Publicado el 15 de may de 2013 11:02 am |

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Foto: Reuters / Archivo

(París, 26 de junio. AFP) – Carlos “El Chacal” tuvo la última palabra el miércoles en el tribunal que lo juzga por cuatro atentados, pero en sus anteriores apariciones frente a los tribunales se había presentado como “provocador y bromista” al hablar de sus “amigas” o de sus cenas con discípulos del nazismo y luego provocando escalofríos en el tribunal que lo juzga en París al prometer, después de su muerte, “una ejecución” por día pasado en la cárcel.

El Carlos displicente y bromista, es una cara del personaje que comparece desde el lunes ante el tribunal especial de París que juzga los actos terrorista. “Tengo una personalidad discreta, soy tímido, pero voy a hacer un esfuerzo”, bromea el exuberante sexagenario ante los jueces, que trata de comprender su personalidad antes de examinar los cuatro atentados de los que es acusado.

Su desenvoltura incomoda al presidente del tribunal, Régis de Jorna, que trata de establecer el perfil de un jefe de comando que trataba de igual a igual en los años 80 a los dirigentes del mundo árabe y comunista: “Usted se reunía con Janos Kadar (ex dirigente de la República Popular de Hungría), con el rey de Jordania, con las autoridades iraquíes ¿eso quiere decir que usted es alguien importante?”

El tribunal recibe por respuesta un “who’s who” del partido Baas iraquí, una digresión sobre Kadar y algunas consideraciones sobre el dictador rumano Nicolae Ceaucescu, calificado de “un tipo bien”.

Sobre los temas de los que acepta hablar, Carlos se muestra prolijo, como la toma de rehenes en la sede de la Opep en Viena en diciembre de 1975, cuya organización reivindica: “entonces Bouteflika me dijo: ‘no puedes matarlos aquí, los hubieras matado en el avión, sin problemas, pero no aquí’”, cuenta el acusado, evocando un intercambio con el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Argelia, que recibió el avión en su territorio.

Nazis “honestos”

Carlos se complace contando anécdotas sulfúricas: el recuerdo de una cena en Damasco con el banquero suizo François Genoud, conocido por haber ayudado a los nazis en fuga y por su papel de banquero del Tercer Reich. Él le había propuesto “brindar a la salud del Führer” y Genoud, habitualmente sobrio, no pudo rechazar una copa de champán que lo dejó “achispado”.

“¿Y eso no le molesta a usted que creía en un ideal tan lejano de los nazis?”, pregunta el fiscal Julien Eyraud. “Usted sabe, yo he encontrado nazis mucho más honestos que muchos comunistas de los que he conocido”, responde el venezolano.

Incluso “los izquierdistas se desvían de la ruta”, prosigue a propósito de la que sigue siendo su esposa legalmente, la alemana Magdalena Kopp.

Kopp terminó por abandonar el retiro sirio de Carlos en los años 90 para refugiarse en Venezuela con su hija. “Vivir con la violencia, los homicidios todo el tiempo, no es fácil”, reconoce Carlos.

“¿Piensa usted a menudo en la muerte?”, pregunta el juez, recordándole que hizo un testamento hace unos quince años. En ese documento, pide a sus “camaradas” que “un enemigo sionista o imperialista fuera ejecutado” por cada día que él pasara en prisión.

“¿Sigue reivindicando los términos de ese testamento?”, interroga el tribunal.

“Completamente”, responde Carlos, que vuelve a ser “el Chacal”, combatiente armado de la causa palestina que alimenta la leyenda reivindicando la responsabilidad de “1.500 muertos”, de los cuales “al menos 83 con sus propias manos”, porque “empezó a los 15 años”.

Pero, sobre los cuatro atentados por los que es juzgado en este tribunal, cometidos en Francia en 1982 y 1983 y que causaron once muertos y unos 150 heridos, Carlos sigue negando toda responsabilidad y afirma que “no hay nada” contra él.

En diciembre de 2011, Ilich Ramírez Sánchez fue condenado en primera instancia por esos cargos a prisión perpetua con una pena de seguridad de 18 años.

Tras su apelación, el juicio del tribunal especial que lo juzga ahora, compuesto de magistrados profesionales, durará hasta el 26 de junio.

Por Sophie Markis