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AFP: El Frente Sandinista de Liberación Nacional, del sandinismo al «orteguismo»

Foto: REUTERS/Oswaldo Rivas / Archivo

MANAGUA, 3 noviembre 2011 (AFP) – Tres décadas después de derrocar en Nicaragua a la cruel dictadura somocista, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) busca un tercer gobierno el domingo en las urnas, hoy como una fuerza fracturada y controlada por el presidente Daniel Ortega.

Inspirado en la revolución cubana de Fidel Castro y el héroe nacionalista Augusto Sandino, el FSLN encabezó una insurrección que destronó a la dinastía Somoza, que durante 45 años saqueó y reprimió al país apoyada por Washington.

En medio de la algarabía popular e internacional, los «muchachos», como se les llamaba, entraron a Managua el 19 de julio de 1979 para instaurar un gobierno «revolucionario» apoyado por Cuba y la Unión Soviética, pero que enfrentó pronto un bloqueo económico y a la «contra» armada por Washington.

Los sandinistas reclutaron a miles de jóvenes para la guerra, confiscaron bienes, racionaron la comida y limitaron libertades. Tras una guerra con 50.000 muertes, Ortega perdió el poder en las urnas en 1990.

Bajo su liderazgo, en 17 años años en oposición el FSLN se transformó. Pactó alianzas con rivales o antiguos enemigos, como con el ex presidente liberal Arnoldo Alemán (1997-2002), para repartirse cuotas de poder en el parlamento, la justicia, el sistema electoral y otras instituciones.

«Todos apoyamos porque había una esperanza frente a la dictadura, pero ahora lo que hay son retazos de historia, (…) un mosaico mal armado para quienes conocen la historia, pero bien armado para quienes no tienen información anterior», dijo a la AFP el sociólogo Cirilo Otero, que se dice sandinista pero no «orteguista».

Desde 2007, con una imagen moderada e invocando a Dios constantemente, Ortega aplica una política de izquierda a su manera, pragmática, según analistas: un ajuste negociado con organismos financieros y, a diferencia de los años 80, tiene contentos a los empresarios y buena relación comercial con Estados Unidos.

«Este no es un gobierno de izquierda. Tiene un discurso alborotado, enredado confuso, pero esta cosa no es de izquierda. Está amarrada con el FMI, con el ajuste, la inequidad social, la involución personal, egoísmos y dádivas», añadió Otero.

Sin abandonar su retórica contra Washington y con la cooperación de su aliado, el presidente venezolano, Hugo Chávez -que aporta 500 millones de dólares anuales-, Ortega mantiene, en un país con 45% de sus habitantes en la pobreza, programas de ayuda social: entrega de vacas, de láminas de zinc o pasajes subsidiados de autobús.

«Le voy a dar el voto al comandante Ortega porque ha ayudado a los pobres. No ha traicionado a la revolución. Sigue una lógica con un sentido social, sin abolir el sistema capitalista. Está haciendo una transformación», dijo a AFP Adolfo Estrada, un taxista de 54 años que vivió en La Habana y Moscú.

Pero hoy muchos protagonistas de la revolución, como los escritores Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal, o los ex guerrilleros Dora María Téllez o Víctor Tirado, tomaron distancia. De nueve comandantes, sólo están con Ortega Bayardo Arce y Tomás Borge, único fundador vivo del FSLN y ex ministro del interior.

Lo acusan de «traicionar» la revolución, de autoritario y clientelista, de enriquecerse y de «secuestrar» las instituciones en alianza con Alemán.

«El orteguismo es una pandilla delincuencial, familiar. Eso no es sandinismo», dijo Téllez, segunda al mando en la toma del Palacio Nacional en 1978, después de Edén Pastora.

Ella y otros disidentes acusan a Ortega de mantener un régimen familiar con su esposa, la poetisa Rosario Murillo, que es su portavoz, su jefa de campaña y considerada el «poder detrás del trono».

Abandonando una posición tradicional de izquierda y, en respaldo a la Iglesia Católica, el FSLN impulsó la penalización del aborto terapéutico, que era permitido desde hacía más de 100 años en el país.

En otra actitud muy distinta a la de los 80, el FSLN se acercó al influyente cardenal Miguel Obando y Bravo, ex crítico de Ortega y quien ahora trabaja para su gobierno, entregando títulos de propiedad a familias pobres, en plena campaña electoral,

Ante las críticas, al defender «su proyecto», y en su nuevo tono religioso, Ortega dice: «El que tenga ojos para ver, que vea».