Foto: Una jinetera junto a un turista en la Habana.

Este martes el diario El Mundo de España publicó un estremecedor reportaje, que describe cómo turistas y habitantes de Cuba pagan por el servicio de las llamadas “jineteras”.

En muchos de los casos estas personas son menores de edad que son exhibidos como mercancías por una mujer de 50 años conocida como: “la matrona”.

A continuación el reportaje que publica Iván García para el diario español El Mundo:

Parece una abuela buena. Pasa de los 50 y viste como una monja de convento, con ropas holgadas y poco llamativas. Se llama Ileana y es una lesbiana pura y dura.

Su negocio es la prostitución. Anda con una carpeta de cuero negro, y a extranjeros deseosos de juerga o cubanos con dinero y pasados de tragos, a los que ella intuye que buscan una noche caliente, se le acerca educadamente y les ofrece sus servicios.

De la carpeta de cuero negro, despacio, mirando ambos lados y cuidándose de gente indiscreta, saca un álbum de fotos brillantes, tomadas sin dudas por un profesional de la cámara, donde una legión de chicas o chicos, según la preferencia sexual, miran con voluptuosidad, escasos de ropa y en poses provocativas.

En su catálogo, la abuela-matrona tiene de todo. Rubias, trigueñas, mulatas y negras. “Son muy jóvenes, mi hijo, pero si las quieres de 12 o 13 años, tendrás que pagar más”, dice Ileana en tono maternal.

La matrona va cantando en voz baja los precios. “Una noche 20 pesos convertibles, dos lesbianas, veinte por cabeza. Lo que tengo es de primera, niñas recatadas que no son putas a tiempo completo, algunas estudiantes”, aclara mientras detalla la calidad de su mercancía.

El encuentro

Los usuarios van a casas de citas discretas y elegantes donde se vende bebida buena y ofrecen un plato para “picar” (tapa o canapé). La muchacha escogida te espera. Luego de tomar un trago de ron fuerte o un par de cervezas con ella, pasan a una habitación climatizada, con televisor y música ambiental.

Algunos clientes tienen sus fantasías. “Mientras no le den golpes a mis niñas, cualquier cosa. A un buen usuario le gustan las jóvenes vestidas con uniforme escolar, de aeromoza o policía. Pasé un trabajo de mil demonios para conseguir un uniforme de azafata y otro de policía”, cuenta la experimentada matrona.

“Fui una puta de lujo. Quiero que mis muchachas sigan mis pasos. Siempre les inculco mis reglas. Tu puedes ser la persona más depravada del mundo, pero no debes aparentarlo. Hay que respetar las normas sociales”, observa Ileana. Hace 15 años vive con su pareja, una negra descomunal y callada que sólo abre la boca para servir a su concubina.

Argumentos

“Mi deseo es que las jóvenes hagan dinero y dejen la mala vida. Les aconsejo que nunca tengan un chulo, y si se enamoran, que se casen y hagan una vida de familia. No las maltrato. Soy una persona honesta. Debajo de esta blusa se esconde un buen corazón incapaz de hacer daño”, señala con su hablar pausado y refinado.

A la pregunta de por qué se dedica al sucio negocio de la prostitución medita un par de minutos. “Por necesidad. Tengo que vivir de alguna forma. Es lo único que sé hacer”, confiesa. Y propone a una rubia opulenta que con una sonrisa a lo Marylin Monroe, observa desde el minucioso catálogo fotográfico de la abuela que parece buena.

Vía elmundo.es

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