Publicado el 02 de sep de 2013 4:51 am |

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Foto: Captura de video

(Caracas, 7 de septiembre – Noticias24) – El tránsito hacia la frontera no es sencillo y menos en la noche. El contrabando de combustible y otros delitos se cometen a esas horas y algunos ciudadanos lo protegen. Al pasar el puente Simón Bolívar, después de la alcabala policial colombiana, los llamados “pimpineros” se postran en la carretera esperando el próximo cliente en una dinámica compleja, pero real.

Al pasar el punto de control fijo, el camino es corto hasta el puente. Para ese momento la lluvia ya no caía en San Antonio, pero las gotas y charcos dejaban huella de su paso. Del pavimento se desprendía el olor que se forma cuando el agua se evapora con el calor del suelo, y algunos carros pasaban sigilosos de un país al otro.

Foto: Captura de video

Esa noche, en comparación a otras, no había una cola de vehículos considerable tratando de acceder a otro país. El Gobernador había dicho que iría a un operativo especial y, como nos comentaron, “muchos se abstuvieron” de realizar la hazaña. A partir de este momento grabar o tomar fotos es una tarea casi imposible, por el peligro que implica.

Después del tercer poste, estábamos en Colombia. Unos metros de recorrido, entre las luces de los postes que parecían no iluminar del todo por la amplitud de la zona, comenzaban a divisarse algunos puestos humildes con pimpinas unas encima de las otras esperando ser llenadas por combustible venezolano. Al menos 15 puestos a los dos lados de la vía estaban “abiertos”, con alguien atendiéndolo. Otros, solo tenían un bombillo cuya luz resplandecía sobre algún pote viejo sin muchos a su alrededor.

Foto: Captura de video

En la vía, los “pimpineros” conforman una realidad diferente a la percibida por quienes sufren el problema del contrabando en Venezuela. Esto, más que un negocio, es una forma de vida y de sustento para muchas familias de escasos recursos. En un lugar donde hasta el espacio radioeléctrico se confunde, las oportunidades de negocio se concentran en lo que “tradicionalmente” se ha hecho en dicha zona.

En el peaje para entrar a la ciudad son necesarios 40 bolívares. Aquí también se aceptan las dos monedas para acceder a un lugar donde las calles están limpias y las construcciones distan muchos de los pequeños comercios de San Antonio. A menos de 30 minutos, las dos realidades colapsan y contrastan. Hombres con termos de café se pasean a las 3 de la mañana buscando el primer madrugador, mientras las luces de un centro comercial empapan el pavimento.

Foto: Captura de video

En la plaza algunas parejas pasean y conversan, ajenas a la soledad de las calles que se vive a esa misma hora en Venezuela. El regreso es más concurrido. En ese lado de la calle, varias mujeres intentan detener los carros alzando una paca de billetes para vender la moneda, agitándolos como si de un pañuelo se tratara. Junto a ellas algunos vehículos se detenían, posiblemente, para empezar a negociar la venta del combustible con los “pimpineros” sentados en otro de los puestos.

Al entrar al puente, después del tercer poste, ya estábamos en Venezuela. Un cartel con la frase “Bienvenido a San Antonio, estado Táchira” recibe a los noctámbulos que entran. De los locales, solo algunas tascas se mantenían abiertas para aquellos que quisieran disfrutar. Entre la soledad de la madrugada y la falta de luz, algunos vehículos iniciaban el primer recorrido, aproximándose a los Guardias que resguardaban la zona; acercándose al significado más puro del contraste.

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Por: Ana Vanessa Herrero / Departamento de Investigación / Noticias24

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