Publicado el 09 de mar de 2013 7:00 am |

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Foto: Geraldo Caso / AFP Photo

(Caracas, 09 de marzo. Noticias24) – El diario El Nacional publicó que las exequias al presidente Hugo Chávez “se han realizado en dos escenarios de la institución armada que representan el comienzo y el fin del alzamiento del 4 de febrero de 1992“.

Asimismo, Carlos Guyón, exdiputado y capitán retirado que participó en el 4-F, expresó que “el Gran Hall es un sitio sagrado, donde se colocan las placas de todas las promociones. Los viernes a primera hora se hacen las misas para pedirle a Dios por la semana. Es un sitio casi prohibido para el cadete”.

El medio agregó que Chávez “como Presidente, ordenó cambiar los propósitos de la instalación: allí funciona el Comando Nacional de la Milicia Bolivariana y en su fachada se despliegan las letras 4–F, que recuerdan la fecha en la que fue derrotado. Ya no es el cuartel de un alzado, sino la morada desde donde los seguidores del Primer Mandatario intentarán inmortalizarlo“.

A continuación el texto publicado por el medio:

Hugo Chávez, presidente de la República fallecido, reposa en su féretro con el uniforme de gala del Ejército y la boina roja de paracaidista, el cuerpo élite de combate del cual formó parte.

Lo han velado en capilla ardiente en el salón principal de la Academia Militar y lo expondrán en urna de cristal en el Museo Histórico de la Fuerza Armada Nacional. Las exequias se han realizado en dos escenarios de la institución armada que representan el comienzo y el fin del alzamiento del 4 de febrero de 1992.

El primero fue clave en la gestación de la insurrección contra Carlos Andrés Pérez y el segundo fue el lugar de su rendición esa misma fecha. La derrota militar de entonces la transformó en una victoria política al cabo de seis años, cuando llegó con votos a la jefatura del Estado, de la cual no salió definitivamente sino con su fallecimiento.

Academia Militar 2013: un ciudadano se acerca a la urna de Chávez. Le dedica el saludo que los integrantes de la FAN le dan a los oficiales superiores: pone rígida la palma de la mano derecha y la lleva a la altura de la sien.

El civil que acaba de hacer la venia militar puede que no recuerde un episodio ocurrido en ese lugar 31 años antes. Fue en 1982 y el presidente era apenas un teniente – a punto de ascender a capitán– que ordenó reunir en el patio a los cadetes.

Les dio una arenga en la que criticó la actuación de Gran Bretaña en la guerra contra Argentina por las islas Malvinas. Así fue como Florencio Porras conoció al futuro jefe del Estado. El ex gobernador de Mérida, quien participó el 4–F en el intento de golpe contra el presidente Pérez, tenía 17 años de edad. “Nos decíamos: ‘Bueno, este teniente está loco, diciendo estas cosas y exponiéndose a que le llamen la atención’”, relató en una entrevista que le concedió en 2010 a José Sanz Rotz.

Chávez ya había ascendido a capitán cuando fue designado oficial de planta de la Academia Militar en 1984. Esa cualidad le permitió impartir un curso de historia a promociones posteriores.

Aprovechó su posición para conspirar y desarrollar una serie de contactos clandestinos con los militares en formación que, después, participaron en el intento de golpe de 1992 y que hoy ocupan cargos clave de poder político y castrense.

La academia –así lo explica el general de división retirado Fernando Ochoa Antich– sirvió como el epicentro de las células que se organizaron para captar y adoctrinar a jóvenes oficiales que se graduaron entre 1985 y 1987 en el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, cuya fundación se hizo en 1983 con el juramento del Samán de Güere (Aragua) que lideró Chávez.

Las críticas a la democracia eran un patrón común. En la institución, el gobernante también sacaba partido de las actividades deportivas y culturales: allí ensayó el histrionismo, que después usó como arma política. “Le gustaba actuar”, recuerda Raúl Salazar, primer ministro de la Defensa designado por Chávez.

El Gran Hall. Así se llama el lugar de la Academia Militar donde velan a Chávez. Otro hombre se acerca y besa dos veces el féretro del gobernante muerto.

Quien hizo el gesto ayer no es un venezolano y mucho menos un ciudadano común: es Mahmud Ahmadineyad, el presidente de Irán. Siempre habló de su homólogo venezolano como un aliado estratégico: la nación persa que conduce ha sido sometida a sanciones de Naciones Unidas por un programa nuclear al que le atribuyen propósitos bélicos, lo que él ha negado, como lo hizo en vida Chávez.

Poco debe saber el gobernante iraní sobre el salón donde reposan los restos de su aliado. Carlos Guyón, ex diputado y capitán retirado que participó en el 4-F, lo describe así: “El Gran Hall es un sitio sagrado, donde se colocan las placas de todas las promociones. Los viernes a primera hora se hacen las misas para pedirle a Dios por la semana. Es un sitio casi prohibido para el cadete”.

Fue allí también donde el ex vicepresidente José Vicente Rangel le hizo una entrevista a Chávez en agosto de 2011. El Presidente tenía el cabello al rape y acababa de regresar de Cuba, después de los primeros tratamientos de quimioterapia contra el cáncer que luego le quitó la vida. Entonces le dijo a Rangel cómo valoraba la Academia Militar: “Para mí, es un templo”. Con un video de ese diálogo transmitido en cadena nacional se iniciaron los funerales.

Museo Histórico Militar de Caracas: 2013. Ayer, empleados de la Corporación de Servicios Municipales de la Alcaldía de Libertador trabajaban en el mantenimiento de las áreas externas: pintaban las paredes y podaban la maleza. Una compañía privada apuraba el paso para adecuar el sitio donde los restos del presidente fallecido serán exhibidos, como han dicho voceros del Gobierno, “para la eternidad”.

Alguna vez el lugar fue la sede del Ministerio de la Defensa, despacho gubernamental que fue mudado a Fuerte Tiuna en 1983 –como lo confirma el ex ministro Salazar– año en el que Chávez avanzaba en el reclutamiento de voluntades para sublevarse con las armas de la institución.

El museo fue escogido en 1992 por el entonces teniente coronel como centro de comando de los alzados del 4-F. El lugar, enclavado en la parroquia 23 de Enero, ofrece una perspectiva privilegiada sobre un punto estratégico: el Palacio de Miraflores.

Chávez logró movilizar tropas del 422 Batallón Antonio Nicolás Briceño, unidad de paracaidistas acantonada en Aragua. Los informes de la época del vicealmirante Elías Daniels, inspector general de las antiguas Fuerzas Armadas Nacionales, indican que 461 oficiales y tropas del batallón estuvieron involucrados en la insurrección.

Chávez se vio forzado a negociar la rendición aproximadamente a las 8:00 am, en medio de amenazas de un bombardeo de cazas F-16, de problemas de comunicación y del contraataque de las fuerzas leales al Gobierno.

Antes de abandonar el museo ordenó recoger las armas y reunió a los soldados en el patio, donde les dio un breve discurso. De allí fue conducido hasta el Ministerio de la Defensa donde se le permitió emitir la famosa declaración en vivo con el mensaje que indicaba que los objetivos de la rebelión no se habían cumplido “por ahora”.

Como Presidente, ordenó cambiar los propósitos de la instalación: allí funciona el Comando Nacional de la Milicia Bolivariana y en su fachada se despliegan las letras 4–F, que recuerdan la fecha en la que fue derrotado. Ya no es el cuartel de un alzado, sino la morada desde donde los seguidores del Presidente intentarán inmortalizarlo.



Por David González

Con información de El Nacional