Con la nacionalización del Hilton Margarita el Estado venezolano se consolida como el primer operador turístico del país, con 14 hoteles cinco estrellas en los principales destinos turísticos del país, ubicándose de esta manera por encima de importantes cadenas hoteleras.

El caso Hilton ha puesto sobre la mesa nuevamente el papel del Estado venezolano en la economía.

Esto es lo que publica hoy El Tiempo de Colombia:

El inicio de la nacionalización del Hotel Hilton en Isla Margarita reavivó el debate sobre el papel del Estado en la economía y la viabilidad del modelo socialista que promueve el Presidente.

Un decreto publicado en la ‘Gaceta Oficial’ ordenó la adquisición forzosa de los activos del complejo, que incluye un hotel de cinco estrellas y 210 habitaciones, un condominio de 280 suites bajo la modalidad de tiempo compartido, un casino, locales comerciales, restaurantes, oficinas, salones y un muelle privado.

La ocupación de las instalaciones comenzó este martes, encabezada por el ministro de Turismo, Pedro Morejón, quien anunció un plazo de 15 días para culminar la transferencia. Aún se desconoce, sin embargo, el monto de la indemnización, la modalidad de pago y cuándo se hará efectiva.

Con la nacionalización del Margarita Hilton, el Estado venezolano se consolida como el primer operador turístico del país, por encima de cadenas como Eurobuilding, Meliá o Hesperia, y es ahora propietario de 14 hoteles cinco estrellas en los ocho principales destinos turísticos del país.

Rafael Gascón, presidente de la Asociación Venezolana de Hoteles de Cinco Estrellas (Avecintel), afirma que de las 12 mil habitaciones disponibles en la máxima categoría del turismo en el país, alrededor del 30 por ciento (unas 4.000 camas) son controladas por el Gobierno.

El Estado hotelero

Los complejos turísticos del Estado, en otro tiempo operados por cadenas como Intercontinental, Meliá, Sheraton y Hilton, fueron originalmente en su mayoría propiedad de importantes grupos económicos ligados a la banca.

A raíz de la crisis bancaria en 1994, muchos pasaron a control accionario del Estado cuando sus dueños los entregaron al Fondo de Garantías de Depósitos (Fogade) a cambio de auxilios financieros.

Durante poco más de una década, las instalaciones siguieron siendo administradas por cadenas internacionales, hasta que el gobierno de Chávez decidió crear la Compañía Venezolana de Turismo (Venetur) y asumió el control directo de los hoteles. Tal es el caso del Caracas Hilton, que siempre ha sido propiedad del Estado y que, en el 2007, pasó a llamarse Alba Caracas, cuando terminó la concesión de la operadora.

Ricardo Cussano, presidente de la Federación Nacional de Hoteles de Venezuela (Fenahoven) sostiene que el Estado tiene derecho a retomar el control de los hoteles donde posee mayoría accionaria y “aparentemente los está administrando bien”.

Para el dirigente gremial, la participación pública en el negocio turístico no constituye una amenaza para el sector, que cuenta con 760 afiliados privados y suma en todo el país alrededor de 140.000 camas de las cuales el Estado controla menos del 5 por ciento.

¿Expropiación o confiscación?

Sin embargo, el caso del Margarita Hilton es el primero de expropiación de una infraestructura turística ciento por ciento privada. De los bienes incluidos en el decreto de nacionalización, sólo la marina (entregada anteriormente en concesión a un operador privado) y el complejo habitacional de tiempo compartido (60 por ciento propiedad de Fogade) tenían participación estatal.

El hotel y sus 210 habitaciones era totalmente privado, asegura Vicente Brito, ex presidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) el mayor gremio patronal del país.

Con el decreto de expropiación, agrega Brito, se hace referencia además a un área de 89 mil metros cuadrados que incluiría a un centro comercial, también privado, anexo al complejo.

“Por la manera compulsiva como se produjo la toma, con presencia de la Fuerza Armada y sin definir previamente el monto y la modalidad de pago de la indemnización, más que una expropiación estamos en presencia de una confiscación”, asegura el ex presidente de Fedecámaras.

Socialismo ineficiente

En el gremio turístico, hay reticencia a fijar posiciones públicas. Sin embargo, una petición de indemnización a los afectados y el llamado a la tranquilidad efectuados por Avecintel el jueves son reflejo de la preocupación dentro del circuito hotelero, cuyos afiliados “se sienten atados de manos”, indicó un agremiado.

La falta de garantías y el desconocimiento de las reglas de juego por parte del Estado son temas de alarma. Ya en el 2007 el gobierno desconoció la concesión a 20 años otorgada a un privado para administrar del hotel Humboldt, en la cima del cerro El Ávila, que bordea a la capital venezolana, luego de que el operador recuperara el teleférico de acceso. Nunca fue indemnizado.

A esto se suman los cuestionamientos a la capacidad gerencial del Estado. Tras la nacionalización del acero en el 2008, la siderúrgica de Sidor arrojará pérdidas este año por primera vez en una década. El sector eléctrico, estatizado por completo en el 2007, está inmerso en una crisis de racionamiento; y de los 200 autobuses de la compañía Sitsa, creada hace dos años para el transporte interurbano, sólo quedan 15 unidades operativas.

El Humboldt todavía sigue cerrado, al igual que los hoteles Macuto Sheraton (rebautizado como Guaicaipuro) y el Meliá La Guaira, que resultaron afectados hace 11 años tras el deslave que causó 30 mil muertos en el litoral central venezolano en 1999. Pese al tiempo transcurrido, el Estado aún no recupera las instalaciones.


La ‘revolución cinco estrellas’ de Hugo Chávez
Alejandro Botía
El Tiempo

actualidad » en esta sección

buscador