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Internacionales

Los colombianos no derraman ni una lágrima por la muerte de Alfonso Cano

Foto: RAUL ARBOLEDA / AFP

BOGOTA, nov 5 (Reuters) – Muchos colombianos estaban disfrutando de una noche tranquila en su casa cuando un aviso de noticia de última hora apareció en las pantallas de televisión: el ejército había matado al cabecilla de la guerrilla más antigua de América Latina.

“¡Cano está muerto!”, aplaudieron algunos que salieron de los bares y bailaron en las calles

“Yo estaba viendo mi novela favorita y de repente se fue y empezaron las noticias”, dijo Miriam Penagos, de 41 años, vendedora de jugos de naranja en Bogotá.

“Ojalá que signifique el fin de las FARC, si no, el futuro sería terrible para Colombia”, aseguró desde su puesto de frutas en el barrio Chapinero.

Alfonso Cano, máximo comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), murió el viernes en combates después de un bombardeo a un escondite en la montañosa y selvática región del departamento del Cauca.

El presidente Juan Manuel Santos calificó el hecho como un golpe histórico contra la guerrilla izquierdista -que se financia con el narcotráfico- después de casi cinco décadas de guerra e instó al resto del grupo a desmovilizarse y entregarse.

La noticia irrumpió durante una fría noche en Bogotá mientras muchos residentes estaban en su casa después del trabajo, o bien disfrutan de una cena y bebidas en los cada vez más frecuentados restaurantes y bares de la ciudad.

Celebraciones espontáneas estallaron en algunos lugares entre una población harta de una guerra civil que en algún momento había hecho que el nombre del país fuera sinónimo de violencia.

“¡Cano está muerto!”, aplaudieron algunos que salieron de los bares y bailaron en las calles. La policía trató de detenerlos bloqueando el tráfico.

La estudiante de enfermería de 20 años Carmen Patricia estaba con sus amigos cuando su teléfono vibró por un mensaje de texto.

“Obviamente este es un momento muy histórico”, dijo, aunque advirtió que la muerte de Cano no necesariamente llevará a escribir un rápido fin del conflicto que ha asolado al país andino.

“Pero falta más diálogo (con las FARC), el Gobierno siempre promete que va a parar la violencia, pero nunca ha pasado”, sostuvo al recordar que la desmovilización de los grupos de paramilitares de ultraderecha en la década de 2000 había fracasado.