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Lula: el obrero pobre que puso a Brasil en el centro de la política mundial

Foto: AFP/Evaristo SA

SAO PAULO, 29 octubre 2011 (AFP) – El expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), de 66 años, diagnosticado el sábado con un cáncer, encarna la imagen del obrero humilde que cumplió con el improbable destino de llegar al sillón presidencial y colocar a su país en el centro del escenario diplomático mundial.

El obrero y carismático líder sindical de las fábricas del extrarradio de Sao Paulo que hacía temblar a los mercados acabó convertido en vedette del mundo financiero y de la escena internacional durante sus ocho años de gobierno, que culminó con un 80% de popularidad.

“La mayoría del pueblo me dio la oportunidad de probar que un tornero mecánico hará por este país lo que la élite política no consiguió”, proclamó Lula ante una eufórica multitud tras ganar su primera elección el 27 de octubre de 2002.

“Cuando el nordestino no muere antes de los cinco años, sobrevive mucho tiempo”, afirma el presidente, evocando su difícil historia y pobre infancia.

Lula nació en el árido y paupérrimo nordeste de Brasil hace 66 años, el 27 de octubre de 1945, en el seno de una familia de ocho hermanos abandonada por el padre. A los siete años llegó a Sao Paulo como millones de sus coterráneos atraídos por la prometedora capital industrial de Brasil.

Fue vendedor ambulante y lustrabotas, a los 15 años inició su formación de tornero mecánico, y al final de la década de 1970 se convirtió en el líder sindical que dirigió una histórica huelga que desafió a la dictadura (1964-85).

Su principal promesa fue luchar contra la pobreza en uno de los países más desiguales del mundo.

Tres veces fue candidato presidencial y perdió al frente de su Partido de los Trabajadores (PT), que fundó con sindicalistas, movimientos sociales e intelectuales de izquierda.

En su cuarta candidatura, las presidenciales de 2002, decidió aplicar el sentido práctico que luego caracterizó a su gobierno: se alió al empresario José Alencar como su vicepresidente, se comprometió con el rigor fiscal y la estabilidad económica, y llegó a la Presidencia con 53 millones de votos.

Su principal promesa fue luchar contra la pobreza en uno de los países más desiguales del mundo.

La combinación de bonanza económica y programas sociales que permitieron sacar a 29 millones de brasileños de la pobreza ayudaron al carismático Lula a alcanzar una popularidad récord que superó el 80% al pasar el 1 de enero el mando presidencial a su delfina Dilma Rousseff.

Defensor del mundo en desarrollo, el expresidente ha sido uno de los pilares de la creación de un nuevo estilo de gobernanza internacional que da mayor protagonismo a las grandes economías emergentes, jugando un importante papel en la formación del grupo BRICS, que asocia a Brasil con las economías de Rusia, India, China y Sudáfrica.

Lula coronó su mandato y su popularidad internacional consiguiendo para Brasil la sede de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro en 2016.

El presidente vivió también momentos difíciles: en 2003 llegaba al poder con una grave crisis financiera impulsada por la desconfianza de los mercados hacia su gobierno. Y en 2005 enfrentó un gravísimo escándalo de corrupción que casi le costó una moción de censura, cuando su partido fue acusado de pagar sobornos en el Congreso, a través de una millonaria contabilidad ilegal.

La cúpula de la agrupación cayó como resultado del escándalo.

Con todo, Lula dejó el gobierno como una poderosa figura política que consiguió que la mitad de los 190 millones de brasileños integren la clase media, según datos oficiales.