Publicado el 10 de abr de 2013 2:00 pm |

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Foto: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

(San Carlos, Venezuela, 10 de abril. Reuters) – Nicolás Maduro irrumpe en el medio de una lluvia de papel picado, luces de colores y un show con cañones que disparan humo mientras es presentado por una estrella televisiva que abrazó la causa socialista. Ya en la tarima, comienza a escucharse la voz profunda del fallecido Hugo Chávez entonando el himno nacional de Venezuela.

Si bien el candidato oficialista a la presidencia carece de la virtuosa oratoria del carismático líder que gobernó el país por 14 años, la emotividad a flor de piel de la grey chavista le facilita las cosas para pedir que se cumpla la orden de su “padre” político: que voten por él el 14 de abril.

“Le pido a nuestro Comandante que me bendiga, que me ilumine”

Replicando la energía desbordante de su ex jefe en sus mejores días, realiza hasta cinco actos por día y en todos cierra con el video del último discurso de Chávez antes de morir donde en una pantalla gigante anuncia su decisión “plena como la luna llena, total, irrevocable” de ser sucedido por Maduro.

“Le pido a nuestro Comandante que me bendiga, que me ilumine, que no me deje solo en esta lucha dura”, reza en los mitines, repitiendo en voz alta lo que muchos de sus desconsolados seguidores sienten por la pérdida de Chávez.

Evocando su pasado de chofer de buses, Maduro, que es también el presidente interino de Venezuela, llega a muchos actos conduciendo un autobús, en una fiesta proselitista que incluye cantantes, artistas y famosos que lo acompañan en su recorrido por el país petrolero y calientan el ambiente en cada punto de la gira.

Las excentricidades, el surrealismo, las sentencias políticas y las propuestas programáticas se entremezclan con referencias místicas, algunas tan extrañas que lo hicieron blanco de no pocos sarcasmos a este ex canciller de 50 años, que lidera con holgura la intención de voto para el domingo.

“Yo sigo siendo el mismo, sólo que el Comandante Chávez me dijo que me quedara al frente”

Apoyado en una estrategia de mostrarse como un hombre de pueblo dispuesto a dar la vida por la misión que Chávez le encomendó, Maduro insiste en que es el heredero del legado socialista.

Yo sigo siendo el mismo, sólo que el Comandante Chávez me dijo que me quedara al frente de la patria. Me dejó para proteger a las Fuerzas Armadas, a los más pobres”, dijo en un acto en el rural estado Cojedes, en el occidente del país.

Pajarito Silbador

En el arranque oficial para la campaña más corta de la historia democrática del país, Maduro relató en la casa natal del presidente que estaba orando y se le presentó Chávez en forma de pajarito para darle la bendición.

La anécdota fue objeto de burlas y críticas en las redes sociales por parte de la oposición, que consideró el episodio como la mayor extravagancia imaginable por querer presentarse como el “elegido” de un presidente que para ellos, lejos de un santo, fue un azote para la democracia.

Maduro no se amilanó y ahora llega a los actos silbando

Pero Maduro no se amilanó y ahora llega a los actos silbando, imitando el trinar de los pájaros, y saluda a la multitud con un fraternal “¿dónde están los pajaritos y las pajaritas?”, lo que desata la euforia de los partidarios.

Esta semana incluso apareció en un acto con un sombrero de paja coronado por un ave.

Sin duda, una lección que aprendió del guión de Chávez, quien en vez de replegarse cuando alguna vez daba una declaración altisonante, le buscaba la vuelta para convertirlo en broma o lema entre sus simpatizantes más acérrimos.

No es la única línea que lleva la firma del ex mandatario. Maduro busca emular a su maestro en todo lo que puede, con desigual fortuna, incluyendo el diálogo con la muchedumbre mediante una serie de preguntas cortas que suelta al hilo.

Y en el momento de más intensidad, aprovecha la atención del público para disparar munición gruesa contra el candidato de la oposición, Henrique Capriles, el “caprichito, burguesito” a quien dedica el “baile de la obsesión”, en el que el fornido político comienza a agitarse y a gritar “¡Nicolás!” parodiando cómo su rival arremete contra él por incompetente y corrupto.

“¿Qué sabe un burguesito lo que es madrugar para trabajar?”

“¿Qué sabe un burguesito lo que es madrugar para trabajar?”, pregunta a una multitud. “Que me enseñe un recibo de cobro, yo le puedo mostrar los míos, le puedo presentar mi carnet de trabajador y mi uniforme”, reta orgulloso.

En los actos, el chavismo también busca mostrar su unidad y el candidato aparece flanqueado por el influyente jefe de la Asamblea Nacional, el teniente Diosdado Cabello; el poderoso ministro de Petróleo, Rafael Ramírez; y hasta María Gabriela Chávez, una de las hijas del desaparecido líder.

Tras unas dos horas de dar razones para que la gente blinde con su voto la revolución socialista, Maduro termina su discurso empapado en sudor.

Por Mario Naranjo

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