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AFP: Después de Ben Alí y Mubarak, Gadafi cae, pero por las armas

Foto: AFP Photo

PARÍS, 21 octubre 2011 (AFP) – Los occidentales, que se vieron superados al comienzo por la «Primavera Árabe» en Túnez y en Egipto, emprendieron con éxito la tarea de derrocar en Libia a Muamar Gadafi, gracias a una capacidad de acción militar que se hizo sentir también en la eliminación de Osama Bin Laden.

La muerte del coronel Gadafi y la caída de Sirte, su último bastión, ponen punto final a 42 años de reino no compartido en Libia, tras ocho meses de levantamiento popular.

«Para la región, los acontecimientos actuales prueban de nuevo que los regímenes dictatoriales terminan por desaparecer. En todo el mundo árabe, la gente se levantó para reclamar sus derechos. Los jóvenes rechazan con fuerza la dictadura», dijo el presidente estadounidense Barack Obama.

La actitud de Occidente durante la caída de Gadafi, ex «enemigo público numero uno» en los años 80-90, convertido luego en socio apreciado frente a los islamistas y contra la inmigración ilegal, contrasta sin embargo con la observada meses antes en dos países vecinos, Túnez y Egipto.

Regímenes duros, corrupción masiva, elecciones fraudulentas: Libia tenía mucho parecido con Egipto y Túnez.

Pero la comunidad internacional –encabezada por Francia, que fue su expotencia tutelar– no quiso abandonar al tunecino Zine El Abidine Ben Ali hasta su derrocamiento el 14 de enero tras 23 años de poder autoritario, en la «Revolución del Jazmín».

En Egipto, los occidentales ajustaron su estrategia, privando días después de su apoyo a Hosni Mubarak, a quien consideraron durante mucho tiempo un dirigente respetable, que cayó el 11 de febrero luego de 29 años de poder.

Hasta entonces, europeos y estadounidenses fueron los espectadores de los acontecimientos que no habían previsto.

A este respecto, la crisis libia y la utilización de la fuerza militar representaron un cambio, operado por Francia y Gran Bretaña.

El 19 de marzo, aviones occidentales bombardearon las fuerzas libias que se disponían a atacar Bengasi, epicentro de la revuelta, aplicando una resolución de Naciones Unidas para proteger a la población civil.

Los ataques aéreos acompañaron después el avance de las fuerzas rebeldes, hasta la muerte de Gadafi, cuya salida del poder se volvió rápidamente un objetivo de la guerra para los occidentales.

Declinantes en materia económica, europeos y estadounidenses conservaron sin embargo una supremacía militar gracias a la OTAN que, desde la caída de la Urss, nadie puede cuestionar.

Tienen así una capacidad de acción considerable en el mundo, sin éxito garantizado como se ve en Afganistán – incluso aunque la muerte del líder emblemático de al Qaeda Osama Bin Laden, abatido en mayo por un comando estadounidense en Pakistán, hizo posible salvar las apariencias.

En Costa de Marfil, también una potencia occidental, esta vez Francia, apoyada con un mandato de la ONU, intervino militarmente para desalojar el poder autoritario de Laurent Gbagbo.

Se trataba entonces de hacer posible que su rival Alassane Ouattara, reconocido como presidente legítimo del país por la comunidad internacional, llegara al poder.

«Se nos reprochó la tardanza en arrancar cuando se declararon las manifestaciones de la ‘Primavera Árabe’ (…). Se acabó. Nuestra línea (en Libia), que ya prevaleció en Costa de Marfil, es privilegiar las aspiraciones de los pueblos y la protección de las poblaciones civiles», dijo a fines de agosto el ministro francés de Relaciones exteriores, Alain Juppé.

Une línea que las obligaciones de la realpolitik hace a veces difícil de concretar, como en Bahrein, donde el régimen reprimió entre febrero y marzo las protestas populares animadas por los chiitas, mayoritarios en el país, en la indiferencia general.

El voluntarismo occidental encuentra también sus límites en Siria, donde Bashar al-Asad está confrontado desde el 15 de marzo a una protesta popular, reprimida en sangre, con saldo de 3.000 personas muertas.

Rusos y chinos se oponen a cualquier acción de la ONU, en especial la aplicación de sanciones mundiales.