Publicado el 02 de abr de 2013 6:53 am |

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Foto: AVN/ Archivo

(Caracas, 02 de abril. dpa) – Alrededor de un televisor y bajo un toldo rojo, unos cincuenta seguidores del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez (1999-2013) se reúnen a diario en “La esquina caliente”, en el corazón de Caracas.

“Es un punto de encuentro, participación, información, lucha y formación. Desde 1999 estamos acá todos los días desde las cinco de la mañana para educar al pueblo”, le explica a la agencia dpa Miriam Bolívar, de 65 años, coordinadora del movimiento.

El sol pega fuerte. Ella le pide a un compañero que le compre una botella de agua y luego se demuestra incondicional: “En invierno nos mojamos porque llueve mucho pero igual estamos”.

“Damos seminarios, talleres, charlas sobre la revolución”, dice Miriam, que no deja de repartir decenas de afiches y panfletos a color donde se mezclan los rostros de Chávez y del presidente interino, Nicolás Maduro.

“Venimos a buscar papel para estar enterados de todo. Hay que ver los programas, leer y escuchar”, dice a dpa Zoil Chamorro Castro, de 65 años, que está agradecido con Chávez por poder cobrar su pensión.

En el televisor está sintonizado el canal estatal VTV, donde desde hace rato Maduro habla en vivo. De pronto, se levanta y se va. Parece un reality político. Una cámara lo persigue mientras camina por unos pasillos y luego por la calle. Saluda a la gente y arenga: “¡Chávez vive!”. Minutos después, está en una escuela hablando con niños.

“Esta revolución es equidad para un pueblo que nunca tuvo nada. El logro más grande es haber formado y educado a un pueblo que no conocía sus derechos, no sabía leer y escribir”, comenta Miriam. Por momentos, su voz y su discurso se confunden con el de Maduro.

“Chávez no está físicamente pero sigue, vive eternamente. Perdimos al líder el 5 de marzo. Lo asesinaron, le inocularon el cáncer. El imperio maldito y asesino lo mató”, afirma la coordinadora.

A su alrededor, sus compañeros reparten periódicos gratis: “Este es el testamento que dejó el comandante”, dice un hombre. Otros venden una rifa para juntar fondos para la campaña de Maduro.

Todo esto sucede en la intersección de las calles que comunican la Plaza Bolívar y el Congreso. En esa misma esquina, a poco metros de distancia, una decena de vendedores callejeros hace otra oferta: “¿Oro, Dólares? Compro, vendo”.

Maduro sigue hablando en VTV. “No me dejan escuchar”, se queja una jubilada que se para y abandona la carpa roja. “¡Viva Chávez!”, le grita otra.

El movimiento es incesante. Curiosos se acercan para ver qué se reparte. “Quiero el afiche que dice ‘Maduro de mi corazón’ y tiene la foto de Chávez”, dice una señora que lleva una colección, como si fueran figuritas para un álbum.

La coordinadora explica que en “La esquina caliente” se habla de política, se debate, se opina y luego “se eleva todo a los líderes” del Congreso.

“¿Si estamos mejor después de 14 años? ¡Claro! Mucho mejor. Hablo, participo. Antes el pueblo hablaba y lo mataban. Los medios todavía reciben dinero para hacer la contra. ‘Venenovisión’ y ‘Globoterror’, como llamamos a Globovisión. Ese canal hace terrorismo mediático. Por eso es importante la prensa alternativa”, afirma Miriam.

Serrano Aniluz es otro de los coordinadores. Tiene 58 años, cinco hijos y se presenta ante dpa como consultor jurídico: “Hace ocho años que estoy acá. Vendo periódicos, películas, música de Chávez… Tengo solidez económica, puedo ganar 800 bolívares diarios (126 dólares, a precio oficial)”.

“Una de las cosas más difíciles del ser humano es saber para qué servimos. Vargas Llosa debe estar arrepentido de ser premio Nóbel porque el imperio le dio el bolígrafo para que escriba en contra de los pueblos. A mí me llena estar en contacto todos los días con mi pueblo”, asegura y adelanta su voto por el mandatario interino.

En este espacio no hay lugar para dudas sobre las elecciones del 14 de abril, cuando Maduro se enfrentará al líder opositor, Hernique Capriles, para definir al sucesor de Chávez: “¿A quién voy a votar? Nos hacemos matar si vuelven los otros”, sentencia Miriam y aclara: “Para nosotros, para los pobres, Chávez no murió”.

Por Ignacio Pereyra

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