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Mascotas

Intentarán volver a la vida la subespecie del “Solitario George” a partir de nuevos hallazgos genéticos

Foto: DPA

(Galápagos, 29 de noviembre – dpa).- El pasado 24 de junio, Ecuador perdía uno de los símbolos emblemáticos de sus Islas Galápagos. El gigante “Solitario George” amaneció ese domingo sin vida, y con él se extinguía su especie “Chelonoidis abingdonii”, otrora un quelonio que vivía en suficiente cantidad en su hábitat originario, la Isla Pinta.

Sin embargo, puede que el “Solitario George” renazca más allá de las postales, estampillas, llaveros, camisetas e incluso los billetes ecuatorianos que muestran su figura: Científicos del Parque Nacional Galápagos y de la Universidad de Yale sostienen ahora que el final de la especie aún no está escrito.

El centenario quelonio fue encontrado en 1972 en la Isla Pinta y era el último de una de las 10 subespecies -catalogadas según diferencias de sus caparazones- que habitan las islas Galápagos. De ellas, tres se extinguieron por la acción de cazadores y por la introducción de animales como chivos, cerdos y perros que depredaban sus huevos.

“George”, que era herbívoro, vivía su soledad conviviendo con piqueros, iguanas, albatros, cormoranes, pinzones y otras especies endémicas de las islas, pero con nadie de su especie

“George”, que era herbívoro, vivía su soledad conviviendo con piqueros, iguanas, albatros, cormoranes, pinzones y otras especies endémicas de las islas, pero con nadie de su especie. Tras crearle un hábitat muy similar al suyo, en la estación Charles Darwin en la Isla Santa Cruz, su vida solitaria se convirtió en un símbolo de la lucha por la supervivencia de las especies.

Años de investigación probaron de todo para lograr su reproducción. Se hicieron inseminaciones artificiales en hembras en busca de un híbrido y se le dotó constantemente de “harenes” de tortugas para que lograra apareamientos.

Lo consiguió con tortugas de la isla Isabela, y en 2008 se lograron 16 huevos que resultaron inviables. Un año después aparecieron otros cinco huevos fruto de sus apareamientos, los que tampoco culminaron el proceso embrionario.

Entre las iniciativas más sonadas figura la recompensa ofrecida a zoólogos de todo el mundo que pudieran encontrar a una hembra de su especie. La oferta de varios miles de dólares sigue en pie.

Entre tanto, George entró a formar parte del libro Guinness de los récords por ser el animal más solitario del mundo. De él no solo queda el recuerdo: Su cuerpo fue embalsamado y se guardan muestras de sus tejidos y gónadas en contenedores especiales bajo nitrógeno líquido.

Sin embargo, cuando el “Solitario George” murió aún no estaban disponibles los resultados de una investigación que comenzó el 2008. Para el estudio se utilizaron más de 1.600 muestras recogidas de tortugas que habitan alrededor del volcán Wolf, la elevación más alta del archipiélago, en la Isla Isabela.

Cinco meses después, científicos del Parque Nacional Galápagos y de la Universidad de Yale llegaron a sus primeras conclusiones. Los genes del solitario quelonio fueron localizados en un grupo de 17 tortugas: nueve hembras, tres machos y cinco jóvenes con genes de la especie de tortugas gigantes de la isla Pinta. Y, asombrosamente, los datos apuntan como posible la existencia de híbridos adicionales en el volcán Wolf. “Incluso individuos de Pinta, posiblemente puros” concluye la investigación.

Los genes del solitario quelonio fueron localizados en un grupo de 17 tortugas: nueve hembras, tres machos y cinco jóvenes con genes de la especie

Según dijo a dpa el Director del Parque Nacional Galápagos, Edwin Naula, la importancia del hallazgo también radica en el hecho de que el esfuerzo humano “da la oportunidad de recuperar una especie extinta”. De tener éxito, sería la primera vez que algo así sucede.

El estudio, que estimula al ámbito científico y da esperanzas a los conservacionistas, marca un futuro para la recuperación de la “Chelonoidis abingdonii” mediante un programa de reproducción y crianza en cautiverio. Aunque para ello habrá que esperar bastante. “Hasta tener individuos con genes puros, deberán pasar tres generaciones y eso significa de 100 a 150 años” agregó Naula, y señaló que el gobierno de Ecuador ha dispuesto todos los procedimientos y recursos para este desafío científico.

La investigación sustenta la hipótesis del traslado que hicieron en torno al año 1800 marineros de barcos balleneros, que recogieron ejemplares de la Isla Pinta y los llevaron hasta la Isla Isabela. Para el ente oficial Parque Nacional Galápagos este descubrimiento reviste gran importancia no sólo en términos de “restauración ecológica”, sino también para recuperar “el linaje” del “Solitario George” en la Isla Pinta.

Está ya estructurada una investigación para los próximos diez años, cuyo objetivo es restaurar las poblaciones de tortugas existentes en sus islas de origen, además de la reintegración de las poblaciones reproductoras de tortugas gigantes de las islas Pinta, Floreana y Santa Fe.

Hoy existen en todo el archipiélago de 15.000 a 20.000 tortugas de diez subespecies. Las gigantes Galápagos dieron el nombre a este archipiélago, que fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco en 1979. Ahora, parte de ese patrimonio que hace cinco meses se dio por extinto podría recuperarse. Y los nuevos George ya no se sentirán tan solitarios.