Publicado el 10 de mar de 2013 5:18 pm |

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(Caracas, 10 de marzo – Noticias24).- El coordinador nacional de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (Jpsuv), Héctor Rodríguez, publicó esta tarde un breve y sensible relato en alusión a la despedida de Hugo Chávez, a través del portal web del Partido.

En el comunicado, cuenta cómo una “abuelita” le narró cómo Chávez continúa atendiendo a su pueblo, cómo este coordinó a su equipo de ministros, militantes y gabinete para hacer más llevadera la espera de quienes anhelaban despedirse de él en el hall de la Academia Militar, “Ella dice que al enterarte que afuera estaba el pueblo mandaste a abrir las puertas para atenderlos a todos. Les pediste que se organizaran para entrar, mandaste a los soldados a que los ayudaran, a que les dieran agua, a que los cuidaran y empezaste a atender uno por uno”.

Asimismo, señaló cómo tuvo la capacidad de reunir, en un mismo sitio, a líderes de los países que integran el Alba, Celac y que, incluso, “aprovechaste para atender delegaciones de otras latitudes, ella alcanzó a ver chinos, rusos, iraníes, estadounidenses, bielorusos y muchos otros, es impresionante ¡cuántos amigos tienes en el mundo!”.

En el relato, narrado a Rodríguez por la abuelita, especificó cómo Chávez llevó a cabo una “misa rara”, en la que congregó pastores y sacerdotes provenientes de distintas iglesias, “Hasta un pastor gringo te saludó en nombre de los humildes del mundo”, enfatizó refiriéndose al pastor Jesse Jackson, activista por los derechos civiles y pastor bautista en EE UU.

A continuación, lea el texto completo:

Comandante, hoy una abuelita me dijo que no descansabas. Dice que te vio por televisión “marchar”, junto a tu pueblo, durante más de siete horas; que vio cómo saludaste a todos cuando llegaste a Los Próceres, cómo saludaste a tus cadetes y a tus militares cuando llegaste a la Academia. Me dijo la abuelita, que luego convocaste al consejo de ministros ampliado, al hall de la Academia; que te reuniste con tus ministros, con el alto mando militar, con los gobernadores y que también convocaste a los diputados; que les hablaste durante horas de la historia de nuestra patria, del sueño de Bolívar, de lo que la gente te decía durante la marcha, de los gritos, de las flores, de los besos, de las lágrimas, del cielo azulito y las calles rojitas.

La abuela me cuenta que cuando el pueblo se enteró que estabas en la Academia te fue a ver, que fueron miles, que fueron millones y rodearon el fuerte, y rodearon la Academia y coreaban tu nombre. Ella dice que al enterarte que afuera estaba el pueblo mandaste a abrir las puertas para atenderlos a todos. Les pediste que se organizaran para entrar, mandaste a los soldados a que los ayudaran, a que les dieran agua, a que los cuidaran y empezaste a atender uno por uno.

La abuela cuenta que llevas varios días así, atendiendo a tu pueblo. Con tus ministros al lado, con tus militares, con tus diputados, con tus gobernadores, con tus amigos, has escuchado sus sueños y sus pesares, has recibido sus bendiciones, has secado sus lágrimas, has seguido sembrado esperanzas.

Según la abuela, hiciste una pausa, le pediste a tu pueblo que esperara un momento, que atenderías a algunos líderes del mundo. Tu pueblo esperó en calma, atento, apoyándote. Hiciste varias cumbres al mismo tiempo, te reuniste con los presidentes del ALBA para fortalecer la unidad de nuestros amigos, atendiste a los líderes de la CELAC y les recordaste nuestra responsabilidad de encontrarnos, más allá de nuestras diferencias ideológicas. También aprovechaste para atender delegaciones de otras latitudes, ella alcanzó a ver chinos, rusos, iraníes, estadounidenses, bielorusos y muchos otros, es impresionante ¡cuántos amigos tienes en el mundo!

Cuenta la abuela, que también te reuniste con los jovenes, recibiste atletas, estudiantes, luchadores sociales, niños, músicos. Como siempre, cantaste. Dudamel te acompañó con nuestra Sinfónica de fondo y retaste a Cristóbal Jiménez con algunos pasajes llaneros. Luego hiciste una misa rara, de las que llaman ecuménicas, con pastores y sacerdotes de distintas iglesias. Hasta un pastor gringo te saludó en nombre de los humildes del mundo.

Ella relata que inmediatamente te reuniste con Nicolás, que hablaron de historia y recordaron cómo nuestros próceres fueron traicionados, juraron que eso no nos pasará; hablaron de la Constitución y del Plan de la Patria, y de la espada de Bolívar. Esa fue una reunión bonita, educativa y reflexiva. Y luego seguiste, seguiste recibiendo a tu pueblo.

La abuelita, con mirada nostálgica, dice que te ha visto durante días con tu paciencia infinita, atender a los humildes que vienen de todos los rincones de tu patria, a los campesinos con sus botas llenas de tierra, a los militares que se te paran firme, a los estudiantes con sus mochilas, a los viejitos con sus bendiciones, a las madres con sus hijos en brazos o de su mano, a los trabajadores con su fuerza, a los indios con su pureza; a tu pueblo Comandante, que te sigue visitando, y en sus ojos llevan tu mirada, en sus lágrimas tus preocupaciones, en su corazón tu esperanza.

T/ Héctor Rodríguez Castro

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