Si vas a Colombia no dejes de visitar Tramonti, un viaje a el siglo XIX

Foto:El Expectador

(Caracas, 15de junio. Noticias24) – Considerado un restaurante emblemático, gracias a su ubicación en La Calera, transporta al comensal y lo lleva a degustar la tradicional gastronomía de esa parte del mundo.

No solo su clásica y acogedora arquitectura es lo que atrae a clientes de diferentes orígenes, también su propuesta de combinar la cocina italiana de parrilla junto con la mediterránea.

La historia del lugar se origina así, con una cabaña y una cancha de tenis que construyó la familia Aguirre Peresson en el año 1973. “Tramonti nace con la historia de una familia. Mi papá era superaficionado al tenis y después de adquirir el terreno decidió construir una cancha e hizo su club en honor a este deporte. Se llamó Club de Tenis Tramonti”, afirma Ángela Aguirre Peresson, hija de Humberto Aguirre y Beatrice Peresson, los fundadores de este lugar.

Beatrice nació en Colombia, pero sus padres eran de una provincia en el norte de Italia llamada Tramonti. Decidieron migrar a Latinoamérica en 1950 y algunos años después se establecieron en Serrezuela, actualmente Mosquera, se casaron y tuvieron cinco hijos, entre ellos Beatrice.

Tiempo más tarde, ella conoció a Humberto Aguirre, nacido en Sevilla, Valle, “la tierra del café”. Se casaron y tras tener a sus dos hijas, Giovanna y Ángela, eligieron mudarse al oriente de Bogotá. “Se vinieron a vivir lejísimos de su familia, en esa época esto era trocha y montaña. Todos les decían que estaban locos, porque se habían mudado a un lugar de la ciudad en donde aún no existía nada”, dice Ángela, recordando lo que sus padres le contaban. Efectivamente, en 1973 La Calera no existía, solo se conocía como las afueras de la ciudad y era un lugar inhóspito rodeado de naturaleza.

Sin embargo, esto no le impidió a la familia acomodarse allí e incluso formar un club de tenis que con los años tuvo muy buena acogida, tanto así que la cancha empezó a ser rentada por horas. Todo iba muy bien, pero a la señora Beatrice le preocupaba que cuando los deportistas iban a practicar, no disponían de un lugar cerca para alimentarse e hidratarse, así que improvisó una pequeña cafetería. Allí ella se encargaba de prepararles refrigerios a quienes iban a jugar tenis.

Posteriormente Humberto vio una oportunidad de negocio allí, tenían el público y las instalaciones, por lo tanto, en 1975 empezaron obras para la adecuación de un bar y como vieron que había espacio de sobra, decidieron adaptarlo también a restaurante.

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La construcción fue pensada de manera que evocara la arquitectura alpina e italiana del siglo XIX y aún hoy en día se mantiene este concepto. Las cabañas con techo de paja y hechas de madera con grandes ventanales e infaltables chimeneas; arreglos florales, antorchas, velas, grandes salones e incluso música en vivo, son los detalles de la decoración característica de este lugar. “Lo que hace diferente al restaurante sin duda son la arquitectura del sitio, el ambiente, la decoración, la vista y su concepto romántico europeo, esto es lo que les parece más atractivo a nuestros clientes”, cuenta Antonio Pérez, jefe de servicio del restaurante.

Desde sus inicios, el lugar se llamó Tramonti, esto evidentemente por la ascendencia de la familia Peresson, pero también porque tramonto significa ‘puesta de sol’ o ‘entre los montes’ en italiano y sin lugar a dudas aquí se le hace honor al nombre. Según el chef, Óscar Rueda, en cuanto a oferta gastronómica se mantiene el concepto de parrilla italiana, ya que Beatrice fue la que trajo estas recetas que le había enseñado su abuela. Sin embargo, cuando empezaron a recibir comensales de diferentes partes del mundo, mutaron a un concepto un poco más internacional y así implementaron la cocina mediterránea, la cual trajo consigo la idea de ampliar las instalaciones en el año 1984 y apostar por crear un centro de convenciones.

El Lomo Tramonti es el plato más famoso de aquí, además de ser también el que más ha perdurado en la carta. Este es un “lomo fino que va a la parrilla y luego se gratina con una salsa de queso azul, parmesano y mozzarella. El acompañamiento ha variado a lo largo de los años, como puré de papa, verduras, etc., pero en general la preparación de la carne se ha mantenido”, cuenta Alfonso Garzón, ayudante de cocina que lleva más de tres décadas trabajando allí.

El restaurante tiene 39 años de funcionamiento y los cumplen con un objetivo en común de todos los que trabajan allí: “ser el mejor restaurante de Bogotá y posteriormente de Latinoamérica”. A través de los años, este lugar se ha convertido en una referencia turística para quienes visitan la ciudad, ya sea para grandes eventos o para cenas románticas. Sin lugar a dudas, aquí se ofrece un concepto diferente y único que sobresale en los restaurantes de Bogotá.

Seleccionado por: Julio César Alcubilla Bonnet/Noticias24/Fuente: El Espectador