El Bulli: una historia de amor y desamor que finalmente se despide

Foto: AFP/Josep lago

Roses (Girona), 30 jul (EFE).- El restaurante El Bulli, que cierra hoy sus puertas, surgió fruto de una historia de amor y desamor entre una pareja, los Schilling, quienes pusieron la primera piedra de un modesto chiringuito y que a partir de mañana comienza su andadura como una innovadora fundación de creatividad en cocina.

Tras un romance fugaz e intenso en Praga, Marketa Schilling (Checoslovaquia, 1919 – 2007) salvó al que sería su marido, el doctor Hans Schilling (Alemania, 1917 – 1998) de una muerte segura como prisionero de guerra de los rusos al finalizar la II Guerra Mundial.

Poco después se casaron y a finales de los 50 decidieron hacer un viaje por Francia en coche que les llevó hasta Roses (Costa Brava, Girona), donde quedaron cautivados por el entorno del Cap de Creus y decidieron comprar un terreno para construirse una casa de vacaciones.

Los Schilling compraron por unos 5.000 euros actuales el terreno en el que hoy se erige El Bulli. Se trataba de una parcela con vistas al mar de 20.000 metros cuadrados en un lugar idílico pero de muy difícil acceso, sin luz, sin agua ni ninguna comodidad.

Foto: AFP/Josep Lago

En 1961 construyeron un minigolf que nunca dio dinero, y en 1963 se lanzaron a convertir su negocio en un chiringuito de playa, que por entonces se conocía como el bar alemán, más tarde como Bully-bar y finalmente Hacienda El Bulli, en honor a los perros bulldog de Marketta.

En su evolución de chiringuito de playa a restaurante, El Bulli consiguió su primera estrella Michelin en 1975, coincidiendo con la llegada de Jean Louis Neichel como jefe de cocina, que fue quien convirtió el establecimiento en un restaurante de alta cocina.

Muchos jefes de cocina fueron pasando por Cala Montjoi y en 1981 casi la mitad del equipo anunció que se iban a iniciar otro proyecto, dejando al borde del fracaso el ya reconocido restaurante, que en 1986 decide empezar a cerrar seis meses al año para poder sobrevivir.

En 1981 Marketta Schilling contrató a Juli Soler, principal responsable de reflotar el negocio e impulsor de la carrera gastronómica de Ferran Adrià.

Soler fue también quien creó junto a un Adrià de 22 años y con relativa experiencia una sociedad de explotación del local y el que finalmente en 1993 compró el establecimiento con su hasta ahora socio.

Desde 1981 cuando apareció en escena Soler, El Bulli perdió hasta en dos ocasiones una de las estrellas Michelin que le habían concedido, aunque en el 90 recupera para siempre la segunda, y en 1996 consiguen finalmente la tercera, máxima distinción de la guía francesa.

El Bulli fue de los primeros restaurantes en eliminar el pan del menú (sólo lo servían a petición del cliente), eliminó el servicio del mediodía y prescindió de la carta, dando lugar a un menú con algo más de 40 platos.

También fueron de los primeros establecimientos en cerrar seis meses al año, primero por necesidad, después para dedicarse a crear los platos que ofrecían el resto del año.

Por todo ello, y por su influencia y repercusión mundial, han sido reconocidos hasta en cinco ocasiones como el mejor restaurante del mundo por la prestigiosa revista Restaurant, en los años 2002, 2006, 2007, 2008 y 2009.

En sus fogones han trabajado René Redzepi (número uno actual del mundo según la revista Restaurant), Joan Roca (número dos), Andoni Luis Aduriz (número tres) y Massimo Bottura (número cuatro), entre otros, responsables a partir de ahora junto a todos los cocineros que han pasado por el restaurante de mantener vivo el legado más importante de El Bulli, su espíritu de creatividad, inconformismo, superación y riesgo.