Publicado el 29 de jul de 2013 1:34 am |

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Foto: Silvia Izquierdo / AP / archivo

(España, 29 de julio. AP) - Andreína Pinto pisó el domingo con firmeza y mirada al frente la moqueta que sirve de antesala a la piscina del Palau Sant Jordi, con el propósito de dejar bien alta la bandera de Venezuela en la final de los 400 metros libres en el mundial de natación.

En las Olimpiadas alcanzó el puesto 15 – pulse aquí

En realidad, ya lo había conseguido en la mañana en la prueba preliminar, al acabar octava y convertirse en la primera venezolana en alcanzar la última ronda mundialista. Nunca antes el país sudamericano se había visto representado por una mujer en una final de natación. Pero Pinto no es una mujer cualquiera, como se encargó de recordar poco después su antiguo entrenador, Manuel Marín.

“Tiene tres ovarios esta chica. Es una guerrera”, expresó el veterano preparador, quien instruyó a la nadadora de los 15 a los 18 años aproximadamente, desde su centro en Maracay.

Pinto se inició en la natación a los 4 años por empuje paterno y siguiendo los pasos de su hermana mayor, Yanel, a quien admira

La descripción era simbólica, obviamente; pero, en esta ocasión, los ovarios no le bastaron a la aragüeña, quien acabó sexta clasificada en una distancia que tampoco es su especialidad y tenía también como objetivo servirle de preparación para su verdadero objetivo: los 800 metros libres que inician el viernes. La medalla de oro fue para la joven sensación estadounidense, Katie Ledecky, la plata para la española Melanie Costa y el bronce para la neozelandesa Lauren Boyle.

“No me voy muy satisfecha porque subí mi tiempo, pero un sexto lugar no está nada mal para mi primera final en esta modalidad. El tiempo de la mañana es el que me va a servir para los 800, donde el objetivo es ganar una medalla”, reafirmó “La Negra”, como la llaman en el equipo.

Tampoco fue su paso firme, al encarar la línea de salida, lo que más llamó la atención de sus andares, sino las singulares botas negras que lucía la nadadora; peculiar alternativa a las clásicas sandalias de la mayoría de sus compañeros.

“Soy muy friolenta y me hacen sentir muy cómoda, porque son peludas por el interior. Si no las llevo, siento los pies muy dormidos, cosa que me molesta y me pone de mal humor antes de competir. Como las usé en Londres y me fue bien en los 800, quise repetir en los siguientes eventos”, aclaró.

Pinto se inició en la natación a los 4 años por empuje paterno y siguiendo los pasos de su hermana mayor, Yanel, a quien admira y con quien compitió en los pasados Juegos Olímpicos; aunque después de Londres 2012 decidió darse un descanso.

“Es mi primera competencia sin ella y la echo mucho de menos porque compartíamos habitación y me ayudaba con todo”, explicó, detallando que la comunicación telefónica desde Gainesville (Florida) es diaria.

Ambas hermanas entrenan en las instalaciones de los Gators de la universidad de ese estado; Pinto bajo la tutela actual del preparador trinitense y ex medallista de oro en Seúl 1988, Anthony Nesty.

Pero los orígenes venezolanos son fuertes en la aragüeña, quien mantiene lazos estrechos tanto con su familia de sangre como la deportiva, y así lo demostró el beso que recibió, nada más completar la final, de Marín, el primero en felicitarla.

“En nuestro país apenas hay 3,000 nadadores federados, y es la primera mujer finalista”, justificó su mentor, remarcando que “ya desde pequeña, se le veía que estaba en un lote diferente al resto: lo de perder no le entra en la cabeza”.

Oriunda de la costeña Maracay, a Pinto siempre le atrajeron las aguas abiertas, y en esa competencia participó, con apenas 17 años, en los juegos de Beijing 2008, registrando un décimo lugar en la prueba de los 10 kilómetros.

Indecisa sobre su regreso a la pileta, la nadadora finalmente se decantó por el agua dulce, y la decisión resultó beneficiosa con su octavo lugar en los 800 metros libres en Londres.

Y aunque no echa de menos las picaduras de medusa, golpes en manada y demás atropellos de las aguas abiertas, reconoció que estos días se paseó por el puerto de Barcelona para animar a sus compatriotas y sintió cierta melancolía. “Me emocioné muchísimo y quizás lo extrañé un poco, pero decidí concentrarme en un evento y no me arrepiento. Es una prueba agotadora y esa puerta está totalmente cerrada”, confirmó.

La nadadora confesó hace una año que el “miedo escénico” mermó su rendimiento en Londres pero, en la primera jornada de competencias en Barcelona, no se vio rastro de él.

“Era muy joven. A todos los grandes también les ha pasado”, expuso Marín. “Ahora está mucho más mujer. Tiene que mejorar la salida y el toque, pero este va ser un gran año para ella. No tiene techo y puede ganar una medalla en Río”.

En la cita olímpica, Pinto espera reencontrase con su hermana ausente. El domingo, el pánico tampoco hizo acto de presencia en el Palau Sant Jordi. De Londres, a “La Negra” tan solo le acompañaron su propensión a los logros históricos, sus ovarios y sus botas de la suerte.

Por Alex Oller