Publicado el 28 de ago de 2013 1:52 am |

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Foto: Fernando Llano / AP

(Caracas, 28 de agosto. Noticias24) -El atentado que acabaría con la vida de algunos miembros del Gobierno venezolano denunciado por Miguel Rodríguez Torres, ministro de Interior, Justicia y Paz, es un “remake bastante pobre y deshilachado”, según el diario Tal Cual.

“Para empezar, precisamos, porque la fórmula magnicida suele aplicarse a líderes demasiado atornillados, caso de Fidel, o estadistas de gran trascendencia como, por ejemplo, Abraham Lincoln o John Kennedy. Y no parece ser el caso de nuestros cabecillas actuales que, a lo mejor, basta una ventisca electoral decembrina o una conmoción inflacionaria para causarles alguna temible neumonía”, se esgrime en el artículo.

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En realidad los medios, malvados que son, no le pararon mucho a la información sobre el intento de magnicidio contra Maduro y Cabello. Tanto fue así que hubo que hacer una cadena nocturna para remachar la rueda de prensa en que Rodríguez Torres detalló la temible amenaza. Por cierto que el estilo expositivo de este funcionario es muy curioso porque con la mayor contención verbal e inexpresividad corporal, como quien reza el santo rosario, suele anunciar los más truculentos y poco fiables cuentos de terror.

El hecho de tanta indiferencia se debe, en cierta medida, que aquí reparamos dedicándole este editorial, a que es una historia demasiado repetida. Caliche pues. Alguien habló de más de 20 versiones parecidas en estos quince años, imaginamos que sin contar las innumerables de José Vicente los domingos. Y no hablemos de más de un centenar del patriarca Castro que por lo visto va a morir centenario, y morir es un decir, los héroes nunca mueren, entre otras cosas para eso están los pajaritos, las estatuas, los slogans y, sobre todo, la televisión donde los vemos vivitos y coleando. Prospecto de prócer, por lo visto, no puede prescindir de ese blasón que significa que las fuerzas del Mal vean en él un antagonista tan poderoso que no hay otra manera de enfrentarlo que intentando hacerlo desaparecer.

Además este remake es bastante pobre y deshilachado.

Para empezar, precisamos, porque la fórmula magnicida suele aplicarse a líderes demasiado atornillados, caso de Fidel, o estadistas de gran trascendencia como, por ejemplo, Abraham Lincoln o John Kennedy. Y no parece ser el caso de nuestros cabecillas actuales que, a lo mejor, basta una ventisca electoral decembrina o una conmoción inflacionaria para causarles alguna temible neumonía.

Pero los detalles son también muy precarios, como eso de ser un par de malandrines anónimos los encargados de la misión, el hecho de que cargaran la ya mentada foto para identificar a las víctimas que todo el mundo ve hasta en la sopa, varias veces al día y por todos los medios. Y no digamos los autores intelectuales y cómplices del más variado pelaje: desde Posada Carriles, que dicen que ya no puede ni con su alma muy perversa, los expresidentes Micheletti y, por supuesto, el infaltable Álvaro Uribe (a quien suponemos el “amigo” Santos tendría que hacer preso o al menos investigar severamente). Y cuidado si el mismísimo presidente Obama, a quien Maduro le pide cuentas. O que el asunto se llame “carpeta amarilla”, porque ya se sabe que amarillo es lo que luce desde que Henrique Capriles se viste de ese color.

Por último diera la impresión de que es bastante original que este magnicidio, que ya es cosa magna per se, sea doble, Maduro y Cabello, siempre tan ligaditos.

Diera la impresión de que el segundo, ¿segundo?, no permitió que lo excluyeran de rollo tan espectacular.

Mientras nuestras máximas autoridades se dedican a asuntos de página roja (saboteos petroleros; María Corina, cual Pasionaria, soliviantando obreros; conspiraciones múltiples y traiciones a la patria; corrupciones imaginarias que tapan las muy reales de los que manejan los cobres…) o a festivas algarabías electoreras el país de verdad verdad se deshace en inflaciones, escasez y espantosos crímenes, de lo cual hablan tan poco. Habría que cambiar de página, dice uno.

Por Fernando Rodríguez / Tal Cual