Publicado el 16 de abr de 2013 8:54 am |

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Foto: AM NOTICIAS360

(Caracas, 16 de abril. Noticias24).- Luis Vicente León dibujó el panorama que, a su juicio, sucederá a las elecciones del pasado domingo 14 de abril y que estuvieron signadas por un apretado resultado que, como era de esperarse, dejó satisfechos a unos y desconcertados a otros.

En un artículo publicado por Prodavinci, León explica una paradoja según la cual Nicolás Maduro perdió “frente a sus propios grupos” a pesar de haber ganado las elecciones con un punto porcentual de ventaja; mientras que Henrique Capriles “perdió las elecciones pero ganó frente a todo el país”.

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El cierre de brechas que se observó al final de la campaña electoral se convirtió en una tendencia dura que condujo al resultado apretado que hoy conocemos todos los venezolanos.

Si bien no hubo cambio ordinal en los resultados, definitivamente la cercanía de los mismos genera hoy una paradoja relevante. Nicolás Maduro, por una parte, llega a la presidencia ganando estas elecciones pero perdiendo frente a sus propios grupos. Henrique Capriles, por otro lado, pierde las elecciones pero gana frente a todo el país la posibilidad de mostrar los resultados de la construcción de una épica propia de sacrificio y triunfo.

Al entender que Nicolás Maduro no es Hugo Chávez, su condición como candidato no tiene relación con su nueva condición de presidente. Maduro fue un vehículo para reunir un respaldo que nunca tuvo que ver con sus características, ni con su oferta ni con su carisma, sino con la herencia que tuvo lugar el 8 de diciembre cuando Hugo Chávez lo escogió como su sucesor. Mientras fue candidato, Maduro estuvo blindado por la simbología y la imagen de Chávez.

Sin embargo, ahora viene el ejercicio de la presidencia. Y eso es otra cosa. Este resultado, independientemente de la impugnación iniciada por la oposición, es una derrota política para Nicolás Maduro. Mientras Capriles se legitima como el líder indiscutible de la oposición venezolana y una figura de interés internacional que puede representar opciones reales en el futuro, a Maduro se le percibe hoy como el candidato que destruyó una parte significativa de la herencia de popularidad que Hugo Chávez le entregó: alguien a quien le entregaron 11 puntos y devolvió uno.

La decisión que tomó Henrique Capriles de impugnar las elecciones y no reconocer resultados fue tomada, afortunadamente, en el marco legal de solicitud de reconteo y no en el plano de conflicto de calle y protesta. Con la tensión vivida y los resultados ajustados que muestran un país dividido en dos, un llamado a protestas de calle hubiera podido ser definitivamente explosivo e inadecuado, considerando el desbalance de fuerzas armadas que existe en el país.

Más allá de la capacidad que tenga la oposición de avanzar en su impugnación, algo que puede ser cuesta arriba en las actuales condiciones, el entorno político venezolano cambió dramáticamente y la capacidad de maniobra del gobierno es considerablemente estrecha. Y eso genera nuevas incertidumbres en cuanto al manejo, la estabilidad política y de entorno económico.

Independientemente de los resultados que arroje la auditoría, esta impugnación sí tendrá un alto impacto político. Se colocarán sobre la mesa las incidencias y protestas de irregularidad a lo largo del proceso y eso afectará significativamente la percepción de transparencia y legitimidad.

La llegada de Maduro a la presidencia es bastante complicada, tras perder el gran soporte de popularidad que Chávez le había dado. Su anclaje interno hacia el chavismo y frente al resto del país se debilita y todo esto sucede en medio de una gran crisis económica en puertas, de decisiones pendientes que dividen al propio chavismo y una situación de desconfianza sobre las elecciones. Eso lo coloca frente a una gobernabilidad bastante frágil que puede obligarlo a caminar hacia la construcción de puentes y negociaciones con la otra parte del país. O, en el otro extremo, a la radicalización por la fuerza.

¿Qué pasaría si la auditoría arroja que Henrique Capriles ganó las elecciones? Entonces, la gran pregunta sería si la institucionalidad venezolana está preparada para entregarle el poder, reconocer las fallas y tener una reacción democrática que desdiga el resultado anunciado la noche del domingo 14 de abril.

Con información de Prodavinci

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