X

Internacionales

El arsenal de Gadafi da fe de su ejército decrépito y obsoleto (+fotos)

Foto: AFP PHOTO/PHILIPPE DESMAZES

HUN, 2 noviembre 2011 (AFP) – El inverosímil arsenal militar, sin duda el más importante de África, acumulado durante los 42 años de reinado de Muamar Gadafi explica el ejército incompetente y decrépito de Libia, con material fuera de uso, pero también los delirios de grandeza del coronel.

Gran peligro para la estabilidad de toda la región, “este gigantesco arsenal se constituyó en parte durante la ‘guerra africana de los 30 años’ que opuso a Libia, Chad y Sudán entre 1963 y 1993”, explica Karim Bitar, del Instituto Francés de Investigaciones Internacionales y Estratégicas (IFRIS).

Cuando llegó al poder en 1969, Gadafi “soñaba con imponerse como líder panafricano” e intensificó la carrera armamentística, según este experto, que subraya que “la desmesura y los delirios de grandeza” del Guía de la Revolución.

Los miles de millones de dólares ingresados gracias al petróleo, le permitieron adquirir armas de forma masiva: aviones supersónicos, miles de tanques, misiles balísticos, municiones en cantidades astronómicas… El material de las innumerables bases militares libias son de aquella época.

En el aeropuerto de Hun (sur), en el oasis de Djofra, aviones supersónicos, como cazas MiG-25 o bombardeos Tupolev Tu-22 concebidos por la URSS, se pudren junto a aparatos franceses Transall.

Foto: AFP PHOTO/PHILIPPE DESMAZES

Estos aviones ya no despegarán más: sus fuselajes se han vuelto frágiles, los reactores y las hélices están oxidados, las ventanas de las cabinas se han vuelto casi opacas por los ultravioletas.

“Ni siquiera la Otan los ha bombardeado, todo esto no valía nada desde hacía años”, dice un combatiente del nuevo régimen cuya misión es vigilar ese sitio.

Cerca de allí, una base de blindados rusos (cerca de medio millar) bombardeada por la Otan no muestra mejor aspecto: los antiguos tanques T55 y los vehículos de transporte de tropas BMP-1 están cubiertos de óxido y la mayoría parece que no se han movido de allí desde hace mucho tiempo.

Para Karim Bitar, “la derrota en unos meses de este ejército superequipado se explica por una conjunción” de factores.

Misma constatación en un almacén de blindados en Zliten, cerca de Trípoli: “Mi tanque se incendia cuando el motor se calienta demasiado“, asegura divertido el conductor de un T55.

Tras la euforia de los años 1970, faltó el dinero para mantener todo ese material en los años 1980, cuando la experiencia del socialismo gadafista (economía dirigida y estricto control de los precios) fracasó por el hundimiento del precio del petróleo, fuente esencial de los ingresos del país.

Las primeras sanciones internacionales en 1982, como consecuencia de la injerencia de Libia en los países vecinos, y un segundo embargo más severo, en particular, sobre las armas, instaurado en 1992 por la ONU para luchar contra el “Estado terrorista” libio (tras los atentados del DC-10 de UTA, Lockerbie, etc.) remataron esta debilitada economía.

Foto: AFP PHOTO/PHILIPPE DESMAZES

Pese al levantamiento de las sanciones, a finales de 2003, los nuevos equipamientos militares son escasos: algunos tanques T-90 rusos, misiles rusos y franceses.

En tierra, el ejército libio disponía de miles de toneladas de municiones, obsoletas, pero funcionales. Suficiente para contrarrestar el amateurismo de unos rebeldes infraequipados. Pero los bombardeos de la OTAN remediaron “este desequilibrio de fuerzas”, según el experto.

Bitar subraya también “la mediocridad de los mandos militares, la paranoia de Gadafi le llevó a deshacerse de sus oficiales más competentes y apoyarse en los más próximos o en mercenarios (…) sin estructura ni ideología”.

En Misrata (a 215 km al este de Trípoli), el exoficial Bashir Elnari denuncia “la corrupción y la incompetencia” del ejército. Trabajó largo tiempo en un centro de comunicaciones escondido en un refugio atómico convertido ahora en un gran cráter por las bombas de la Otan.

“Advertí al Estado Mayor, hace años, que el constructor había escatimado en hormigón. Ninguna reacción”, recuerda. “Había infiltraciones de agua cuando llovía. ¿Se lo imagina, lluvia en un refugio atómico?“.

Foto: AFP PHOTO/PHILIPPE DESMAZES