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Infografía interactiva N24: Armando Reverón, el diamante escondido en las costas del litoral

(Caracas, 10 de mayo. Noticias24).- Armando Reverón nació el 10 de mayo de 1889 en Caracas, se crió en Carabobo y aprendió del arte en la Academia Nacional de Bellas Artes, viajó a España y al volver se enamoró de la Güaira para siempre.

Un artista plástico venezolano del cual nunca se conoció su obra hasta un año después de su muerte, en 1955, como nos cuenta Luciana McNamara en una nota para el periódico Encontrarte. Este diamante escondido en las costas de nuestro litoral se convirtió en pocos meses en uno de los mayores exponentes artísticos de la Venezuela moderna.

Es el artista venezolano sobre el cual se ha escrito el mayor número de artículos, ensayos y libros en Venezuela. Se le han dedicado canciones como la del cantautor Alí Primera.

Si Reverón pudiera recibir una etiqueta sería la de un artista caraqueño con universalidad en sus obras. Cualquier cocotero de Macuto absorvía un valor simbólico para la humanidad si caía en el lienzo de Reverón.

La humildad y precariedad marcaron su vida, vio de pequeño como su familia se desarmaba, vivió con unos padres adoptivos, sufrió de Tifus y se salvó, fue hombre del mundo y viajó por Europa, conoció a los mejores artistas de su tiempo en el viejo continente, volvió con el deseo de encerrarse en su propio mundo, y lo consiguió.

Reverón, el hijo amoroso, quedó en evidencia cuando acoge a su madre enferma en un anexo de su casa en Macuto. Hasta que ella fallece en 1942. Este es el detonante para que la frágil salud mental del artista se vea quebrada. Es internado, a partir de esta fecha, en varias oportunidades.

Con su amada Juanita se enceró en su Castillete, allí levantó un espacio cómodo para su creación, escoltado por su guardia de muñecas de trapos.

Su dolor lo lleva a alejarse de los paisajes, y su habilidad para pintar lo invita a recrear ese mundo mágico en el que se decidió acomodar por el resto de su vida. Desde allí se convertiría en el primer exponente del expresionismo en el país.

Hacia 1953 es internado definitivamente, 12 piezas produce en el sanatorio. Sus modelos eran los propios enfermos que le acompañaban. Nunca abandonó su arte, su talento, pese a la enfermedad. El 17 de septiembre de 1954 el artista abandonó este mundo, sin dejar una escuela ni seguidores, fecha referida en el libro Reverón: El genio humilde de aquel solazo de José Pulido.

Acá pueden apreciar detalles de sus tres períodos, donde queda evidenciado que el problema de la luz y color fue vital para sus creaciones.