Publicado el 29 de jul de 2013 2:21 am |

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Foto: AVN

(Caracas, 29 de julio. Noticias24) – Los venezolanos piden vivir en un país en el que impere la paz y tranquilidad. Exigen, por otra parte, que ceda la “violencia gubernamental” en favor de la serenidad de la vida nacional, según el editorial del diario Tal Cual.

“Que prevalezca, como dice Maduro, que somos puro amor, puro Chávez, puros libertadores, pura alegría y esperanza. Aunque en verdad todo eso sea pura cursilería y retórica barata”, se lee en parte del artículo.

Lea el editorial completa:

Sin duda hay unos nudos que dificultan cualquier sosiego sustancial de la vida nacional, al menos en el ámbito político propiamente dicho. Hay, como en todo, varias causas, por ejemplo, copiar la conducta del que se fue y demostrar que se puede ser igualmente agresivo, que aquí no ha cambiado nada, o que Capriles y su gente siga tratando de ilegítimo a Nicolás.

Pero nos da la impresión de que hay un exceso de violencia gubernamental y que se ha olvidado que proviene de que estamos entrando en período electoral, y el primer mandamiento comicial del chavismo es que hay que polarizar para poder ganar. Cosa que no debe extrañar, así las encuestas demuestren con tenacidad que la gente quiere paz y tranquilidad. Y la razón no es otra que el chavismo no le puede vender otra cosa a sus votantes potenciales que la truculenta figura del Bolívar refaccionado, la batalla de Carabobo, las hazañas del Che en la Sierra, ahora el recuerdo del Padre y siempre un arrabalero amor a la patria, es decir méritos imaginarios ya que en la realidad real son el peor gobierno que haya azotado al país después del general Gómez. Y correlativo necesario a esta proposición está la destrucción de los canallas que los adversamos, antipatriotas, ultraderechistas y malos, muy malucos, dispuestos a violar la Constitución y regalarle el país a cualquier imperio que lo solicite. Cuadro que ha funcionado casi siempre, en bajada, pero ha servido para la sobrevivencia.

Esta vez se han afincado, damos unos ejemplos bastante curiosos y estrambóticos, pintorescos. José Vicente ha batido sus propios récords de truculencia y amarillismo, no solo porque ha multiplicado los golpes en proceso y los magnicidios para mañana, sino por esa maravilla de la política ficción que son los 18 aviones chatarra, prestos a profanar el cielo sagrado de la patria, desconocedores que tenemos el sistema de defensa antiaérea más poderoso del planeta, según Maduro. O el ministro/policía (y militar) que ha acusado a alguien tan respetable como Rocío San Miguel de agente de la CIA, por denunciar los peligros a que se exponen los ciudadanos puestos en las miras de los rifles castrenses. Razones deben sobrar, además, para considerar al descortés funcionario agente del G2 cubano, pero no nos emparejemos. O el caso Mardo donde se quieren violar todos los pocos principios morales y políticos que nos van quedando. O las vulgaridades inclementes e incesantes de Cabello, ahora encolerizado hasta con el bebé real británico. Y, por supuesto, los desvaríos, insultos, lapsus, alucinaciones, ignorancias, mentiras y otros atentados de Maduro contra la lengua, el saber y las buenas maneras.

Entendemos que no son siempre rosas lo que reciben nuestros gobernantes de parte de algunos opositores. Pero, al fin y al cabo, gobierno es gobierno y es a quien toca marcar el paso de la república y de su estilo de convivencia. Asunto que jamás entendió o no quiso entender Chávez y mire dónde estamos, en esta gallera llena de malos efluvios.

Pues nada, los pañuelos a mano. Y nuestros mayores deseos porque lleguemos a enero sin utilizar los equipos antiaéreos y no nos malogremos demasiado con los misiles verbales y los pescozones parlamentarios. Que prevalezca, como dice Maduro, que somos puro amor, puro Chávez, puros libertadores, pura alegría y esperanza. Aunque en verdad todo eso sea pura cursilería y retórica barata, agregamos nosotros.

Por Fernando Rodríguez / Tal Cual

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