Especial N24: 23 de enero de 1958, el día que Venezuela gritó “democracia”

Video: Noticias24. Caracas, 23 de enero de 2014.

(Caracas, 23 de enero. Noticias24).- La madrugada del 23 de enero de 1958, Marcos Pérez Jiménez huía con destino a República Dominicana. Una Junta Militar presidida por el Contralmirante Wolfgang Larrazábal asumía el poder, y la palabra “democracia” era la más pronunciada por los venezolanos.

Las calles poco a poco comenzaron a llenarse. La noticia del derrocamiento de Pérez Jiménez hizo que el pueblo saliera a celebrar el fin de una de las dictaduras más férreas que vivió el país.

Las casas de funcionarios del Gobierno y la sede del periódico oficialista -El Heraldo- fueron saqueadas por los manifestantes, al igual que la de la Seguridad Nacional, órgano represivo del régimen depuesto.

Pérez Jiménez gobernó al país desde 1952, aunque su nombre había figurado en la Junta Cívico-Militar que derrocó, en 1945, a Isaías Medina Angarita y en la Junta Militar, presidida por Carlos Delgado Chalbaud, que depuso a Rómulo Gallegos del poder en 1948.

El fraude del 52

El 13 de noviembre de 1950 es asesinado Delgado Chalbaud. La presidencia de la República es asumida por Germán Suárez Flamerich; Pérez Jiménez permanecía como ministro de la Defensa, y la necesidad de legitimar la Junta de Gobierno (había dejado de ser Militar debido a que Suárez Flamerich era civil) llevó a la convocatoria de elecciones parlamentarias para el 30 de noviembre de 1952.

El gobierno conformó el Frente Electoral Independiente (FEI) para participar en el proceso junto a los partidos COPEI y Unión Republicana Democrática (URD) que, a la postre, saldría favorecido con el voto popular. El 2 de diciembre, el resultado es desconocido por el Consejo Electoral, dando como ganador al FEI, cuya mayoría en el Congreso proclama a Pérez Jiménez como Presidente Constitucional de la República.

El Nuevo Ideal Nacional

Foto: AP Photo

Durante el acto de la toma de posesión, el 19 de abril de 1953, Marcos Pérez Jiménez estableció los principios del proyecto que llamó Nuevo ideal Nacional, sobre el cual se asentaría la gestión de su gobierno. La transformación racional del medio físico; el mejoramiento de las condiciones rurales, intelectuales y materiales de los habitantes del país; así como la creación de “una conciencia nacional para la grandeza y desarrollo de la patria”, eran parte de los objetivos planteados por Pérez Jiménez.

Con base en ello, Venezuela vivió durante esos años la construcción de una gran cantidad de obras entre las que destacan la Urbanización 2 de diciembre (luego cambiada a 23 de enero), las torres del Centro Simón Bolívar, la Ciudad Universitaria de Caracas, la Ciudad Vacacional Los Caracas, El Hotel Humboldt así como el teleférico de Caracas y el de Mérida, la autopista Caracas – La Guaira, el Hotel del Lago en Maracaibo, el Obelisco de Barquisimeto, entre otras.

El 4 de noviembre de 1957, durante un discurso ofrecido en el Congreso de la República, Pérez Jiménez hizo un balance de lo ejecutado bajo el concepto del Nuevo ideal Nacional. Destacaba, además de las obras de infraestructura, los logros en el área económica, de educación, alimenticia, entre otras. “La preservación y continuación de estas obras, es lo fundamental para la salud de la Nación”, afirmó en esa ocasión.

El plebiscito de 1957: el comienzo del fin

Foto: EFE/UPI/rsa

Durante el discurso del 4 de noviembre, Pérez Jiménez anuncia al Congreso de la República su intención de no llamar a elecciones, contradiciendo lo establecido por la Constitución de 1953, y convocar a un plebiscito consultivo sobre la continuidad de su mandato para el período 1958-1963.

La oposición instó a la población a no participar en el proceso, argumentando que el mismo era ilegal y estaba “amañado”. Sin embargo, el 15 de diciembre se efectuó la consulta que, de acuerdo a los resultados oficiales ofrecidos por el entonces Consejo Electoral, obtuvo el triunfo del Sí a un nuevo período presidencial de Pérez Jiménez, con un total de 2.374.790 a favor y 364.182 en contra.

Dichos resultados aumentaron el descontento en el sector militar. El alzamiento del 1ero de enero de 1958 fue una muestra de ello, pero ese día la descoordinación fue la causa del fracaso de la sublevación.

En horas de la mañana, aviones de la Fuerza Aérea Venezolana volaron sobre Caracas con la intención de arremeter contra el Palacio de Miraflores y el edificio de la Seguridad Nacional. Las bombas cayeron en el sector El Conde, cerca del centro de la ciudad, causando daños a varias casas, a la iglesia Nuestra Señora de Fátima; y a la “Casa Maury”, abasto propiedad de Domingo Talamo, un comerciante de origen italiano.

Un grupo de oficiales del Cuartel Urdaneta se alzó y tomaron dos tanques con rumbo hacia Maracay donde la guarnición, al mando del coronel Hugo Trejo, también se había sublevado. En Los Teques la situación era similar.

Sin embargo, la insurrección fue controlada rápidamente. En un discurso de cuatro minutos, Pérez Jiménez se dirigió a la nación en cadena nacional de radio y televisión: “Cuando se defienden ideales, cuando no se actúa simplemente por cuestiones de conveniencia personal, el ánimo adquiere temple especial que lo lleva muchas veces a realizar cosas que están por encima de las fuerzas físicas; tal es el caso de la presencia de fuerzas morales derivadas del convencimiento de que se está procediendo en función de fines nobles. Por eso quienes actuaron para repeler la sublevación lo hicieron con decisión, con temple, con eficacia y con coraje, y de ahí el rápido resultado obtenido”.

La participación de la Junta Patriótica, liderada por el periodista Fabricio Ojeda, fue factor fundamental en la caída del régimen

La crisis se acrecentó cuando el 9 de enero se produjo un alzamiento por parte de oficiales de la Marina en La Guaira, que fue controlado luego de la negociación por parte del entonces Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Rómulo Fernández, con los insurgentes. El pacto causó disgusto en algunos sectores oficialistas y trajo como consecuencia la renuncia de altos personeros del Gobierno, entre ellos el ministro de Relaciones Interiores, Laureano Vallenilla Lanz, y Pedro Estrada, director de la Seguridad Nacional.

La sociedad civil también hizo su aporte. La participación de la Junta Patriótica, liderada por el periodista Fabricio Ojeda, fue factor fundamental en la caída del régimen a través de diversos manifiestos y la organización de los comités estudiantiles.

Estos hechos dieron pie a que se hiciera una reestructuración en el gabinete ministerial, así lo anunciaba Pérez Jiménez en una nueva alocución, realizada el lunes 13: “Participo a la nación que en esta fecha he asumido las funciones de Ministro de la Defensa (…), esta medida obedece al propósito de asegurar el mantenimiento de la unidad de las Fuerzas Armadas, condición básica para garantizar el normal desarrollo de la vida nacional”.

No obstante, la Junta Patriótica convocó, a través de volantes que hicieron circular en todo el país, a una huelga general el 21 de enero que se extendería hasta el día siguiente. La suerte estaba echada.

El inicio de la democracia

Foto: Archivo

Eran las 4 de la mañana. En el Palacio de Miraflores una Junta Militar presidida por el Contralmirante Wolfgang Larrazábal e integrada por oficiales de los diferentes componentes de las Fuerzas Armadas Venezolanas asumía el poder. Una hora antes, Pérez Jiménez había huido con destino a República Dominicana junto a su familia y su secretario, el doctor Raúl Solés Baldó; partieron desde la base de La Carlota en un avión DC-4 que la picardía popular llamó “La vaca sagrada”. La prisa de la huida hizo que se quedara, en un closet del palacio presidencial, una maleta con chequeras de bancos extranjeros, millones de bolívares en títulos negociables y documentos de propiedad de inmuebles, así como el uniforme de gala del dictador.

Las emisoras de radio dieron a conocer la noticia. El pueblo salió inmediatamente a las calles, haciendo caso omiso al toque de queda impuesto días atrás,celebrando la noticia. Las bocinas de los automóviles su unían a la algarabía junto con las campanas de las iglesias.

Funcionarios de la Seguridad Nacional, desde el edificio sede, en la avenida México, comenzaron a disparar indiscriminadamente. Al Puesto de Socorro en la Esquina de Salas, en el centro de Caracas, habían ingresado unos veinte fallecidos y más de cincuenta heridos a consecuencia de los disparos. Efectivos del Cuartel San Carlos acudieron para controlar la situación y, además, poner en libertad a los cientos de presos políticos que estaban en los calabozos, sometidos a toda clase de torturas.

Mientras, Larrazábal ofrecía desde Miraflores una rueda de prensa donde aseguraba que serían restituidas las garantías constitucionales “a fin de que el pueblo venezolano obtenga el más absoluto goce de las mismas”.

Agradeció el respaldo que “el sentir popular” tuvo a través de las diferentes manifestaciones que se habían efectuado en los últimos días. “Claro, esto era de esperarse, pues el pueblo de Venezuela es el más bravo del mundo”, dijo haciendo alusión al coro del Himno Nacional, ese himno que junto con las palabras “libertad” y “democracia” estaban en boca de todos los venezolanos aquel 23 de enero de 1958.

Por: Héctor Acosta Rojas / Departamento de Investigación /Noticias24