Publicado el 16 de jun de 2013 7:37 pm |

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Foto: Noticias24 / Archivo

(Caracas, 16 de junio. Noticias24) – Leopoldo Puchi, exsecretario general del MAS, en su artículo de opinión de este domingo y asegura que “la disminución de la jornada de trabajo a ocho horas representa una baja de la tasa de ganancia” para las empresas privadas y para el modelo económico del país.

En ese sentido, Puchi se cuestiona acerca de la “baja productividad” que tienen las empresas privada. “Las dos respuestas más importantes que se dan son el rezago en la revisión de precios y el retraso en la entrega de divisas”.

Inflación y escasez marcan la hora. Las razones son múltiples, pero en el centro está la baja productividad. De esta situación se responsabiliza al “modelo”, es decir, al carácter mixto de nuestra economía, con un importante sector público y un conjunto de regulaciones. Ahora bien, ¿será cierto que no puede haber un sistema a la vez mixto y productivo? ¿La economía sólo funciona si todas las empresas son privadas y las regulaciones son mínimas? En realidad, y en sana lógica, esta es una visión extremista.

Ya se sabe que la baja productividad de las empresas del Estado se debe a la ineficiencia y al burocratismo. Pero nadie debe negar que se puede, tomando las disposiciones necesarias, lograr un mejor desempeño de la gerencia del sector público. El objetivo sería alcanzar eficiencia y no privatizar esta parte de nuestra economía.

Por otro lado, habría que indagar por qué el sector privado, que representa 70% del PIB, tiene una baja productividad. Las dos respuestas más importantes que se dan son el rezago en la revisión de precios y el retraso en la entrega de divisas. Ahora bien, ni el retraso ni el rezago son intrínsecos al modelo. El Gobierno puede corregir estos errores. En relación a otros aspectos, como las expropiaciones, pudiera establecerse un compromiso, sin modificar el modelo.

Sin embargo, hay otras variables de las que poco se habla. Una de ellas es la presión sobre el precio del dólar por “la necesidad” de los empresarios de convertir sus dividendos en divisas. No sólo los insumos y las maquinarias están estimados en dólares, sino que las ganancias y dividendos también son calculados de la misma manera. Esto genera una demanda de dólares que representa la principal presión sobre el dólar paralelo. Si no se obtienen vía Sitme o Sicad, miles de comerciantes, proveedores, dueños de corporaciones e industrias, grandes y pequeñas, se van al mercado negro.

Divisas para importaciones hay suficientes, ese no es el problema. Pero faltan para la expatriación de dividendos, para el empresariado nacional. Para que el modelo mixto funcione, tendría que negociarse con los representantes de las compañías privadas la fuga de estos capitales (que no están destinados a importaciones). Habría que estudiar un mondo para este destino y al mismo tiempo crear alternativas de inversión de esos recursos dentro del país. Al mismo tiempo se debe adoptar un esquema de cambio flexible, con ajustes permanentes de la tasa de cambio.

El otro cuestionamiento que se hace al modelo, de manera disimulada, es lo que tiene que ver con los derechos laborales. La disminución de la jornada de trabajo a ocho horas representa una baja de la tasa de ganancia. Su extensión siempre ha dependido de la correlación de fuerzas. El eterno forcejeo entre capital y trabajo. Por eso la ofensiva mediática contra la Lottt. Es un punto donde “el modelo” no puede ceder. Lo extraño es que el movimiento obrero permanece pasivo frente a la arremetida.

El modelo mixto de economía puede tener larga vida, si se hacen las correcciones necesarias y se llega a ciertos compromisos. Las alternativas son el programa neoliberal o la nacionalización masiva de empresas. Ninguna de las dos opciones luce viable ni deseable.