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El ex mandatario de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva cumple un año tras la rejas

Foto: EFE

(Caracas, 07 de abril. Noticias24).- Desde que llegó a la prisión de Curitiba el 7 de abril de 2018, Luiz Inácio Lula da Silva solo ha salido dos veces. Una de ellas para ir al velatorio de su nieto, el peor momento de un año en el que su enemigo Jair Bolsonaro llegó a la presidencia y su horizonte judicial no dejó de oscurecerse.

Pero, a los 73 años, el ex mandatario (2003-2010) no se deja abatir, se ejercita todos los días en la cinta que tiene en su celda de 15 metros cuadrados y está obcecado en probar su inocencia ante lo que considera una «farsa judicial» para apartarle del poder.

«Obviamente quedó destrozado, muy triste, con la muerte de su nieto», el pequeño Arthur, de 7 años, que falleció repentinamente el 1 de marzo, cuenta a la AFP Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores (PT).

«Pero desde el punto de vista político, de enfrentamiento de todas estas injusticias, sigue muy firme», agrega Hoffmann, visitante frecuente en la cuarta planta de la sede de la Policía Federal de Curitiba (sur), donde Lula cumple su pena de 12 años y un mes por corrupción.

El patriarca de la izquierda pasa gran parte del tiempo leyendo, escribiendo las cartas que después publica el partido, informándose y viendo a su querido Corinthians por televisión.

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Las noticias que le traen sus abogados en sus dos visitas diarias no pueden ser peores. Ningún recurso ha conseguido liberarle, y este jueves el Supremo Tribunal Federal (STF) aplazó sin fecha las discusiones de la próxima semana sobre un cambio de jurisprudencia para los condenados en segunda instancia, que podría conducir a su excarcelación.

El nuevo revés deja todo en manos del Superior Tribunal de Justicia (STJ), una suerte de tercera instancia, que podría examinar su recurso en los próximos días. Algunas voces han pedido concederle la prisión domiciliaria, pero todo está en el aire en un caso sin precedentes, que despierta pasiones.

«El escenario para Lula pasa a ser el STJ», aunque «los índices de alteración y revisiones de condena son bajos, estadísticamente hablando, tanto en el STJ como en el STF«, explica Silvana Batini, fiscal y profesora de Derecho en la Fundación Getúlio Vargas.

«Pero, obviamente, la cuestión de Lula es excepcional», agrega.

El expresidente fue condenado en primera y segunda instancia por corrupción pasiva y lavado de dinero, como beneficiario de un apartamento puesto a su disposición por constructoras para obtener contratos en Petrobras.


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En febrero de este año, fue sentenciado a otros 12 años y 11 meses, al considerar que obtuvo reformas en una hacienda, igualmente a cambio de contratos en la petrolera estatal. La primera vez que fue sacado de prisión, en noviembre, fue justamente para prestar declaración por este caso.

Si esta pena es ratificada en segunda instancia, sus condenas sumarían 25 años, aunque bajo la ley brasileña podría gozar de un régimen semiabierto con cuatro cumplidos, un sexto de la sentencia. Siempre que no sea condenado en otro de los procesos que tiene abiertos.

– Derrota –
A los golpes personales y judiciales, se sumaron los políticos, cuando el pasado 28 de octubre un 55% de los electores eligió al ultraderechista Jair Bolsonaro, un exmilitar que había prometido que, si ganaba, el líder de la izquierda iba a «pudrirse en prisión».

Días después, el juez anticorrupción Sérgio Moro, enemigo frontal y autor de su primera condena, fue nombrado ministro de Justicia.

Su sustituto de último momento como candidato del PT, Fernando Haddad, quedaba fuera del mapa y su derrota cerraba también la agitada oficina política en la que se había convertido la celda de Lula en campaña.

– Falsa esperanza –
Todo pudo cambiar el 8 de julio, cuando un juez de guardia aprovechó la calma de un domingo para ordenar su liberación, arrancando un cruce de decisiones que solo se resolvieron con una última orden que le mantenía preso, tras horas de fuerte tensión.

Fue la vez que más cerca ha estado de salir.

«Llegamos a creer que sería liberado», recuerda Hoffmann.

Según Folha de Sao Paulo, Lula llegó a recoger sus cosas e ir hacia el ascensor. Desde entonces se ha tomado con más distancia las decepciones, como la discusión judicial que impidió que llegara a tiempo a despedirse de su hermano Vavá, fallecido de cáncer en enero.

El aniversario de su prisión traerá los focos de vuelta a Curitiba, con una serie de actos el domingo que pretenden relanzar la desgastada campaña «Lula libre».

Se espera que los pesos pesados del PT vuelvan a reunirse a las puertas de la cárcel, donde las decenas de fieles que siguen en la vigilia desde el día de su detención le cantan todas las mañanas a las nueve «Buenos días, presidente Lula» y se despiden a las 19H00 con un «Buenas noches» coral.

Solo ellos no se han movido de allí en todo el año.

Lula afirma que tiene «la conciencia tranquila tras un años en prisión «injustamente»

En el artículo el exmandatario también señaló al presidente Jair Bolsonaro como el principal beneficiado de la «persecución política» que han realizado los movimientos de derecha en su contra.

«Hace un año que estoy preso injustamente, acusado y condenado por un crimen que nunca existió. Cada día que pasé aquí hizo aumentar mi indignación, pero mantengo la fe en un juicio justo en que la verdad va a prevalecer. Puedo dormir con la conciencia tranquila de mi inocencia», señaló Lula en el artículo.

El exmandatario de 73 años, y quien gobernó Brasil por el Partido de los Trabajadores entre 2003 y 2010, fue puesto tras las rejas el 7 de abril del año pasado por el juez Sergio Moro, quien entonces lideraba los procesos de la operación Lava Jato y que ahora es el ministro de Justicia y Seguridad Pública del Gobierno de Bolsonaro.

Lula fue preso acusado de recibir de la constructora OAS, a manera de soborno, un apartamento a cambio de beneficios contractuales con la estatal petrolera Petrobras.

No obstante el exmandatario todo el tiempo ha insistido en su inocencia, algo que reiteró en su artículo, en el que también aseguró que la Corte Suprema le negó un hábeas corpus presionada por «los medios, del mercado y hasta de las Fuerzas Armadas, como confirmó recientemente Jair Bolsonaro, el mayor beneficiario de aquella persecución».

«Nada han encontrado para incriminarme: ni conversaciones de bandidos, ni maletas de dinero, ni cuentas en el exterior. A pesar de todo, fui condenado en un plazo récord, por Sergio Moro y por el TRF-4, por ‘actos indeterminados’ sin que encontraran ninguna conexión entre el apartamento que nunca fue mío y supuestos desvíos de Petrobras», precisó el exmandatario.

En su artículo de este domingo, el expresidente se mostró preocupado con la situación que actualmente vive Brasil y señaló que en el país «los derechos del pueblo y de la ciudadanía han sido revocados» y se entregó «la soberanía nacional» a los extranjeros.

En el artículo, Lula señaló que todo comenzó con el «golpe» que dieron a la expresidenta Dilma Roussseff (2011-2016) durante su segundo mandato, y que según elexmandatario fue un acto realizado en contra del modelo de desarrollo creado por el Partido de los Trabajadores (PT).

«El golpe del impeachment sin crimen de responsabilidad fue contra el modelo de desarrollo con inclusión social que el país venía construyendo desde 2003. En 12 años, creamos 20 millones de empleos, sacamos a 32 millones de personas de la miseria, multiplicamos el PIB por cinco. Abrimos la universidad para millones de excluidos. Vencimos el hambre», precisó Lula en el texto.

Con información de AFP y EFE