Publicado el 05 de may de 2013 1:26 pm |

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Foto: Lissette Da Silva / Noticias24

(Caracas, 05 de mayo. Noticias24) – Marciano en su columna “Piedra de Tranca”, señaló que “es característica de la oposición venezolana, de su liderazgo, eludir responsabilidades. En todo está metida y al mis tiempo en nada. Tira la piedra y esconde la mano”.

Esa actitud ambigua, dual, hipócrita, es una constante en la oposición, en sus dirigentes. Ejemplo, todo el mundo escuchó y vio a Capriles llamar a descargar la arrech… por la proclamación de Maduro como vencedor en los comicios del 14 de abril con cacerolazos y acciones de calle. Lo cual provocó un saldo de diez venezolanos asesinados y decenas de instalaciones públicas y locales del Psuv incendiados y afectados”, expresó.

En ese sentido, el columnista manifestó que tanto Capriles como los dirigentes de la oposición “niegan tener responsabilidad en lo sucedido e, incluso, dudan de los muertos que, lamentablemente, sí están muertos. Otra vez la mano invisible, la que tira la piedra y después se esfuma y deja un reguero de victimas, opera. ¿Hasta cuando? Le llegará su momento”.

A continuación la columna completa:

Uno: Es característica de la oposición venezolana, de su liderazgo, eludir responsabilidades. En todo está metida y al mis tiempo en nada. Tira la piedra y esconde la mano. Así fue, por ejemplo, hace once años. Armó el golpe del 11 de abril de 2.002, lo ejecutó y colocó al país al borde del precipicio, pero lo negó todo.

A pesar de que la dirección política, económica, religiosa, mediática y militar de entonces aparecía en todos los noticieros, retratada con Pedro Carmona, muerta de risa con la proeza de derrocar a un gobierno constitucional, legítimo y democrático.

Toda la clase dirigente del puntofijismo, líderes empresariales, voceros de la Iglesia católica y altos mandos castrenses quedaron registrados en las tomas de las cámaras y sus rostros quedaron tatuados para la historia, pero ninguno asumió la responsabilidad de haber participado en la aventura. Por el contrario, lo negaron sistemáticamente, y a lo más que llegaron a aceptar es que pasaban por Miraflores y entraron para averiguar qué sucedía.

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Dos: Lo mismo ocurrió con el paro-sabotaje de la industria petrolera. Durante más de sesenta días los líderes del movimiento plagaron de información a los medios escritos, televisivos, radiales, pero a la hora de la verdad todos le sacaron el cuerpo a la responsabilidad en la promoción y conducción de un hecho que le provocó pérdidas al país por más de veinte mil millones de dólares y severos daños materiales a la industria.

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Tres: Cuando los militares golpistas tomaron Plaza Altamira, y durante semanas le hicieron llamados a los cuarteles para que salieran a la calle a tumbar el gobierno constitucional; cuando la derecha del Este de la ciudad se juntaba en el lugar para pedir el derrocamiento de Chávez, y los alcaldes de Chacao y Baruta –léase López y Capriles–guarimbeaban de lo lindo y los apoyaban descaradamente, de lo cual hay suficientes testimonios gráficos, luego todos ellos, luego, increíble desfachatez negaban haber actuado de tal manera.

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Cuatro: Cuando Capriles se montó en una escalera para incursionar en la Embajada de Cuba, mientras la turba dorada del Este de la ciudad destruía vehículos y clamaba por penetrar en la sede diplomática y saquearla, y cuando el mismo personaje optó, sin autoridad para hacerlo, por irse a donde estaba oculto Rodríguez Chacín para promover, cobardemente, su linchamiento, la misma turba negó, posteriormente, su participación en los hechos, es decir, que todo había sido producto de la acción de una mano invisible.

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Quinto: Esa actitud ambigua, dual, hipócrita, es una constante en la oposición, en sus dirigentes. Ejemplo, todo el mundo escuchó y vio a Capriles llamar a descargar la arrechera por la proclamación de Maduro como vencedor en los comicios del 14 de abril con cacerolazos y acciones de calle. Lo cual provocó un saldo de diez venezolanos asesinados y decenas de instalaciones públicas y locales del Psuv incendiados y afectados.

Pero tanto Capriles como los dirigentes de la oposición niegan tener responsabilidad en lo sucedido e, incluso, dudan de los muertos que, lamentablemente, sí están muertos. Otra vez la mano invisible, la que tira la piedra y después se esfuma y deja un reguero de victimas, opera. ¿Hasta cuando? Le llegará su momento…

“La mano invisible”
Por: Marciano
Diario VEA

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