Un balazo lo había alcanzado. Llegó muerto al hospital.

“Los motivos fútiles se repiten en muchos ataques con saña. Una discusión por un choque, una pelea durante un juego de cartas, unos zapatos de marca. La frivolidad del móvil es una constante. Como psicólogo, Arenas Candelo piensa que la sociedad sufre una patología y por eso el crimen está relacionado con acciones y reacciones muy desproporcionadas por parte del delincuente”.

Con información de El Nacional

Comentarios desactivados para esta noticia.

Venezuela » en esta sección

buscador