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AFP: Humala en problemas ante la negativa a renunciar de su vicepresidente

Foto: REUTERS/Andina Agency

LIMA, 9 noviembre 2011 (AFP) – La decisión del segundo vicepresidente peruano, Omar Chehade, de no renunciar a su cargo mientras se le investiga por presunto tráfico de influencias y a cambio de pedir una licencia le genera una situación incómoda al gobierno de Ollanta Humala, estiman políticos y analistas.

La negativa de Chehade a renunciar a su cargo se considera aún más complicada por el hecho de que el domingo pasado el presidente Humala le pidió en una entrevista televisiva dar un paso al costado, lo que fue interpretado en varios sectores como un pedido de renuncia.

Pero el vicepresidente, en una carta a la opinión pública el martes, señaló que no renunciaría pues se considera inocente de los cargos que se le imputan, y dice que esperará hasta que terminen investigaciones paralelas de la Fiscalía y del Congreso.

Chehade se reunió a comienzos de octubre con altos oficiales de la policía en un restaurante de Lima, donde -según la acusación de un general allí presente- expresó interés en desalojar a trabajadores de una cooperativa azucarera de las tierras que ocupan desde hace tres años para entregarlas al poderoso grupo empresarial Wong.

El caso de esa cooperativa está en manos de la Justicia, que es la que debe decidir el destino de las tierras.

El congresista del partido de gobierno Javier Díez Canseco calificó como «equivocada» la decisión de Chehade. «No es lo que el jefe de Estado esperaba», agregó.

El parlamentario opositor Mauricio Mulder consideró que al no renunciar a su cargo Chehade «está creando una crisis política».

«Solamente cabe la renuncia, y aferrarse al cargo es hacerle un desaire al presidente Ollanta Humala, quien tendrá que pedirle la renuncia para no quedar desairado», dice Mulder.

Otro congresista opositor, Carlos Bruce, consideró que «Chehade se equivoca cuando dice que renunciar significaría reconocer que es culpable. No, renunciar sería asumir su responsabilidad política».

Bruce agregó que «Chehade tiene que reconocer que ha metido al gobierno en una crisis política de proporciones».

El parlamentario opositor Juan Carlos Eguren calificó de «lamentable y vergonzosa» la decisión del vicepresidente agregando que debería renunciar por «un tema de dignidad».

«Si tu partido, si tu gobierno, si tu presidente, si tu premier te piden que des un paso al costado, te emplaza el presidente de la República mediáticamente y no hacerlo, ya es un tema de hasta orgullo personal, de amor propio y eso es muy lamentable», observó.

Para la analista Giovanna Peñaflor, directora de la encuestadora Imacen, «la actitud de Chehade le va a hacer daño al gobierno».

«Va a haber un tema permanente de especulación de por qué no renuncia, la historia va a ser un problema pendiente aunque el presidente ya ha tomado posición. Creo que va a ser un elemento de desgaste para Humala», dijo a la AFP.

Eduardo Toche, analista del Centro de Promoción del Desarrollo, cree que es una situación molesta para el gobierno aunque no cree que sea dramática.

«Siempre es una situación molesta que el presidente sugiera una determinada actitud a su vicepresidente, y quede la sensación de que el vicepresidente no se allanó a ella», dijo Toche a la AFP.

Pero para Toche «los medios han puesto en boca del presidente cosas que no ha dicho. Este nunca le ha pedido que renuncie sino que adopte una posición mientras se investiga».

«Humala habló de paso al costado; esto puede interpretarse en el mejor de los casos como que el vicepresidente Chehade cumplió, pues con su licencia se puso al costado», agregó.

El escándalo en torno a Chehade, un abogado de 41 años, estalló a fines de octubre y ha tenido una amplísima cobertura en los medios locales.

En un intento de controlar los daños, Humala dijo el domingo pasado que «creemos que lo mejor sería que dé un paso al costado, pero eso tiene que nacer de él».

«Invoco a la opinión pública a respetar el principio de presunción de inocencia», señaló Chehade este martes en su comunicado, al insistir en que no cometió ningún delito.