X

Internacionales

La Cumbre Iberoamericana planteará la “Transformación del Estado y desarrollo”

Foto:EFE/FERNANDO BIZERRA JR

Bogotá, 21 oct (EFE).– La Cumbre Iberoamericana se plantea en su vigésimo primera edición todo un desafío intelectual: qué hacer con el Estado para que sirva al desarrollo económico de los países pero también traiga felicidad y bienestar a sus sociedades.

“Transformación del Estado y desarrollo” es el complejo tema central de la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, España, Andorra y Portugal que se celebrará en la capital de Paraguay los días 28 y 29 de octubre.

El asunto escogido cobra la mayor trascendencia en un momento en que la economía, especialmente en los países industrializados, vive un momento crítico y hay una creciente demanda de un cambio en el orden mundial y de una democracia “real”.

“Lo importante es definir qué tipo de Estado se necesita”, pues si bien “cada país tiene sus propios problemas y peculiaridades”, todos coinciden en “una reflexión que se centra en la búsqueda de una mayor eficiencia” del poder público, señaló recientemente en Brasil el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias.

Los problemas y desafíos del Estado, al que durante décadas se ha querido enfrentar al mercado, han estado siempre presentes en los debates de estas reuniones anuales desde que comenzaron en 1991, en Guadalajara (México).

Ya en 1996, en la VI Cumbre, los mandatarios iberoamericanos defendieron en la declaración final la “necesidad de consolidar” las democracias de la región para hacerlas “más eficientes, participativas y transparentes”.

Ahora se trata, en palabras de Jorge Lara Castro, canciller de Paraguay, el país anfitrión de la XXI Cumbre, de “recuperar al Estado como centro de la actividad del proyecto político, de recuperar al Estado del predominio y la lógica del mercado”.

La elección del tema “responde a la fuerte necesidad de avanzar en la construcción de Estados capaces de dar lugar a un desarrolle que englobe el crecimiento económico y el bienestar de la población”, señala la página web de la Cumbre de Asunción.

En la capital paraguaya no se hablará de privatizaciones o nacionalizaciones, que centraron el debate sobre el Estado durante años, sino de pacto social y pacto fiscal, de gasto público, de gestión y buen gobierno, de democracia participativa, de políticas de igualdad, de seguridad, de dotación de infraestructuras, de alianzas público-privadas y de modernización del servicio civil.

Aunque no está en la agenda, sin duda se tocará en las conversaciones la crisis económica en Estados Unidos y Europa, que afecta directamente a España y Portugal, y cómo evitar que se extienda a una América Latina que vive una bonanza gracias a unas estrictas políticas macroeconómicas pero también al boom de los precios de las materias primas.

En los seminarios y foros previos a esta cumbre ha quedado claro que si bien no hay fórmulas mágicas, la solución a los problemas de la región no está en adelgazar el peso del Estado.

“Se ha demostrado que debilitar el Estado fue una medida incorrecta, y que solo sirvió para ampliar las brechas entre ricos y pobres”, dijo a Efe el secretario de Comunicación de la Presidencia de Guatemala, Ronaldo Robles.

En el mismo sentido se han pronunciado el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (Clad), que ha elaborado un extenso documento sobre “la transformación del Estado para el desarrollo en Iberoamérica” para apoyar el trabajo de la Cumbre.

“Un Estado sin poder y capacidad hace que la comunidad pierda la posibilidad de transformar los arduamente conseguidos derechos en realidades”, se señala en la introducción del informe, centrado en la reforma y modernización de la Administración.

Para el Pnud y la OEA, problemas concretos y preocupantes como la elevada criminalidad de América Latina, el que haya amplios territorios de países de la región que están fuera del alcance de la ley y bajo dominio de organizaciones criminales y la desigualdad y la falta de cohesión social son consecuencia de “una falta de Estado”, no de un “exceso”.

El Clad afirma que tras la ola de medidas adelgazadoras del Estado que trajo el neoliberalismo, hoy domina “una visión más amplia del conjunto de derechos que el Estado debe garantizar, a través de la adecuada provisión de bienes públicos a la sociedad, y de la corrección de los niveles de desigualdad existentes entre los ciudadanos” y también de sus “tareas obligadas” de preservación de la estabilidad macroeconómica y la promoción del crecimiento.

También están entre sus obligaciones el afrontar los riesgos de la globalización, del cambio climático y otras amenazas al medio ambiente, y del crimen organizado y la inseguridad.

El debate de la Cumbre parte de la idea de que no hay un modelo único para la transformación del Estado, que cada país debe buscar el suyo de acuerdo a la propia realidad y mediante acuerdos entre los diferentes actores sociales y los representantes estatales.

En América Latina coexisten hoy en relativa armonía dos modelos bien definidos, uno de economía de mercado y otro en el que el Estado tiene un papel hegemónico que abarca lo económico, representado por los países de la Alianza Bolivariana (Alba).

Paradójicamente en Cuba, uno de los integrantes de la ALBA, atraviesa por un proceso de reformas que va a permitir por primera vez en casi 50 años la compra venta de automóviles y casas.